Habían pasado varios días desde la última vez que vi a Alfredo. Evitaba encontrarme con él porque sabía que tenía que decirle algo difícil: que me casaría con John. No sabía cómo empezar esa conversación sin herirlo, pero hoy no podía evitarlo. Mis hermanos jugaban un partido crucial y todos estábamos reunidos en la cancha. Mis padres estaban a mi lado, y mi tía Marisela también nos acompañaba. John no podía estar aquí porque estaba fuera de la ciudad por trabajo, pero Marisela se ofreció a venir conmigo. Me sentía agradecida por su apoyo en este momento tan complicado. Sentada en las gradas, con Mateo en mis piernas para tener mejor vista del juego, no podía evitar mirar de vez en cuando hacia donde Alfredo estaba. Con su ropa deportiva, se veía increíblemente atractivo. Su cabello deso

