―Miriam... ―dijo Paulina cuando la encontró en unos roqueríos en la playa. ―¿Qué quieres? ―Quiero hablar contigo. ―No tengo nada que decir y no me importa lo que tú tengas que decirme. ―Miriam, tienes que entender. ―No entiendo nada. ―Ella no tenía la culpa de nada. ―Pero era una buena forma de castigar a Javier. ―Javier no fue el culpable de lo que le ocurrió a tu abuelo, a quien debemos castigar es a Mateo. Él es nuestro verdadero enemigo. ―¿Y crees que Mateo se nos aparecerá delante de nosotros para que acabemos con él? Se escudará en todos, como siempre, matará a cientos de inocentes con tal de salvar su pellejo. No, Paulina, debemos matar a todos los que están a su alrededor, será la única forma de llegar hasta él. ―Debe existir otra. ―No, no hay otra forma. ―Sí

