Alessandro
No recuerdo ni cuándo fue la última vez que estuve dentro de una iglesia, posiblemente fue antes de dejar Italia, estoy hasta el fondo, escondido en uno de los cuartos, no quiero que nadie me vea, llamaré la atención (como siempre a cada lugar que voy) y esta vez no quiero que nadie me mire.
Estuve alrededor de una hora mirando ese bonito cabello color caramelo claro caer en esa espaldita, hay un hombre a su lado, es grande y alto, casi igual que Stefan, no encaja en este lugar.
La misa se termina y todo mundo sale, noto como camina al lado de ese hombre, si se va junto con él será un jodido problema, no podré acercarme a ella y en verdad necesito hacerlo, ¿Por qué? Ni yo sé, el sentimiento de derrota en mi pecho por su deprecio lo tengo bien clavado hasta el fondo y no se va a ir hasta que logre ponerla nerviosa, que se ruborice o me sonría.
"Dios por favor, necesito acercarme a ella"
Lo digo en mi mente con tanta desesperación que hasta yo mismo me sorprendo por lo necesitado que me sentí, como por arte de magia, ella detiene al hombre y señala a una mujer en el fondo, él asiente para marcharse y ella se va con esa mujer para ayudarla, me quedo boquiabierto.
"Oh, gracias... "
Observo como desaparece por una puerta junto a la mujer, aprovecho para escabullirme y salir del lugar, me escondo tras unos arbustos en lo que espero, no pasa mucho para que la vea salir y despedirse de esa mujer, para mi buena suerte no se marchan juntas y ella toma un camino diferente y solitario, me apresuro para alcanzarla, ella camina lento, jugando a pisar las hojas mientras avanza y a mí me parece... tierno, a la distancia que estoy me llega el olor de su cabello, es dulce, huele a vainilla, me pregunto si sus labios tendrán el mismo sabor dulce al aroma que desprende, le hablo y ella al principio parece sorprendida, recorre mi rostro con la mirada como si no creyera que de verdad esto aquí, sonrío de nuevo y solo consigo esa mirada asesina de su parte.
Me reprende por faltar a mi promesa y la dejo al descubierto ante su mentira, y justo en ese momento ella se pierde, veo la culpa en su mirada, la conozco de tantas veces que lo he visto en los ojos de Stefan.
— No te sientas culpable por mentirme, te perdono. - al escucharme ella vuelve en sí y ese odio ardiente flota en su mirada de nuevo.
— Tú vete por un tubo, déjame tranquila. - me da la espalda para marcharse, pero no le dejaré ir tan fácilmente.
— Tú no te vas a ningún lado, quiero saber tu nombre, el verdadero.
Ella trata de pasar al lado de mí y yo me muevo para impedir su camino, intenta moverse al otro y hago lo mismo, vuelve a lanzarme esa mirada enojada que me está comenzando a parecer tan divertida tanto como retadora.
— ¿Para qué? ¡Para qué quieres saber mi nombre!
— Curiosidad. - me limito a decir y no es más que la verdad, no encuentro otra razón para querer saberlo, derrotada deja escapar un largo suspiro, mira a otro lado.
— Me llamo Dania, ¿¡Feliz!?, ahora desaparece de mi vida... - trata de pasar al lado de mí, me muevo de nuevo y ella se ve obligada a retroceder.
— Dania... bonito nombre, ¿Tienes novio Dania?
Su nombre me causa un cosquilleo en la lengua al decirlo, es corto y lindo, me gusta, ella avanza a donde estoy, noto como su mandíbula se ha tensado levanta su dedo índice y comienza a golpearme el pecho con él.
— Mira, no sé quién seas y no me importa, pero te ahorro la pérdida de tiempo, no me voy a acostar contigo. - levanto ambas cejas, las chicas directas son muy raras de ver, me gusta sin duda.
— ¿Y quién dijo que quiero acostarme contigo? - ... La verdad si quiero.
Ella sonríe, pero no es la sonrisa que esperaba ver, parece burlesca e irónica, retrocede y cruza los brazos sobre su pecho, mis ojos se van en dirección a esa parte donde la tela se encontraba holgada y ahora se ha tensado, pero ella se da cuenta y deja de hacerlo, comienza a tronar sus dedos frente a mi rostro.
— ¡Ey! ¡Ey! ¡Mi cara está aquí!.- levanto el rostro y le sonrío de manera picarona, pero eso solo consigue que me fulmine con la mirada. ¿¡Porque no cae!?. - Pero bueno, volviendo al tema si dices que no quieres acostarte conmigo, entonces que es lo que quieres de mí.
— ¿Amistad? - Dania pone los ojos en blanco.
— Ves, ni siquiera tú sabes lo que quieres, posiblemente sea solo molestar... de igual manera no tengo tiempo, no me interesa hacer amistad y mucho menos con alguien como tú. - quiere escapar de nuevo, pero me atravieso en su camino.
— ¿Qué quieres decir con eso de "alguien como yo"? Eres una chiquilla prejuiciosa. - en ningún momento cambio mi tono de voz juguetón que parece estarla molestando.
— ¿¡De verdad me preguntas eso?! No podemos ser amigos, somos tan diferentes, tu lugar esta al otro lado de la iglesia, en ese nido de perdición y pecado, somos como el agua y el aceite, jamás podríamos llevarnos bien, ni siquiera sabes cómo tratar a una mujer.
Me pongo serio de repente, sintiéndome molesto, porque en el fondo sé que todo lo que acaba de salir de su boca es completamente cierto, venimos de mundos diferentes, realidades muy distorsionadas unas de otras.
¿Qué pretendo conseguir siguiéndola? Me convenzo a mi mismo de que solo anhelo su cuerpo, pero acaso no hay muchos otros cuerpos que se entregarían a mí sin poner pretextos.
¿Por qué me estoy aferrando a algo que se nota que es imposible? ¿Será su constante rechazo el que se manifiesta como un reto en mi interior? Tengo tantas preguntas y ni una respuesta, lo único de lo que estoy seguro es que no me quiero alejar.
Ella nota mi cambio de actitud, avanzo a donde ella está y solo consigo que retroceda, se tropieza con un borde de la acera y se mueve de lado para apoyarse en la pared, continúo avanzando ocasionando que quiera fundir su espala con la pared, pongo mi mano sobre la pared por encima de su cabeza y recargo mi peso, me inclino para que mi rostro se acerque el suyo, no logro que esa mirada se suavice ni un poco, ahora hay un poco de incertidumbre en sus ojos, pero ese enojo no ha desaparecido.
— Quizás lo que quiero es que me salves de la perdición.
Ella abre mucho los ojos al escucharme, ni idea de cómo fue que esas palabras salieron de mi boca, pero parecieron calmarla un poco, su irresistible aroma me golpea con más intensidad ahora que estamos tan cerca, ella no huele a alcohol ni tabaco como las demás mujeres a las que me les he acercado, mi cuerpo reacciona acercándose un poco más al de ella, me acerco a su rostro, sus ojos se posan en mis labios y aprovecho ese momento de debilidad, en ella.
"Ja... La tengo"
Cierro los ojos y al instante recibo una patada en las bolas, me doblo del dolor y me llevo mi otra mano a la zona, ella ya se ha escabullido, escucho su voz burlona a mi espalda.
— ¿¡De verdad creíste que caería tan fácil?! Necesitarás más que eso... - sonrío, "Pequeña traviesa"
— Eso me sonó a reto. - logro articular las palabras, ella se queda en silencio, me gustaría ver su cara.
— Mantente alejado de mí...
Escucho como sale corriendo, cierro los ojos y espero que pase el dolor.
"¿Alejarme de ti...? Ahora menos, acabo de darme cuenta de cuánto me gustan los retos"