Reinaba el silencio entre nosotros desde hacía varios minutos, la botella de tequila iba de una boca a la otra y nuestras miradas del piso al horizonte donde se veían las luces de la ciudad, por lo visto él no pensaba hablar por iniciativa propia así que decidí que tomar las riendas yo recordando la llamada que había recibido durante el viaje: —Lo siento, pero ayer te escuché al teléfono y parecías preocupado ¿Vas a tener algún problema por venir a este viaje? — me mira sorprendido. —Con que no estabas dormida — me recrimina. —Lo siento de nuevo, pero no ¿Quieres hablar sobre eso? — le pregunto. —No es nada, solo que me están presionando para que elija una especialidad, pero no logro dar con algo que me apasione todavía — me explica — problemas no voy a tener, pero si fue una pérdida d

