Capitulo 63

1158 Palabras

Alaia Klein ​El tiempo, ese juez implacable que antes sentía que me perseguía, finalmente se había convertido en mi aliado. Habían pasado seis meses desde que regresamos de las frías montañas de Suiza, seis meses en los que cada día fue una puntada de seda sanando las heridas de mi pasado hoy, la mansión Klein no olía a secretos ni a pólvora; olía a peonías frescas y a la promesa de un nuevo comienzo. ​Me encontraba frente al espejo de mi suite, observando una imagen que hace un año me habría parecido el fragmento de un sueño ajeno. Mi vientre, ahora una curva prominente y orgullosa de ocho meses, dictaba cada uno de mis movimientos. Habíamos decidido esperar este tiempo por una razón egoísta y hermosa a la vez: queríamos que nuestro bebé estuviera lo suficientemente presente, sintiendo

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