Los vídeos en la pantalla de las cámaras de seguridad dejarían ver al pequeño Emiliano escabullirse por cada rincón de la casa, terminando por subir al automóvil de Sergio solo un par de minutos antes de que él estuviese por salir de casa. Pablo Santos giró hasta ver indignado a Sergio, quien creía, de algún modo, lo había planeado con el pequeño, esperando sacarlo de allí y llevarlo con su madre como lo había querido todo este tiempo. —¡Fuiste tú, infeliz! —gritó Pablo ahora balanceándose sobre Sergio y tomando su camiseta con fuerzas hasta pegar su cuerpo ante la pared. —¡Debí saberlo, amas a esa mujer, serías capaz de cualquier cosa por ella, incluso llevarte a mi hijo! —reclamó. Sergio lo observó frunciendo su frente, siquiera se defendió, solo quedó frío ante las palabras y movi

