En el dormitorio de Diego, su asistente le informó sobre los pendientes que quedaban antes de regresar a su país. Diego se puso su pijama en silencio, meditando sobre cuál sería su siguiente paso.
—Compra este apartamento y ponlo a nombre de la chica. Contrata a una señora confiable para que cuide de ellos y abre una cuenta bancaria que será administrada por el abogado hasta que la joven cumpla la mayoría de edad —dijo Diego con determinación.
—Señor, ¿por qué toma tantas molestias con ellos? —preguntó el asistente, sorprendido.
—Se lo prometí a mi salvadora. Si no hubiera sido por ella, yo posiblemente estaría muerto —respondió Diego, con una mirada de gratitud y tristeza.
—Entiendo, se hará como ha dicho —asintió el asistente, comprendiendo la profundidad del compromiso de Diego.
Diego se recostó en su cama, sintiendo una mezcla de cansancio y satisfacción. Pensaba que había tomado la decisión correcta y estaba dispuesto a hacer todo lo posible para lograr un futuro mejor para Mariana y los niños. Mientras cerraba los ojos, una sensación de paz lo envolvió, sabiendo que había cumplido con su promesa y que, por fin, había encontrado un propósito en su vida.
Los días pasaban y la vida de los niños y de Mariana mejoraba notablemente. Los pequeños estaban bien vestidos, con ropa limpia y nueva, y sus rostros comenzaban a mostrar sonrisas más a menudo. Ella también lucía diferente; sus heridas iban sanando gracias al médico que Diego había contratado, y su semblante reflejaba una nueva esperanza.
Mariana mantenía el apartamento impecable, con la ayuda de la señora de la limpieza, que llegaba dos veces a la semana. Cada rincón del lugar brillaba con orden y cuidado. Cuando Diego llegaba a casa después de un largo día, siempre encontraba la comida servida. Mariana había demostrado ser una excelente cocinera, y sus platos eran deliciosos y reconfortantes.
Diego se sentía cada vez más satisfecho con su decisión. Ver a los niños y a la joven prosperar le daba una profunda sensación de paz y logro.
Una noche, mientras cenaban juntos, Diego miró a Mariana y a los niños y sintió una calidez en su corazón. Habían formado una especie de familia, unida por las circunstancias y el deseo de un futuro mejor.
—Gracias por todo lo que haces. Eres increíble —dijo Diego, sonriendo.
Ella sonrió tímidamente, pero sus ojos brillaban con gratitud.
—Gracias a usted, señor Diego. Nos ha dado una nueva oportunidad de vida —respondió ella.
Después de cenar, Diego los reunió en la sala del apartamento para darles una noticia importante. Los niños y Mariana se acomodaron, prestando atención a cada palabra que él decía.
—Bueno, ahora ya están tranquilos. Aquí nadie los va a intimidar y mucho menos lastimar —dijo Diego, viendo cómo sonreían agradecidos—. Lamentablemente, tengo que regresar a mi país. Rápidamente, las sonrisas se desvanecieron de sus rostros. —Tranquilos, ustedes seguirán aquí. Este apartamento les pertenece. Además, he contratado a una señora para que cuide de ustedes —añadió Diego, tratando de calmarlos.
—Eso no es necesario, yo puedo hacer eso —expresó Mariana con determinación.
—Mariana ya está por comenzar el nuevo año y los he matriculado para que estudien. No debes cargar con tantas responsabilidades sola. Ellos van a estudiar y tú también. Quiero que se hagan fuertes y tengan herramientas para salir adelante —dijo Diego con firmeza.
—¿En serio va a hacer eso por nosotros? —preguntó ella con una chispa de emoción, con los ojos llenos de esperanza. Terminar sus estudios siempre había sido su sueño.
—Desde luego. Tus hermanos y tú deben estudiar. Espero recibir buenas notas —respondió Diego con una sonrisa.
—Yo me esforzaré y le regalaré buenas notas —dijo Carlos, quien tenía ocho años y solo había estado un año en la escuela.
Diego sonrió, sintiendo una profunda satisfacción. Sabía que estaba dejando a la joven y a los niños en buenas manos y que les había dado una oportunidad para un futuro mejor. Mientras se despedía, les recordó que siempre estaría disponible para ellos, sin importar la distancia.
—Recuerden, siempre pueden contar conmigo. Estaré pendiente de ustedes, los llamaré constantemente —dijo Diego, abrazándolos con cariño.
A la mañana siguiente, Mariana se levantó temprano para despedir a Diego. Las lágrimas corrían por sus mejillas mientras lo abrazaba con fuerza. Diego, con una sonrisa cálida, le dijo:
—Siempre estaré pendiente de ustedes. No se dejen intimidar por nadie.
Mariana asintió, incapaz de hablar por el nudo en su garganta. El abogado llegó poco después, acompañado de la mujer que Diego había contratado para vivir con los pequeños y cuidarlos. Desde el primer momento, esa mujer le cayó bien a Mariana, sintiendo una conexión inmediata.
Diego le guiñó un ojo a Mariana antes de subirse al auto, agitando la mano en señal de despedida. Mariana y los niños lo vieron partir, sintiendo una mezcla de tristeza y gratitud. Sabían que, aunque Diego se iba, les había dejado un futuro lleno de esperanza y oportunidades.
Con el tiempo, Mariana y los niños se adaptaron a su nueva vida. La mujer que Diego había contratado se convirtió en una figura maternal para ellos, brindándoles el cuidado y el amor que tanto necesitaban. Mariana se dedicó a sus estudios con entusiasmo, decidida a aprovechar al máximo la oportunidad que Diego les había dado.
Los niños también prosperaron en la escuela, mostrando un progreso notable. Cada día, Mariana les recordaba las palabras de Diego y les inculcaba la importancia de la educación y la perseverancia.
Aunque Diego estaba lejos, su presencia se sentía en cada rincón del apartamento. Mariana y los niños sabían que siempre podían contar con él, y eso les daba la fuerza para seguir adelante y construir un futuro brillante.
*MARIANA*
He dejado el pasado enterrado, aunque las secuelas aún estén en mi mente y mi cuerpo. Ahora soy feliz, viendo a mis hermanos ser niños. Mi pequeña Isabella juega con muñecas de todo tipo, y mi hermano Carlos, muy maduro para su edad, está por cumplir once años. Isabella tiene siete años y yo estoy a punto de cumplir dieciocho. No hemos vuelto a ver a Diego en persona, pero hablamos estos días, aunque sea por unos pocos minutos.
Lo veo siempre en internet, siendo un hombre influyente en los negocios. Aunque me da un poco de molestia verlo acompañado por una mujer en cada uno de esos eventos que pasan por las noticias o la farándula, sé que él siempre está pendiente de nosotros.
Cada día, me esfuerzo por mantener el apartamento impecable y asegurarme de que mis hermanos tengan todo lo que necesitan. La señora que Diego contrató para ayudarnos se ha convertido en una figura maternal para nosotros, y su presencia ha sido un gran apoyo.
A veces, cuando estoy sola, pienso en todo lo que hemos pasado y en cómo nuestras vidas han cambiado gracias a Diego. Aunque no puedo evitar sentir un poco de celos al verlo con otras mujeres, sé que él siempre ha tenido buenas intenciones y que nos ha dado una oportunidad que nunca imaginé posible.