Diferentes ideales

1250 Palabras
Dania. Sus labios... sus labios estuvieron tan cerca de mí, su aliento fresco con aroma a menta me golpeó con fuerza aturdiéndome y por una pequeña fracción de segundo dejé de pensar, mi mente se detuvo, el enojo se esfumó no había nada más en lo que pensara que no fuera en él. Me estaba consumiendo, adueñándose de esa parte de mi mente y concentración, me recompuse de inmediato solo para levantar mi rodilla y lograr golpearlo en la entrepierna, mi rodilla golpeó algo blando que me causó una sensación extraña al notarlo. Yo no era como las mujeres con las que él estaba acostumbrado a tratar, me ofendía que pensara que sus coqueteos baratos servirían de algo, y lo único que logré fue despertar a la bestia, mis palabras fueron como una provocación para él, ahora me veía como un reto, me reprendo a mi misma, ¿Qué consecuencias tendrán mis anteriores palabras? — Tardaste más de lo esperado, estaba a punto de ir a buscarte... - la voz de mi padre me obliga a levantar la cabeza, entre en mar de pensamientos y emociones turbulentas no era consciente de donde me encontraba, estoy en la entrada de la casa. — Oh… - digo mirando a los lados. — Me entretuve un poco desempolvando. — De acuerdo, voy a salir, tengo que atender unos negocios con Jerry, nos vemos en la cena. Mi padre pasa a mi lado y me sacude el cabello desordenándolo, me quedo estática en mi lugar al darme cuenta de lo que acabo de hacer. "Santo cielo, acabo de mentirle a mi padre" Comienzo a andar con dirección a mi cuarto. ¿Por qué no le hablé de ese hombre?... ¿Pero qué se supone que le diría? Papá, me molesta un extraño... Pero, ese extraño se mira... peligroso de cierta manera, no quiero que le pase nada a papá, cielos no sé nada de ese hombre, más que es un acosador mujeriego y pervertido. Me llevo las manos a los lados del rostro no puede ser... en cuánto subo las escaleras y me dirijo a mi habitación la puerta tras de mí es abierta de golpe, doy un brinco y me doy la vuelta, me encuentro con el rostro inexpresivo de mi madre. — Dania... quiero hablar contigo. - su voz es, un tanto más dura de lo que estoy acostumbrada a escuchar, me concentro en ponerme firme y tratar de parecer despreocupada. — Dime... — Me parece totalmente inapropiado que te quejaras con tu padre sobre mi actitud, yo soy tu madre y estoy para corregirte no tú a mí, en la Biblia dice que honraras a tu padre y madre, no que los vas a contradecir. Levanto ambas cejas, sorprendida, sinceramente esperaba una disculpa y la oportunidad de hacer las pases, no quiero estar en guerra con ella, pero todo parece indicar que no va a pasar. — Si gusta ir por ese camino... en la biblia también dice que no mentiras y es algo que usted hace constantemente como si fuera algo normal como respirar. Aprieta los labios y avanza un paso a donde estoy, no me muevo ni un centímetro, cuando mis extremidades me gritan huir, recuerdos de mi niñez me perturban la memoria y causan un escalofrío en mi cuerpo que me eriza la piel. — Lo hago por una buena causa, con una buena razón, nos estoy protegiendo a todos de ser señalados por los demás, las cosas no son como tú piensas Dania. — Puedo entenderlo, lo que no entiendo es que se esconda bajo un manto de santidad y en un papel de religiosa cuando sus acciones van en contra de lo que se considera correcto. Poco a poco, con cada palabra el tono de voz de ambas aumenta, que pasan de ser simples palabras a convertirse en gritos desesperados, ambas con un punto que queremos que la otra entienda, el problema es que ella no me escucha, yo la entiendo, pero ella no me entiende que mí. — ¡Tú eres mi hija y no puedes juzgarme! ¿¡Qué acaso no te enseñaron nada en el convento?! ¿¡No pudiste aprender algo tan sencillo como respetar a tus padres?! Ella levanta su mano con toda la intención de golpearme, mis instintos se ponen en alerta y por mero reflejo atrapo su mano para que no me golpeé, ella me mira con los ojos desorbitados, a mí me tiembla todo el cuerpo por lo que acabo de hacer. — ¡Me levantaste la mano! ¡¿Cómo te atreves!? ¡Blasfema! — ¡No me llame así! - le grito, la voz se me escapa llena de dolor, de ansiedad y desesperación, ella se queda rígida. — ¡En el convento eran muy severos con sus castigos cuando pecábamos! El más castigado, la mentira, me enseñaron a ser recta y cada vez que siento que me estoy desviando es como sí... estuviera fallando. Sus mentiras me están involucrando a mí y con mi silencio estoy mintiendo también. ¿¡Qué acaso no se da cuenta de que me está arrastrando con sus acciones?! — Esa no es manera de hablarle a tu madre... — Aggg… Le suelto la mano retrocediendo y llevándome las manos a los lados de la cabeza y sujetando mi cabello, siento una ira que se me escapa de las manos y una impotencia que no había sentido desde hace tanto, la última vez que experimenté esta sensación es cuando era niña. Levanto la cabeza y miro a mi madre, su mirada severa esta sobre mí, le dije como me siento, como me hacen sentir sus acciones y en lugar de una disculpa o un no lo volveré hacer recibo sus regaños y que me ignoré, le prestó más atención a mi tono de voz que a lo que traté decirle de manera desesperada. No es la primera vez, no es la primera vez que estoy al borde de la desesperación y esperando que mis palabras sean escuchadas por ella, mi madre no ha cambiado, solo se ha puesto una máscara y creado una personalidad que se esfuerza por convencerse de que es la real, no puede tapar el sol con un dedo. — ¡Nunca me escucha! ¡Usted no me entiende, no me escucha ahora que le digo que sus acciones me están desestabilizando, así como no me escuchó antes cuando le dije tantas veces que Jerry se estaba propasando conmigo! Mis palabras son como una bofetada directa para ella, abre mucho los ojos y su cuerpo se pone rígido de inmediato, curiosamente, siento que mi pecho ha dejado de sentirse oprimido tan solo un poco, pero la sensación de alivio me dura muy poco, la culpa de mis pecados llega como un torbellino que me destroza en el interior y una voz en mi interior me juzga sin piedad. "Le mentiste a un extraño" " le mentiste a tu padre" " le faltaste el respeto a tu madre" " le gritaste y levantaste la mano a tu madre" "Pecadora, Pecadora" Me llevo las manos a los odios, deseando que las voces se callen, me voy corriendo a mi habitación y me encierro para después ir a tirarme en una esquina oscura de la habitación y llorar. Me siento asfixiada, obligada a seguir un camino que yo no escogí para mí, con la obligación de ser una buena persona, aunque en el fondo quiero un poco de libertad emocional.
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