UNA LUCHA POR EL PODER

1345 Palabras
Al día siguiente salí de casa sin despedirme de nadie y rogando a Dios que nadie se cruzara en mi camino, me subo al auto. Analizo con cabeza fría. Estoy en casa de mis padres por la salud de él, pero a veces me quiero ir a mi propia casa. Llevo pensamientos aleatorios en mi cabeza, sin saber qué hacer. Aparco mi auto y subo hasta mi oficina. Mis subordinados me saludan al pasar, y yo solo asiento con la cabeza, sin detenerme. Mi mente está ocupada con los eventos recientes y la noticia de mi compromiso forzado. —Toña, no quiero que me pases a nadie hasta que te lo ordene, y consígueme un café fuerte —le digo a mi secretaria en cuanto llegó. —Lo lamento, señor, su prometida ya está en su oficina —responde Toña, con una expresión de disculpa. —¿Por qué la hiciste pasar? —inquirí, tratando de mantener la serenidad. —Ella entró sin decirme —responde Toña, encogiéndose de hombros. Suspiro, sintiéndome derrotado. —Está bien, consígueme el café —digo, resignado. Entro en mi oficina y veo a Laurent, mi prometida, sentada en mi silla, revisando algunos documentos. Su presencia me incomoda, pero trato de mantener una fachada de cortesía. —Buenos días, Laurent —digo, tratando de sonar neutral. —Buenos días, Diego. Pensé que podríamos discutir algunos detalles sobre nuestra boda y cómo podemos aprovechar esta unión para fortalecer los negocios de nuestras familias —responde ella, con una sonrisa que no llega a sus ojos. —Claro, hablemos —replicó, tomando asiento frente a ella. Mientras Toña me trae el café, me preparo mentalmente para la conversación que se avecina, sabiendo que cada palabra y decisión tendrá un impacto en mi futuro y en el de aquellos que dependen de mí. Laurent comienza a hablar sobre los planes para la boda, detallando cómo cada aspecto de la ceremonia y la recepción puede ser utilizado para fortalecer las relaciones comerciales y mejorar la imagen pública de nuestras familias. Mientras ella habla, mi mente divaga, pensando en Mariana. Me asusta al darme cuenta de que mi mente está llena sobre ella. —Diego, ¿estás escuchando? —pregunta Laurent, interrumpiendo mis pensamientos. —Sí, claro. Perdona, estaba pensando en algunos detalles, cosas de trabajo —mentí, tratando de volver al presente. —Entiendo que esto puede ser abrumador, pero es importante que estemos en la misma página —dice ella, con un tono que intenta ser comprensivo. Es una mujer calculadora y elegante, cada palabra que sale de su boca está bien pensada. —Lo sé. Solo necesito un poco de tiempo para procesar todo esto —respondo, tomando un sorbo de mi café. —Por supuesto. Podemos tomarnos el tiempo que necesites, pero recuerda que hay mucho en juego. Te dejaré que elijas la fecha de la boda —dice Laurent, suavizando su tono. —Lo pensaré. La conversación continúa, y aunque trato de mantenerme enfocado, no puedo evitar sentirme atrapado. Laurent parece estar más interesada en los beneficios comerciales que en la relación personal, y eso solo aumenta mi incomodidad. Finalmente, después de lo que parece una eternidad, Laurent se levanta para irse. —Gracias por tu tiempo, Diego. Hablaremos en la siguiente cita —dice, dándome una sonrisa antes de salir de la oficina. Me quedo solo, sintiendo el peso de la situación sobre mis hombros. La presión de mi familia, el compromiso forzado, pero sé que no puedo rendirme. Debo encontrar una manera de salir de todo esto. Decido que es hora de tomar medidas para asegurar el futuro de Mariana y sus hermanos. Llamé al abogado y le pido que empiece a arreglar los documentos necesarios para los chicos. —¿Para qué serían los documentos? —me pregunta el abogado, buscando entender mejor para hacer su trabajo más efectivo. —Es para viajar a los Estados Unidos —respondí, con determinación en mi voz. —No hay problema, señor Diego. Tienes la carta poder, así que podemos proceder sin inconvenientes —me asegura el abogado. —Perfecto. Quiero que todo esté listo lo antes posible. No quiero que haya ningún contratiempo —le digo, sintiendo una mezcla de urgencia y alivio. —Entendido. Me pondré a trabajar en ello de inmediato y te mantendré informado sobre el progreso —responde el abogado, con profesionalismo. Cuelgo el teléfono y me siento un poco más tranquilo, sabiendo que estoy tomando pasos concretos para traer a Mariana y sus hermanos. La idea de que puedan tener una vida mejor en los Estados Unidos me llena de esperanza. Además, tengo algo en mente. Me dediqué a poner todo al día en cuanto a mis negocios. Mientras reviso los documentos de mis empresas, me doy cuenta de que hay muchas cosas que debo organizar antes de poder irme. Llamo a mi asistente, Clara, es una joven pasante, y le pido que venga a mi oficina. —Clara, necesito que me ayudes a poner todo en orden. Vamos a estar muy ocupados en las próximas semanas —le digo, mientras ella toma asiento frente a mi escritorio. —Por supuesto, señor Diego. ¿Por dónde empezamos? —pregunta Clara, con su habitual eficiencia. —Primero, necesitamos revisar los contratos pendientes y asegurarnos de que todo esté firmado y archivado correctamente. Luego, quiero que prepares un informe detallado de nuestras finanzas actuales —le explico, mientras ella toma notas rápidamente. Pasamos las siguientes horas trabajando juntos, revisando cada detalle y asegurándonos de que no haya cabos sueltos. A medida que avanzamos, siento una creciente sensación de control y confianza. Sé que estoy haciendo lo correcto para Mariana y sus hermanos, y eso me da fuerzas para seguir adelante. Finalmente, después de un largo día de trabajo, Clara y yo terminamos de organizar todo. Me recuesto en mi silla y suspiro profundamente, sintiendo una mezcla de cansancio y satisfacción. —Gracias, Clara. No podría haber avanzado sin ti —le digo, con agradecimiento en mi voz. —Es un placer, señor Diego. Estoy aquí para ayudar en lo que necesite —responde ella, con una sonrisa. Mientras Clara se despide y abandona la oficina, me quedo mirando por la ventana y pensando en el futuro que estoy construyendo, donde Mariana y sus hermanos son piezas importantes. Termine a medianoche para poder desaparecer un par de días. Mi familia se mueve más rápido de lo que pensaba, están viendo la manera de dejarme sin nada. Terminé a medianoche, agotado pero decidido. Necesitaba desaparecer un par de días para pensar con claridad. Mi familia se movía más rápido de lo que pensaba, y cada paso que daban parecía estar diseñado para dejarme sin nada. Mi hermano, un hombre tres veces más ambicioso que yo, siempre había sido el favorito de mi madre. Ella apoyaba todas sus decisiones, sin importar cuán cuestionables fueran. Me senté en la oscuridad de mi habitación, contemplando mis opciones. La única solución que veía era protegerme y asegurar mi herencia antes de que fuera demasiado tarde. De repente, escuché un ruido en la puerta. Mi hermano entró sin llamar, con una sonrisa que no auguraba nada bueno. —¿Qué haces, hermano? —preguntó con un tono que mezclaba curiosidad y burla. Lo miré fijamente, tratando de mantener la calma. —Solo pensando en cómo proteger lo que es mío —respondí, sin apartar la mirada. Él se rio, una risa fría y calculadora. —Sabes que no puedes ganar, ¿verdad? Madre, siempre estará de mi lado. Es mejor que te rindas ahora y aceptes tu destino. Nuestro padre muy pronto partirá de este mundo y es un hecho que seré yo el que quedé con todo. Tú serás un trabajador más en la empresa. Me levanté lentamente, sintiendo una determinación renovada. —Nunca subestimes a alguien que no tiene nada que perder —dije con firmeza. Mi hermano dejó de reír y su expresión se endureció. Sabía que la batalla apenas comenzaba, y estaba dispuesto a luchar con todas mis fuerzas.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR