CAPÍTULO 10: LA TERRAZA

1763 Palabras
No había abierto ni una de las botellas todavía cuando escucho pasos viniendo hacia mí, no sé por qué, pero sin voltearme supe instantáneamente de quien se trataba: Liam. Se había cambiado de ropa, cuando lo deje en el ascensor llevaba los vestigios de un traje azul, muy costoso, por cierto estaba desalineado. Su camisa blanca salida de su pantalón en la parte de adelante y el chaleco desabotonado, la corbata estaba en su cuello todavía, pero sin el correspondiente nudo, sino colgando y el saco haciendo juego lo llevaba colgado en uno de sus hombros En cambio, ahora tenía un aspecto más de entre casa, de la vestimenta anterior lo único que había quedado era su camisa la cual tenía sus mangas enrolladas hasta los codos dejando ver un tatuaje de líneas que rodeaban su brazo derecho, en los pies llevaba chancletas de piscina, había cambiado el pantalón de vestir por unas bermudas hasta las rodillas. —¿Te encuentras bien? — pregunta mirándome con cara de preocupación. Vaya mi aspecto debía de ser bastante malo para que Liam, quien hacía cuatro años me ignoraba por completo estuviera frente a mi preguntado eso cuando a él acababan de plantarlo. No pude reprimir una risa por la situación. —Disculpa ¿Qué es lo que te causa gracia? — pegunta con esa frialdad que lo caracteriza, ya nuevamente con su cara de siempre hacia mi persona. —Que de verdad debo de tener un aspecto horrible para que estés haciéndome esa pregunta — respondo sin parar de reírme, creo que el alcohol si estaba haciendo efecto. —Pues no, no es tu aspecto lo que llamo mi atención, estás perfecta, sino esas dos botellas, ya que te vi beber más de los que usualmente bebes y ahora estás acá aparentemente para suicidarte de un coma etílico — no podía creer lo que estaba escuchando en ese momento ¿Él había dicho que yo estaba perfecta? ¿Perfecta? ¿Qué mierda significaba eso? ¿Qué me vio beber más de lo habitual? ¿En qué momento Liam Heastings observaba lo que yo bebía? Me iba a dar algo con tantas preguntas en mi cabeza, creo que mi alcoholímetro volvió a cero después de esto, es como si mis niveles de alcohol en sangre se hubieran evaporado de repente y estaba fresca como una lechuga con mis cinco sentidos completamente receptivos a todo lo que pasaba. —¿Puedo sentarme? — lo único que logre fue hacer un gesto afirmativo con mi cabeza. Tomo posición a mi lado, pero no tan cerca como me hubiera gustado. Por varios minutos ninguno de los dos emitió palabra, solo nos limitamos a mirar las vistas de la ciudad que se podían apreciar desde nuestra posición, para mi sorpresa no me sentía incómoda, sino más bien tranquila. Supongo que el saber que él estaba pasando por la misma situación de mierda que yo hacía que su presencia no fuera incómoda como siempre lo era, o tal vez algo había cambiado en mi forma de percibirlo. Como al parecer él no tenía intenciones de nada más que estar sentado ahí, agarre una de las botellas que había traído, la destape, le di un gran trago y se la pase. —¿Te apetece? Definitivamente, es tequila, me falto traer limón y sal — le dije con mi cara toda contraída debido a que el líquido estaba pasado por mi sistema quemando todo a su paso. Él solo se limitó a mirarme por unos segundos. —Ya ¿Qué más da? — dijo poniendo los ojos en blanco y agarrando la botella, también le dio un gran sorbo. —Creo que nos lo merecemos — dije y lo mire directamente a los ojos dándole a entender que sabía cómo se sentía en ese momento, quería preguntarle por lo sucedido, pero era demasiado pronto. —Sí, es verdad, pero no sé si ellos valen la pena como para que nos envenenemos de esta manera — me miraba fijo a los ojos también. —Creo que en este momento estoy hablando con el Doctor Heastings, no con Liam — dije haciendo alusión a la manía que siempre tenía de cuidar los hábitos saludables de todos debido a su profesión. —Es difícil olvidarme de todo lo que he estudiado, por más miserable que me sienta en este momento y quiera beber hasta quedar inconsciente — retrucó mientras ponía la botella de tequila delante de su cara y la giraba mirándola con ganas de beberla completa. —A la mierda la medicina, a la mierda el idiota de mi ex y perdón por lo que voy a decir ahora, a la mierda Érica, esta noche pienso beber hasta quedar completamente inconsciente y olvidar que el idiota que mi hizo perder años de mi vida a su lado me cambio por dinero, porque sabes, si hubiera sido por amor, eso duele, pero sería algo noble, cosas que pasan, pero él me cambio por una inversión a plazo fijo multimillonaria. Le solté todo eso mientras le quitaba la botella de la mano y daba otro gran, gran trago. —Veo que Serena te lo dijo — mira hacia el horizonte y sonríe. —Y veo que a ti también — le reprocho mirándolo fijo — ¿Cuánto hace que lo sabe? — Pregunto. —No te enojes con ella, supo todo eso hace unos días y no es que me lo vino a contar solo por chismosa, en realidad estaba indecisa en si debía decírtelo o no y me pidió mi opinión — la defiende. —Pues no debió de consultártelo justamente a ti — dije mirando al frente. —¿Y por qué no justamente a mí? — pregunto con la vista fija en mi cara. —Pues ¿No es obvio? — gire mi cabeza y quedamos frente a frente mirándonos, era la primera vez que lo tenía tan cerca y en ese preciso momento recordé como me había sentido la primera vez que lo vi. —Pues no — me respondió sosteniendo la mirada en mí. —Tú me odias, no creo que tu consejo haya sido el mejor tratándose de mi persona — al instante me di cuenta de lo que había dicho, no podía creer que esas palabras habían salido de mi boca, automáticamente perdí la guerra de miradas que estábamos librando y fije la vista nuevamente en las luces de la ciudad que se veían a lo lejos. —¿De dónde sacaste la idea de que te odio? — pregunta divertido y sonriendo, era la primera sonrisa que me dedicaba en todos estos años, cosa que hizo que todo mi cuerpo se estremezca, cuando sonreía era incluso más bello. —No lo sé — dije con sarcasmo — supongo que de tu reacia forma de ser conmigo — sentencie mirando hacia abajo, entre mis piernas conde tenía la botella de tequila. —Por si no te has dado cuanta soy así con todo el mundo, salvo con Serena, porque ya sabes ella es… simplemente Serena, apenas la conocí, se ganó mi cariño y amistad. Realmente aprecia a mi prima puedo notar el cariño cuando habla de ella. —No te voy a mentir al principio si me caíste mal — prosigue — pensé que eras otra niña de papá con una tarjeta de crédito como extensión de su mano, de esas arrogantes que consideran que pueden obtener todo lo que se les ocurra con dinero, tampoco ayudo tu fría manera de ser, pero después me di cuenta de que eras diferente. Esto último lo dijo mirándome nuevamente a los ojos, pero esta vez era una mirada más intensa, cargada de algo que no lograba darme cuenta de que era, sentí como el calor se trasladaba a cada centímetro de mi cara y sabía que me estaba poniendo roja como un tomate, así que volví a mirar hacia otro lado y él prosiguió explicando. —Eres educada, no eres vanidosa, te esforzabas por ser buena alumna y aún lo sigues haciendo, sé que trabajas para mi padre — mierda, ¿cómo iba a explicar que siendo millonaria necesitara un trabajo? No podía dejar de mirarlo, estaba hechizada por su voz. —¿Sabías que las chicas de nuestro colegio nunca repetían vestimenta? En cambio, a ti no te preocupaban las apariencias y eso me gustó — joder, sí que me había estado observando y detalladamente Lo que decía de la ropa era todo gracias a tía Sandy ella se había encargado de que en su casa hubiera un pequeño placar para mi vestimenta de la alta sociedad, que en realidad se resumía a las cenas y reuniones con el grupo. —En fin por si no te queda claro y necesitas que te lo diga: yo no te odio Jennifer Hale — finalizo clavando sus ojos en mí. —Es la primera vez que te escucho decir más de tres frases seguidas — le reprocho y él sonríe de lado. —No se me dan muy bien que digamos las charlas. —¿Y cómo vas a hacer para hablar con tus pacientes? — le pregunto divertida. —Eso es diferente, me sale natural — aclaró. —Por cierto ¿Por qué estás trabajando en una de las empresas de mi padre? — arremetió. —Una especie de castigo — mentí Podría haber dicho que era una pasante, pero todavía no estaba en esas instancias de mi carrera —Hice algo que no debía y mis padres me castigaron quitándome mi mensualidad y decidieron que era hora de que aprendiera a ganármela - más mentiras, él me miraba fijo esperando que me explayara. Estaba segura de que mi tío me había conseguido ese trabajo porque tenía sospechas de que mis padres estaban a punto de empezar a lucrar conmigo, venderme de alguna manera, no estaba segura si prostitución en general o solo a algún anciano con mucho dinero, creo que tío Evan sabía muy bien donde iba a parar la mayor parte de mi salario —No soy la chica buena que crees Liam Heastings — sentencie tratando de que toda la maldita mentira que había soltado tuviera fuerza. —Así que al fin y al cabo eres una chica mala después de todo — me miro divertido y siguió bebiendo. —¿No que era malo meter este veneno en nuestro sistema? — y le quito la botella para beber yo. —Como dijiste antes ¿Creo que nos lo merecemos no? — dice poniendo su cara triste nuevamente.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR