CAPITULO 9

1329 Palabras
"Me levanté de la cama, limpié mis lágrimas y me miré en el espejo. Vi a una joven fuerte y valiente, alguien que había superado mucho y que tenía un futuro brillante por delante. Decidí que, a partir de ese momento, me enfocaría en mis sueños y en el bienestar de mis hermanos. No dejaría que nada ni nadie me hiciera sentir menos de lo que realmente soy". Medita Mariana. *DIEGO* Después de dejar la isla y volver a mi realidad, las cosas cambiaron drásticamente. Pasé de no tener a nadie a quien proteger, a tener una linda joven y sus dos hermanos que dependían de mí. Aunque mi realidad no es tan diferente a la de esa joven. Mi lucha constante por el poder me lleva en un, sube y baja. Mi hermano mayor está empeñado en quedarse con todo. Nuestro padre, un hombre que alguna vez fue fuerte y dominante, ahora está postrado en una cama, su salud deteriorándose día a día. Nos ha puesto a prueba, obligándonos a tomar decisiones difíciles sobre el futuro de nuestra familia y nuestros negocios. Mi madre, siempre favoreciendo a mi hermano mayor, no hace más que complicar las cosas. Su favoritismo es evidente, y no importa cuánto me esfuerce, siempre parece que estoy en desventaja. En Puerto Rico, pude hacer muy buenos negocios que me ayudaron a ir un paso adelante que mi hermano. Conocí a personas influyentes y establecí alianzas estratégicas que fortalecieron mi posición. Sin embargo, mi hermano y mi madre siempre encuentran la manera de ponerme una piedra en el camino para que tropiece. Cada vez que yo logro avanzar, ellos están ahí para intentar derribarme. La joven y sus dos hermanos, que ahora dependen de mí, se han convertido en mi motivación. Su inocencia y vulnerabilidad me recuerdan por qué lucho. Quiero asegurarme de que tengan un futuro mejor, lejos de las intrigas y traiciones que han marcado mi vida. Pero la lucha por el poder es implacable, y cada día es una batalla para mantenerme a flote. A pesar de todo, no me rindo. La adversidad solo ha fortalecido mi determinación. Mi padre puede estar postrado, pero su legado vive en mí, y estoy decidido a demostrar que soy digno de llevar su nombre. El abogado me ha enviado fotos recientes de ellos, y no puedo evitar sentir una mezcla de orgullo y nostalgia al ver cuánto han crecido. Mariana, que alguna vez fue una chica muy delgada y vulnerable, ahora es toda una mujer. Su transformación es impresionante, y me llena de satisfacción saber que está bien enfocada en sus estudios. El abogado también me ha informado de que no la ve con jóvenes varones, lo cual me mantiene tranquilo y me da una sensación de alivio. Mariana ha demostrado ser una joven responsable y dedicada, lo cual me hace sentir que todos los esfuerzos y sacrificios han valido la pena. Sus hermanos también han crecido mucho, y aunque no tengo tantos detalles sobre ellos, sé que están en buenas manos y que están siguiendo el ejemplo de su hermana mayor. Recibir estas noticias y ver las fotos me da fuerzas para seguir adelante, a pesar de las dificultades que enfrento con mi familia. Mi hermano mayor y mi madre continúan poniendo obstáculos en mi camino, pero saber que Mariana y sus hermanos están bien me motiva a no rendirme. Ellos son mi razón para luchar y mi esperanza para un futuro mejor. Estamos cenando en casa, y tratamos de hablar en voz baja por respeto a la salud de nuestro padre, que está sentado ayudado por cojines, pero él desea seguir conviviendo con su familia. La tensión en el aire es palpable, y cada palabra parece tener un peso adicional. —Diego, ya publiqué tu compromiso —me dice de repente mi madre, rompiendo el silencio con una declaración que me deja atónito. —¿Qué? ¿Con órdenes de quién? —respondí, tratando de mantener la calma. —No necesito tu aprobación cuando es para beneficio de la empresa —replica ella con frialdad—. Sabes muy bien que Laurent es la hija de un magnate y eso ayudará mucho en los negocios de tu hermano. —Y si lo beneficia a él, ¿por qué mejor no se casa con él? —indagué, sintiendo la ira burbujear dentro de mí. —Tu hermano está casado, no seas estúpido —me responde con desdén. —A lo mejor, yo también estoy casado. ¿No se han imaginado eso? —digo, tratando de mantener la compostura. —Tú eres un playboy. Por eso di el primer paso. Tu padre está de acuerdo —miré a mi padre, quien asiente con la cabeza. No quiero empeorar su salud, así que decido dejar las cosas como están. —Ya no tengo apetito —digo, levantándome de la mesa. —No seas mal educado, regresa a la mesa —me grita mi madre cuando me ve alejarme. La ignoro y escucho su berrinche mientras me alejo, sintiendo una mezcla de frustración y tristeza. Mientras estoy en mi dormitorio, cierro con llave. No quiero que nadie me hable en este momento. Necesito un momento de paz para procesar todo lo que ha sucedido. De repente, mi celular vibra con un mensaje. Al abrirlo, veo que no es del abogado, sino de Mariana. Ella ha enviado fotos de la ropa que compró con el dinero que le envié. Al parecer, decidió hacerse una fiesta. Me quedo viéndola, modelándome cada prenda que es como un guante en su torneado cuerpo. Una sonrisa se dibuja en mi rostro al ver su alegría y entusiasmo. Decido llamarla. —Señor Diego, ¿es usted? —contesta a los dos toques. —Hola, Mariana —respondí, tratando de sonar relajado. —Espero no haberlo despertado, pero quería que mirara lo que me compré —dice con una mezcla de timidez y emoción. —Todo está muy bonito. Te ves increíble —le digo, sinceramente impresionado por su buen gusto. —Gracias, señor Diego. Quería agradecerle por todo lo que ha hecho por nosotros. Sin usted, no sé qué haríamos —su voz suena genuinamente agradecida, y eso me conmueve. —No tienes que agradecerme, Mariana. Solo quiero que tú y tus hermanos estén bien —respondí, sintiendo una calidez en mi corazón. —Lo estamos, gracias a usted. Espero que algún día pueda devolverle todo lo que ha hecho por nosotros —dice con determinación. —No te preocupes por eso ahora. Solo concéntrate en tus estudios y en ser feliz —le aconsejé. —Lo haré, señor Diego. Gracias de nuevo. Buenas noches. Ah, y felicidades por su compromiso —dice antes de que colgara. Me quedo mirando el teléfono, sintiendo una mezcla de molestia y frustración. Las palabras de Mariana, aunque bien intencionadas, me causan incomodidad. No puedo evitar pensar en la situación complicada en la que me encuentro. Quiero volver a llamarla, pero ¿qué le voy a decir? La noticia de mi compromiso ya se ha anunciado, y al parecer, la revista que lo publicó tiene alcance internacional. Me siento atrapado entre mis responsabilidades y mis deseos. Mariana y sus hermanos dependen de mí, y no quiero que se vean afectados por las decisiones que se toman en mi familia. Pero, al mismo tiempo, no puedo ignorar la realidad de mi situación. Mi madre y mi hermano mayor siempre encuentran la manera de complicar las cosas, y ahora, con este compromiso forzado, siento que estoy perdiendo el control de mi propia vida. Decido no llamar a Mariana de inmediato. Necesito tiempo para pensar y planear mis próximos pasos. No quiero preocuparla con mis problemas, especialmente cuando ella está tan feliz y agradecida. Sin embargo, tengo la certeza de que en la actualidad tendré que enfrentar esta circunstancia y hallar una solución para equilibrar mis responsabilidades familiares con mi deseo de salvaguardar y proteger a Mariana y sus hermanos.
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