Los hombres, reunidos en la Casa Mayor, esperaban ansiosos a su líder, pero este no aparecía. Pablo, que estaba preocupado por su amigo, decidió llamarlo. ―¿Qué pasa? Te estamos esperando. ―Me atrasé. ―¿Qué pasó? ―Es Ariadna, Paulina le lanzó un hechizo y está muy mal, sufre demasiado. ―¿La vas a destruir? ―No, no mientras no sepamos cómo salvarla. ―Llevaré a Mateo, tal vez él sepa cómo hacerlo. ―No, él debe ser eliminado. ―¿Qué dices? ―Lo que oíste, él debe ser ejecutado, no merece estar en nuestras filas, gracias a él pasó esto. Todo iba bien hasta que a él se le ocurrió la genial idea de matar al viejo. ―Pero... ―No lo hagan ustedes, yo lo haré. Voy en camino. ―Javier tienes que calmarte. ―No puedo, no viste a Ariadna. El amigo guardó silencio. ―Estoy lle

