Tengo un empleo, mi primer empleo, el lugar es de lo más acogedor, me emociona pensar que estaré rodeada del delicioso aroma a café humeante y pastelillos recién hechos. Es un local pequeño saliendo de la zona habitacional justo para ir a la parte más urbanizada de la ciudad, espero poder ir a conocer aquel lado, ahora que el mundo se ha expandido más allá de los muros del convento y el camino de ida y venida de la iglesia a casa, quiero conocerlo todo, ver todo...
La mujer con la que me recomendó mi mamá es, agradable, pensé que sería algo diferente... como mi mamá; no quiero juzgar, pero el comportamiento de mamá no me parece el más adecuado, pero me dijo que cambiaría, por ella, por mí y papá, me hizo bien saber eso.
Mi trabajo solo consiste en estar parada al otro lado de la barra, anotar los pedidos en una tableta y mandarlo a el área de cocina, me gustaría decir que me resultó fácil aprender, la mujer dijo que sería pan comido, pero no lo fue para mí y me siento un tanto avergonzada por no poder con algo que se supone que era tan sencillo, pero no estoy familiarizada con la tecnología, en casa no hay computadores, no me ha tocado mirar a mamá y a papá con un celular, yo nunca he tenido uno así que además de la vergüenza por no poder con la tarea me siento fuera de lugar.
Todo mundo está con un celular robando su atención, los clientes entran y apenas me dedican un par de miradas para pedir lo que quieren para después concentrarse en ese aparato, la chica que está en la otra caja nada más se queda con un poco de tiempo libre y corre a poner su atención en su celular, no lo entiendo, posiblemente porque no tengo uno, pero aun así me cuesta visualizarme tan, enfrascada en un objeto.
— Vas mejorando.- La mujer se llama Andrea, es más joven que mi madre y muy agradable y paciente.
— Lamento que me tomara tanto aprender algo tan simple, en el convento no teníamos nada de esto. - ella sonríe y me da una palmadita en el hombro.
— No te preocupes, estaré todo el día de hoy para apoyarte en lo que necesites...
La campanilla de la puerta suena, anuncia la llegada de un nuevo cliente, me preparo mentalmente, no solo el uso de la tecnología me está resultando difícil, sino también esto de la atención a cliente, mis habilidades sociales, no son buenas. El hombre camina en mi dirección, como estoy de entrenamiento preferentemente todos los clientes están siendo atendidos por mí para que practique, me preparo para no tartamudear o tropezar con mis palabras otra vez, noto como Andrea se sienta más firme en la silla que se encuentra a mi lado, levanto el rostro y me encuentro con unos ojos marrones claros con una mirada muy intensa.
— Buen día.- el tono de voz del hombre es tan animado que no concuerda con su mirada, me pongo firme.
— Hola, buen día ¿Qué va a ordenar?
— Un café grande con leche de almendra por favor.- ¿Leche de Almendra? Eso es algo nuevo, rayos miro con terror a mi empleadora, quien sonríe y se pone de pie.
— Hola, Dom...- saluda al hombre y luego me dice a mí.— Aquí abres un apartado, esto es algo que tenía pendiente de agregar al sistema que buen momento para recordarlo, solo pon la anotación "leche de almendra", mandaré actualizar para que mañana ya aparezca en las opciones.
Ella se aleja y yo me pongo en mi lugar, reviso la pantalla de que la orden este de acuerdo y pongo mi atención en el hombre que me mira fijamente con una sonrisa, es una sonrisa bella, pero me perturba que me mire... le digo el total y él saca una tarjeta de su cartera, procedo a ponerla en la terminal.
— ¿Primer día?.- me dice en lo que esperamos que la tarjeta sea aprobada, mis ojos a penas y lo miran un poco para garantizar si me habla a mí, y si es así.
— Si, así es.- me limito a decirle mientras espero ansiosa que se apruebe la condenada tarjeta
"¿Por qué tarda tanto esta vez?"
— Me imaginé, paso seguido por aquí y no te había visto.- me contengo de decirle que no me interesa y solo le sonrío ligeramente.
— Que linda sonrisa tienes...
Mis ojos vuelan en su dirección, sigue esa mirada en su rostro, su comentario me hace ponerme sumamente nerviosa, siento el calor escalando por mi cuello y poco después las orejas me arden, me encojo de hombros en lo que la tarjeta es aprobada y se la tiendo sin voltear a verlo, él ríe un poco, risa que solo me acelera el corazón sin razón.
— Eres muy tímida. - "¡Ya cállate y vete!", no estoy acostumbrada a los halagos (al menos que sean de mis padres y aun así me apenan) mucho menos a ser el centro de atención de alguien, me está incomodando, como no sé da cuenta.
— Déjala en paz Dom, es nueva no solo en el trabajo, no está acostumbrada a lidiar con caballeros.
Andrea interrumpe, él pone su atención en ella y solo de esa manera me permito observarlo un poco, tiene el cabello castaño oscuro perfectamente acomodado, su piel es clara como la porcelana, lleva un elegante traje gris oscuro con una corbata a juego, cuando su mirada pasa a mí de nuevo la aparto de inmediato. La campanilla de la entrada suena de nuevo, pero no puedo ver al nuevo cliente, ya que él está parado frente a la caja, Andrea aparece con un café para él.
— Aquí tienes, ahora largo, pones nerviosa a mi trabajadora... - el hombre sonríe y me voltea a ver otra vez,
"¿¡porque no se va y ya?!"
— Lo lamento, no era mi intención... adiós linda, bonito día.
Sé que esas palabras iban para mí, siento las mejillas acaloradas, Andrea me da una palmadita en la espalda y desaparece, me concentro para atender el nuevo cliente.
— ¿Por qué conmigo no te sonrojaste cuando te dije bombón?
No puede ser... levanto la cabeza de golpe y me encuentro con mister acosador, ¿Cómo es que nada más salgo de casa y aparece por todos lados? Miro a mi izquierda buscando a la otra cajera para decirle que lo atienda y yo irme, pero no esta, ni siquiera Andrea, aprieto las manos a los lados.
"Señor, ¿Cuál fue el mal que yo hice?"