Alessandro.
Está mal, lo sé, pero no me importa... he conseguido los horarios de la iglesia y jamás había estado tan al pendiente de quien entra y quien sale de ese lugar como estos días.
Hoy es sábado, tengo días que no he mirado por aquí a la pequeña fiera y comienzo a preocuparme en no verla por aquí, no quiero escalar a nivel 2 de acosador y buscar su casa.
En el programa de la iglesia dice que va a ver confesiones dentro de pocos minutos y quién sabe quizás si la mire hoy por aquí, si no, nunca es perdida de tiempo el venir por estos rumbos, puedo meterme al club a entretenerme un rato, aunque eso no me parece tan alentador últimamente.
Me pongo cómodo en el asiento del auto y recibo un mensaje de una chica que estoy considerando seriamente en aceptar sus llamados de lujuria, cuando un bonito cabello de un tono acaramelado inconfundible aparece en mi visión a lo lejos... tiene unos Jeans y una gran sudadera puesta, mis ojos se van a ese trasero que desearía apretar con ambas manos en lo que acerco su cuerpo al mío... un escalofrío me recorre el cuerpo entero, dejo el celular en el tablero del auto y salgo para ir detrás de ella.
Con cuidado de no ser visto entro al templo que se encuentra en total silencio y soledad, la veo entrar a una cabina de confesiones y me muerdo el labio inferior... la tentación es mucha, y me controlo de no dejarme llevar, pero me gana el impulso de idiotez, mis piernas ya comienzan a andar por si solas para llegar a la otra puerta.
La abro y me escabulló en el interior, la ventanilla pequeña no deja ver bien a la persona que se encuentra del otro lado, pero me llega perfectamente su aroma a vainilla, esto no está bien, lo que estoy haciendo esta mal y rara vez siento ese escozor en el pecho que me reprende mis malas acciones, pensé que lo mejor sería salir, ya tengo asegurado un lugar en el infierno, pero con esto me estaría ganando el peor lugar en el sitio, de pronto su dulce voz me detiene.
— Perdóneme Padre que eh pecado...
Hago mi mano un puño y lo muerdo ligeramente,
"Demonios... solo escucharé un poquito..." susurro esperando que no reconozca mi voz y continúe hablando por suerte lo hace, pero no dice nada... malo.
Esperaba una confección escandalosa, como que se escapó de casa para ir a una fiesta, que se agarró a golpes con otra chica porque le ganó el par de zapatos que ella miró primero, que desea mi cuerpo con desesperación, pero no... solo se lamenta por mentirle a su padre y gritarle a su madre, creo que todos como adolescente pasamos por eso.
Pero no veo porque confesar algo así, quizás porque tiene padres muy buenos, a mi, Mamá me habría dado un bofetón si le gritaba y con eso ya era castigo suficiente para no desarrollar culpa en mí, pero de pronto dice algo que despierta mi atención.
— Hay un hombre extraño con el que me he topado varias veces y cada que lo veo siento una necesidad tan grande de...- me emociono, está hablando de mí sin duda alguna, ¿necesidad tan grande de qué? Besarme, lanzarse a mis brazos, entregarse a mí con desesperación...- Golpearlo.
¿¡Golpearme?! Abro la boca y miro ofendido al otro lado, si antes pensaba que solo se hacía la difícil y fingía odiarme me queda más que claro que no es así, si lo dijo aquí en este lugar de confesiones sagrado es porque me quiere golpear y ese odio que trasmite su mirada... es genuino.
— ¿Golpearlo? No hija mía, la violencia es mala, mejor dale un beso, Dios quiere que se amen los unos a los otros.
Le digo esperando manipular sus emociones y cambiar sus ideas, pero se hace un silencio demasiado largo y tenso, su voz pierde toda delicadeza y se torna hostil.
— Eres tú... ¡Por todos los cielos! - Ella grita molesta y es ahí cuando me doy cuenta de que no fingí mi voz, la dejé salir tal y como era- Eres un...
La escucho levantarse y yo hago lo mismo y salgo corriendo de la cabina, escucho sus pasos tras de mí, miro sobre mi hombro y efectivamente me está persiguiendo, el corazón me late con rapidez, la culpa y la diversión me cosquillean en el pecho.
— ¡Oye! Espera, no te enojes... yo solo quería platicar contigo - le digo sin dejar de correr, atravieso las puertas y ella está todavía tras de mí aún.
— ¡Te hiciste pasar por el Padre! ¡Escuchaste mi confesión! ¡Eres un sinvergüenza!
— ¡No le voy a decir a nadie! ¡Te lo prometo!
Comienzo a sentirme nervioso, supongo que una chica me persiga podría ser una interesante fantasía si la mujer en cuestión no tuviera cara de que me va a arrancar los oídos si me pone las manos encima, quizás me excedí un poquito... no, si me pasé.
Corro para cruzar la calle y de pronto sus pasitos ya no se escuchan tras de mí, parece que he entrado en territorio prohibido para ella, pero aun así, conforme me acerco saco la tarjeta de entrada al club y la pongo en el escáner para abrir la puerta, miro atrás antes de entrar y veo a Dania con las manos hechas puños a los lados, su pecho sube y baja con desesperación tiene la cara roja de ira y como si las llamas no fueran bastante grandes ya, le tiro un beso y entro al lugar.
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Estoy jugando con el trago sobre la mesa, varias chicas se acercaron ofreciéndome bailar para mí, o simplemente darme su compañía, las rechacé, quería estar solo, no dejo de pensar en esa chica... claramente es mucho más joven que yo, es tan... inocente que me resulta extraño.
Jamás había conocido una mujer así, compararla con Renata no sería lo más apropiado, Renata también me rechazó, pero esta chica, está comenzando hacerme sentir extraño...
— El rechazo no te está sentando bien a lo que veo... - la voz de Stefan me hace levantar la mirada, tiene una sonrisa de imbécil en la cara, claro, como Renata y él se declararon su amor y andan como conejos esta de buen humor. - Tienes la misma cara que aquel día que aquella chica te miro con odio.
Le hago una mueca de molestia, no ocupo que le eché más sal a la herida. ¿Por qué me odia? Si soy irresistible, todo yo es amable... no, odiable.
— Tengo una buena manera de que te olvides de todos tus males. - me dice poniendo una mano sobre mi hombro.
— ¿Mujeres?.- le digo y solo consigo que me empuje la cabeza al frente.
— Trabajo... vamos
Comienza a caminar a la salida, me bebo lo que quedaba de mi trago. "Trabajo" eso como se supone que va a hacer sentir mejor a alguien.