Alessandro.
— Ya déjala respirar un poco, cielos acabamos de salir de casa hace menos de una hora.
Stefan me lanza una mirada de molestia, esta al teléfono preguntando a una de las empleadas si su querida Renata ya bajo a desayunar, me da gusto por ellos, lo digo en serio, pero no puedo evitar que se me revuelva el estómago cuando noto el amor revoloteando en el ambiente.
— Oye... tengo hambre, tu hombre de confianza muere de hambre, me tienes trabajando en condiciones horribles.- Stefan pone los ojos en blanco y se concentra en el teclado de su teléfono.
— Pararemos en alguna cafetería para comprar café, ¿Te parece bien, su majestad?
— No, yo quiero unos huevos revueltos con tocino.- vuelve a mirarme, con esos ojos de molestia, no fuera Renata porque a ella si la mira bonito.— Uy ya, está bien un café me parece bien, con pan o galletas, tengo una dieta estricta y un hermoso cuerpo que cuidar.
Pone los ojos en blanco, le indica al chofer parar en alguna cafetería de paso y en cuanto el auto se detiene sé que hemos llegado, Stefan se pone de nuevo en el teléfono así que yo me bajo del auto y entro en el lugar
— Aquí tienes, ahora largo, pones nerviosa a mi trabajadora... - La mujer de la barra le da un café a un hombre de traje que espera delante de mí, la mujer se va y el tipo vuelve hablar.
— Lo lamento, no era mi intención... adiós linda, bonito día.
El tipo pasa a mi lado, ni siquiera le pongo atención, tengo la mirada fija en el celular, ya que una de mis conquistas quiere verme esta noche, cuando levando la mirada y veo a la cajera mi corazón comienza a golpear con fuerza, mi presa está aquí; la pequeña Dania tiene la cara agachada y noto como su bonita piel clara tiene un tono rojizo... ¿Se puso nerviosa con ese idiota? Ese imbécil logró hacerla sonrojar y yo no.
Las veces que la he hecho ponerse roja del enojo no cuenta.
— ¿Por qué conmigo no te sonrojaste cuando te dije bombón?
Ella levanta el rostro con rapidez, su rostro avergonzado de inmediato cambia para tornarse sorprendido y después molesto, mira a todos lados quizás tratando de escaparse de mí, me molesta muchos su actitud en este momento, no es que ella sea dura entonces, ya que aquel imbécil logró avergonzarla, al parecer el problema es contra mí y me siento muy ofendido.
"¿Qué tenía ese tipo que yo no?"
Ella parece resignarse, como muchas otras veces ante mi presencia y se pone firme, pero no voltea a verme.
— Buen día. ¿Qué va a ordenar?.- mantiene una voz neutra e indiferente, no me mira, aprieto los labios.
— ¿Vas a ignorar lo que dije?.- ella sonríe, pero no es conmigo, es de mí.
— ¿De verdad quieres que responda esa pregunta tan tonta?.- Valiente la pequeña fiera...
— Claro, necesito saber que estoy haciendo mal para que aquel imbécil lograra hacerte sonrojar y yo no.- se escucha la campanilla de la entrada, pero la ignoro totalmente, ella parece ansiosa.
— Cielos, eres un pesado... ni siquiera yo entiendo por qué me puse roja, quizás sea porque ese tipo no es un acosador como tú.- Levanto ambas cejas, sus ojos se encuentran con los míos y como siempre tiene esa mirada de enojo en ellos, me causa un cosquilleo en el cuerpo, hacerla enojar me parece reconfortante, pero necesito más que eso de ella.
— Pero si yo no soy feo... deberías considerar un alago que alguien como yo este tras de ti. — si sus ojos verdes fueran llamas ya estaría carbonizado, pero no me importa, no dije más que la verdad, las mujeres dignas de mi atención deberían sentirse afortunadas.
— ¿Alago? Es una maldición que me tope contigo cada que salgo de casa, es más difícil deshacerse de ti que de las cucarachas.
Separo los labios, sorprendido, y sobre todo muy ofendido, esas palabras fueron como una bofetada en el rostro, me preparo para contra atacar, ni crea que esto se va a quedar así, pero de pronto una mano se posa en mi hombro y estoy a punto de golpear al imbécil que se está metiendo, si es una mujer quizás solo la empuje, si esta guapa... solo le diré amablemente que me permita unos momentos y le pediré su número, pero al voltearme tengo que levantar la mirada para encontrarme con los ojos azules de Stefan... tiene un semblante serio en el rostro, pero noto la chispa de diversión en sus ojos.
"Mierda, ¿Qué tanto escuchó?"
Esboza una pequeña sonrisa y se dirige a Dania.
— Podrías darnos dos americanos grandes por favor.
— Enseguida.- La voz de Dania llega a mis oídos, volteo a verla y noto como inspecciona a Stefan con la mirada, cuándo sus ojos se posan con los míos los aparta enseguida, no sin antes permitirme ver su enojo. Pequeña fiera
— Alessandro, espera en el auto.- Stefan pasa a mi lado y comienza a rebuscar en su abrigo.— Vai scarafaggio
"Anda cucaracha"... escuchó lo que me dijo ella, por todos los cielos no puede ser, aún más molesto me doy vuelta y regreso al interior del auto, no puedo creerlo, ahora no solo siento la humillación conmigo mismo al no poder con esa pequeña fiera, sino que ahora Stefan se la va a pasar burlándose de eso... no puede ser.
No pasa mucho para que la puerta del auto se abra, Stefan aparece con los dos vasos de café, me tiende uno y lo tomo de mala gana sin voltear a verlo, él comienza a reír, el suave rugido del motor no se hace esperar y nos ponemos en marcha, nos quedamos en silencio varios segundos, hubiera querido que nos mantuviéramos así, pero a Stefan se le ocurrió hablar.
— ¿Esa chica no es la misma de la iglesia? - Poquito peor, aún recuerda que es ella la que me ignoró aquella vez, me mantengo en silencio, no digo ni una palabra, la risa de Stefan no se hace esperar.— No puedo creerlo, pero te lo dije, sabía que llegaría el día en que una mujer te rechazaría.
— No cantes victoria, me hace falta trabajarla, es todo.- noto como niega con la cabeza en lo que le da un trago al café.
— Olvidalo, aprende a perder, te hace falta, no puedes tener todo lo que deseas, te puedes terminar enamorando si sigues detrás de ella. - resoplo, eso si me causo gracia.
— Nada de eso, recuerda... yo no me enamoro, ellas solas se enamoran de mí.
— Pues ella parece todo lo contrario a estar enamorada... déjala en paz Alessandro, no es una mujer para ti, no merece que la lastimes porque estoy seguro de que no quieres nada serio con ella, así que deja de ser tan hijo de puta.
Me quedo pensativo, claramente no pienso enamorarme de ella, ni quiero nada serio, jamás, ni loco, pero... no había pensado en eso, no quiero lastimarla, pero no sé por qué la simple idea de dejarla en paz me parece inaceptable... necesito un propósito...
Sonrojarla, ponerla nerviosa, hacerla reír de verdad, necesito hacer eso por lo menos para poder marcharme con la derrota de saber que fue la primera mujer de la que no pude obtener su cuerpo.