Fisgón

1174 Palabras
Mi madre era una drogadicta que me tenía muy poca paciencia, mi padre se dedicaba a cosas malas y era un alcohólico ausente... él le conseguía las sustancias a mi madre, yo fui un accidente del destino que a pesar de que no estaba planeado se esforzaron dentro de lo que cabe a tratar de ser unos buenos padres para mí, pero la lucha contra las adicciones es larga y difícil y la menos interesada en abandonarlo del todo era mi madre. Las drogas son una adicción más difícil de abandonar a comparación del alcohol, mamá... lo intentaba, pero tenía muchas recaídas, tengo varios recuerdos de mi infancia donde mi madre estaba tirada en el suelo en medio de un ataque de risa sin sentido y a mi padre ahogado de borracho en un sillón. Lo que son ahora no es la sombra de lo que fueron, pero esa sombra está muy presente en su vida y no los ha abandonado del todo, en especial a mi madre y en el fondo puede que yo no los he perdonado completamente, cuando perdonas no hay reproches, no miras atrás y lo que yo hice con mi madre fue darle un duro golpe que ha revivido el pasado. Mamá nunca me escuchaba, papá rara vez estaba sobrio y podía hablar con él, Jerry estaba constantemente en casa, yo era una niña, él un adolescente, no tenía padres y estaba tan perdido en el mundo como mis padres lo estaban, de repente él estaba en mi habitación, no me hacía nada, solo me observaba entre las sombras y eso me asustaba. Mi madre dijo que solo eran alucinaciones mías. Jerry cada vez era más invasivo, respetaba menos mi espacio, le dije muchas veces a mi madre, pero para ella yo solo estaba tratando de llamar la atención, una noche se metió a mi habitación y no fue precisamente para ver... Por suerte no logró hacerme nada, de puro milagro mi padre no estaba tan ebrio y pudo ir en mi auxilio, Jerry estaba tan drogado al igual que mi madre, y esa situación fue el detonante, lo que los hizo despertar y darse cuenta de que no podían tener una niña de 7 años en ese ambiente. Lejos de motivarse a querer cambiar, su primer pensamiento por sugerencia de mi madre fue deshacerse de mí, me pensaban dejar en un orfanato, yo era consciente, pero incluso a mis 7 años, aunque me doliera la idea de no volver a ver a mis padres pensé que sería lo mejor. En medio del camino una señora nos interceptó, miró la perdición en la mirada de todos y nos ofreció comida en una iglesia, no sé cómo, pero se dio cuenta de que las cosas no estaban bien, y como si supiera lo que mis padres pretendían hacer sugirió meterme a un convento en donde estaría sana y salva. Ellos solo querían deshacerse de mí, me dejaron en la iglesia con esa mujer y se marcharon con la cabeza abajo sin siquiera despedirse. En el convento las cosas no podrían decir que fueron del todo color de rosa, nunca me faltó nada, pero ahora estoy pagando las consecuencias de vivir en completa exclusión. El mundo exterior me resulta asfixiante y no puedo parar de sentirme culpable por faltar a cada una de las cosas que me dijeron que no podía hacer, pero todo se me está escapando de las manos, peco sin siquiera pretenderlo, siento que todo lo que hago está mal que estoy siendo una mala persona, que estoy fallando... De nuevo ese sentimiento asfixiante se posiciona en mi pecho, me llevo las manos al rostro en lo que comienzo a llorar, nada peor cuando nosotros mismos somos nuestra propia presión, no sabemos cuándo parar de exigirnos. Las cosas aquí afuera no son como entre esos muros del convento y es algo a lo que me voy a tener que empezar a adaptar, en las semanas que llevo aquí me he dado cuenta de que las personas mienten sin importarles que sea un pecado siempre y cuando sea beneficioso para ellos o un tercero, que las personas te pueden saludar son una sonrisa y a tus espaldas hacerte caras y lanzar miradas asesinas, por esas razones me mantengo firme en que no puedo confiar en Jerry aunque mi padre diga que ahora es un hombre de bien. Sé que no me hizo nada, sé que estaba drogado en ese momento, pero sus anteriores acciones siempre me darán desconfianza, puede que de verdad cambiara como mi padre, o puede que solo finja traer una máscara como la de mi madre. ~~~~~~~~~~~ No bajo a cenar, me la pasó en mi habitación, solo tirada en la cama durmiendo, no quería saber de nada, no quería hablar con nadie, el sentimiento de fracaso y miseria es algo que no me podía arrancar del pecho, aunque quisiera… Hice muchas cosas malas el día de hoy, y por más que trataba de convencerme a mí misma de que no fueron intencionales, que solo fueron un impulso, el sentimiento no desaparecía. Siempre me exigieron tener un comportamiento impecable es difícil erradicar costumbres y rutinas, pero me tengo que adaptar, no puedo seguir castigándome de esta manera. Necesitaba confesarme... ~~~~~~~~~~~~ Entro en la cabina de confecciones, no hay nadie del otro lado porque aún no es hora de que comience, pero quiero ser la primera a la que el padre escuché cuando entre, tengo la necesidad de decirle todo lo malo que eh hecho, que me dé una penitencia que me haga aliviar la culpa que me carcome. Antes de lo esperado la puerta del otro lado se abre, escucho el movimiento, el padre acaba de sentarse, cierro los ojos y suspiro. — Perdóneme Padre que eh pecado... - digo y un silencio algo extraño se hace de repente. — Te escucho Me dice de una manera tan baja, ordeno mis pensamientos, dejo escapar el aire y hablo. — Eh pecado mucho desde que salí del convento, sabía que el mundo exterior estaba lleno de pecado, pero no pensé que me sería tan fácil sucumbir ante las mentiras, el odio y el resentimiento, le he mentido a mi padre, le he gritado a mi madre y... - hago una pausa, recordando a cierto hombre acosador de ojos plateados que cuando lo tengo cerca me despierta la necesidad de golpearlo, no es algo correcto y se lo tengo que decir. – Hay un hombre extraño con el que me he topado varias veces y cada que lo veo siento una necesidad tan grande de... golpearlo. Escucho un resoplido en el otro lado que me hace callarme. — ¿Golpearlo? No hija mía, la violencia es mala, mejor dale un beso, Dios quiere que se amen los unos a los otros. Abro la boca de golpe que siento que la mandíbula se me fracturó, me pongo de pie y me alejó de la ventanilla... ¡Es él! El que esta del otro lado del confesionario ¡Es él!
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR