—Solo te digo que no confíes. No del todo, ¿eh? —me advirtió—. Eres mi hermanita, y si te confieso que tengo ganas de romperle la cara a ese tal Blackwood solo por el hecho de mirarte así... es porque tengo miedo. Miedo de que él sea el siguiente en hacerte daño, después de lo de papá y mamá. La mención directa de Alejo como una amenaza me hizo sentir una sorpresa incómoda. Nunca pensé que Ryan sería tan perspicaz. Su instinto protector estaba a flor de piel, y sabía que cualquier drama amoroso con Alejo sería una catástrofe familiar. —Ryan, él me ayudó. Y yaaaaaa. Le agradezco por ser un buen jefe, listo, confórmate con eso, yaaa, no te desgastes en pensamientos tontos —lo frené enseguida. —Lo sé. Me lo imagino —dijo, suspirando de nuevo—. Pero el problema no es que te ayude a cojear.

