Por la noche, listas y preparadas para ir a destruir a Mateo Catrilef, las mujeres esperaban a Javier. A las ocho en punto llegó con Pablo. ―Esto haremos, ustedes se quedarán a una distancia prudente, esperarán nuestra señal y entrarán para acabar a los que estén con Mateo ―indicó Javier. Las mujeres asintieron. ―Esperemos que todo salga bien, es riesgoso, ¿están dispuestas? ―Sí ―respondieron al unísono las tres. ―Bien, vamos, el camino es largo. Las tres mujeres se sentaron atrás en la 4x4 de Pablo, los hombres en los asientos delanteros. Al llegar, los hombres se bajaron y las mujeres quedaron en el auto, en obediencia a las indicaciones de Javier. ―Javier Duarte, ¿a qué vienes? ¿Te arrepientes de tus dichos? ―increpó Mateo Catrilef. ―No, Mateo, vengo a corroborar mis p

