Angelo observó a Mía dormir, sus párpados estaban hinchados y ligeros suspiros salían de sus labios ligeramente entreabiertos. Le rompía el corazón saber el dolor que estaba atravesando por culpa del pasado, pero ya no era el pasado lo que odiaba. Si no a la persona que se atrevió a dañarla de esa manera. No dudaba de su amor, sabía que por muy difícil que fuera, ellos saldrían victoriosos de aquella dura prueba, pero no podía asegurar que el causante de todo esto siquiera pudiera conservar la vida. Abandonó la habitación, solo cuando estuvo completamente seguro que ella dormía y no se marcharía a ningún lado. Cerró la puerta con un suave y ligero clic. No era tonto y sabía de sobra que algo estaba sucediendo y que deliberadamente estuvo al margen. Cogió el móvil y envió un mensaje a Ch

