Las brujas cada vez estaban más seguras de que lo que había pasado era fruto de la maquiavélica mente de Mateo. No podía ser de otra forma. ―¿Qué piensas? ―preguntó Mariela a Paulina a solas en un rincón de la casa. ―Mateo tiene que pagar, no tiene miramientos. ―Exacto. No conozco a ese hombre, pero espero que pague muy caro todo lo que está haciendo ahora y lo que hizo en el pasado. ―Así es y así será, amiga, ese hombre no las sacará barata. ―¿Vamos? ―dijo Miriam―. Mi tía ya me dio el lugar, vamos a prepararnos, ella dice que preparan otro ataque, que cuando pasan estas cosas, se reúnen en esa casa y anoche se reunieron, después de la muerte de su hija, por lo que deben estar planeando otra muerte. ―Maldito Catrilef, pagarás muy, pero muy caro todo esto. Las mujeres salieron de

