Cuando estaba en el convento esperaba con ansias el momento de poder marcharme de ahí, a los 21 años ya tendría la libertad para decidir quedarme y dedicar mi vida a la iglesia o vivir por mi cuenta, yo siempre ansié salir de esos muros, fue una completa sorpresa cuándo me di cuenta de que mis padres no se habían olvidado de mí y que cuando llegara el momento vendrían por mí, no pensé que tardarían tanto, pero no fue una decepción total para mí, ya que tenía una meta, un propósito a los 21, salir del convento y estar en casa con mis padres.
Pero ahora que estoy aquí y me he dado cuenta de que nada es como pensé que sería me siento destrozada, mis padres no son ni la sombra de lo que dicen ser, de lo que fingían ser frente a la abadesa, o lo que fingen ser con esas personas de la iglesia, comienzo a sentir rabia hacia ellos, una emoción que contamina y es dañina, pero no puedo evitarlo.
La gente los mira como personas ejemplares, de bien, solo porque no saben su pasado, no los conocen lo suficiente, no pueden ver lo que hay bajo esas máscaras, no saben que ese convento no fue su primera opción para deshacerse de mí, porque en aquel entonces no podían con sus propias vidas, menos con la de una niña de 7 años y es aún peor la razón que los orilló a abandonarme.
El sonido de la puerta abrirse a mi espalda llega a mis oídos logrando que haga de lado la tormenta de pensamientos que me golpea, pero no me giro para ver a mi madre, sinceramente no tengo ganas de escuchar lo que sea que me tenga que decir como justificación por lo que acaba de decir, de solo recordarlo me hierve la sangre de nuevo. Aprender a tocar piano y violín me tomo bastante tiempo, esfuerzo y dedicación, fue algo que aprendí porque yo quise y tuvieron la amabilidad de enseñarme, no porque ellos hubieran hecho algo porque fuera así, es un mérito mío solamente.
— Te miré algo molesta cuando te marchaste
Me levanto de golpe de la cama y me doy vuelta para ver al intruso, esa voz masculina ni siquiera pertenece a mi padre, Jerry está parado en el marco de la puerta, da un paso al interior y siento que un frío extremo me acaricia la piel poniéndomela de gallina, volteo para ver brevemente a la ventana deseando encontrarla abierta y que la brisa nocturna sea lo que me causo ese escalofrío, pero no es así, pongo mi atención sobre Jerry nuevamente, está vestido de manera impecable, es un hombre respectivamente joven, no ha de tener ni los 30 años de edad, parece un cordero por fuera, pero esa mirada que recorre mi cuerpo es la de un lobo.
— ¿Qué haces aquí? Esta es mi habitación. - le digo molesta, él da un paso al interior que me obliga a retroceder a pesar de que está la cama de por medio separándonos, él ladea una sonrisa.
— Estaba buscando el baño
— El baño está abajo.
— Error mío... buenas noches, Dania.
Él sale de la habitación cerrando la puerta tras de él, en cuanto lo hace corro a la puerta para ponerle seguro y retroceder sin quitarle la mirada de encima, trato de controlar mi ritmo cardíaco acelerado, me llevo la mano al rostro y me masajeo la frente, siento que me punzan las sienes de igual manera a cuando me la pasaba madrugadas completas estudiando.
Sin importarme nada más me doy la vuelta para quitarme el vestido y meterme a la cama.
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Solo se escucha el sonido de los cubiertos contra la vajilla, la estadía en casa es tan incómoda, es como si comiera, desayunara y cenara con extraños, ellos saben lo que me molesta, pero no dicen ni una palabra para sacar el tema porque eso terminara en discusión y el conflicto es algo que no nos apetece a ninguno por lo que veo, pero no quiero seguir de esta manera, sus mentiras no las apruebo bajo ninguna circunstancia lo que me ha llevado a no sentirme cómoda con su presencia, necesito salir de esta casa desesperadamente.
— Iré a caminar por la zona, buscaré un empleo. - suelto las palabras sin apartar mi mirada del plato de comida, siento los ojos de ambos sobre mí.
— ¿Trabajar? ¿Para qué? Aquí tienes todo lo que necesitas... - como lo esperaba mi madre es la que me responde, no volteo a verla, sigo con mi comida.
— Para aprender a ganarme la vida, para construir algo propio, lo que tienen es suyo, quiero lo mío.
— No hay necesidad de eso, tú solo dedícate a seguir el camino del señor, a dedicarle tu vida a él. - me paso con dificultad la comida que tengo en la boca, aprieto la mandíbula y trato de encontrar las palabras adecuadas para responder sin crear un conflicto, pero creo que no las hay, esta conversación terminara en guerra y siento que cada problema, nos aleja cada vez más.
— Es que yo no quiero dedicarle mi vida...
Por fin me digno de mirar a mi madre, ella me observa con negativa, tiene los labios rojos un poco separados y la mano en el pecho.
— Pero ¡cómo dices eso! Se te ha inculcado el camino de la iglesia y es el que vas a seguir, no permitiré que cometas un pecado mortal tan grande como la herejía.
La miro mal sin disimulo, probablemente es consciente de las llamas que arden en mi interior por el enojo, sé que no es la manera de mirar a mi madre, pero su nivel de hipocresía me está colmando la paciencia.
— Si hubiera querido dedicar mi vida a la iglesia me hubiera quedado en el convento. ¿Con qué derecho quiere venir a regir mi vida ahora?, cuando antes trató de deshacerse de mí como si fuera una basura que solo estorba... yo sé que alguien más los convenció de dejarme mejor en el convento, ustedes iban a abandonarme en un orfanato.
Mi madre se pone de pie de golpe, totalmente fuera de sus casillas, el pasado parece ser una herida abierta no solo en mi padre, sino que también en ella, la más simple mención es como si echara sal a la herida y crea una reacción impulsiva en ella.
— Ella tiene razón Nora. - la voz de mi padre se alza por encima del incómodo silencio, voz que ya no recordaba bien como era, mi madre lo voltea a ver perpleja.
— ¿¡Que?! ¿Cómo es que dices eso? No hay ninguna necesidad de que ella trabaje, ella se tiene que dedicar al señor, no desviarse del camino.
— Nora... es su vida.
Mi padre agacha la mirada, mamá resopla y sale molesta del comedor, miro a mi padre y me doy cuenta de que en mamá el pasado la avergüenza tanto que le crea ira recordarlo, a papá, el pasado parece debilitarlo..