CAPÍTULO CINCO 1/2

3144 Palabras
SAMARA El silencio reina en la casa. Cierro la puerta y el almuerzo está servido en la mesa. No logro identificar la comida porque está cubierta por otro plato. De repente, oigo a mi padre bajar por las escaleras. —Tu madre tuvo cosas que hacer y no vendrá hasta la noche. Y tu hermano tiene terapia, lo recogeré luego. ¿Vamos a comer? No me vale preguntarle, es más, no se me da la gana de hacerlo, puesto que no me dirá las razones de su desaparición; así que no me queda de otra que asentir camino a la mesa. Hablamos de mi día, luego él me contó del suyo y conversamos de otros asuntos sin importancia. Vimos un poco de series mientras comíamos palomitas de maíz con mantequilla. Tuvimos una buena convivencia de padre e hija, cada partícula de mi cuerpo exclamaba con alegría la satisfacción agraciada de haber compartido con Will. Hasta que tuvo que partir por Daniel, el momento se esparció como escarcha soplada al viento. Por la noche agarro mi celular y busco en mi agenda el nombre Jonathan. Antes de darle click al botón de llamada tranquilizo mis nervios para no hacer el ridículo. —¿Quién es? —como siempre tan directo. Es él. No ha cambiado nada, su voz, su espesa y atractiva aura. Cualidades intactas, si podría llamarse así, no tenían deseos de retirarse. —Jonathan —del fondo oigo sus pisadas firmes. —¿Samara? ¿Eres tú? —indaga con acento alegre. —Sí, soy yo ¿Cómo has estado? Un suspiro corto atraviesa mis oídos. —Ya te imaginarás...Trato de mantener todo bajo control. Pero eso no importa ahora ¿Qué es de ti? —Adam ya me contó lo que se está serpenteando por allá. Por ahora todo marcha bien. Hice un nuevo amigo en la universidad y discutí con Valezka, pero menos mal tu amigo llegó y la puso en su sitio. —¿Quién es ese nuevo amigo? —Solo es alguien de la clase. Se mostró muy amable y... —Recuerda que no podemos acoplarnos a esas "nuevas personas". No sabemos si pueden ser enviados por...ya sabes quién. Reflexiono, y puede que tenga razón. Intentaré no confiar del todo a Adler. "Un pie adelante y un pie atrás". Como dice el dicho. —Ok. Más bien... —antes de decirle lo mucho que lo he extrañado, oigo varios pasos a lo lejos y una puerta abrirse. Jonathan exclama con molestia: "¿Qué quieres?"' La vista se me me nubla cuando escucho la voz de una mujer diciendo que quiere ir al baño. El otro responde que lo mejor hubiera sido que golpeara y que el baño está en su mismo cuarto. —Perdón por eso, fue una interrupción. —No, discúlpame tú a mí, no debí llamar... —¿en serio creí que nunca se iba a aburrir de mí? Estoy tristemente enojada conmigo misma. Me tragué sus mentiras. —¡Espera! No es lo que crees  —me quedo en silencio—. Solo es una visitante, mañana mismo se irá. Bueno, tal vez es una amiga, qué puedo saber yo. No quiero sonar exagerada. Lo mejor será controlar mis pensamientos.  —Está bien. —Oye, te he pensado mucho. Apareces en mi cabeza, en mis sueños, estás en todos lados. No sabes cuánto quiero que esto termine para estar los dos juntos sin ningún mal que nos aseche —esa voz. Esa voz tan sensual y ronca que lo describe, que utiliza para encantarme y envolverme en sus pretensiones. No sé por qué, pero me lo estoy imaginando a mi lado susurrándome muy despacio. Se me eriza la piel. —Yo...Yo también he estado muy preocupada por ti, y... -¿Y, cariño? —Te quiero conmigo. —No me daré por vencido. Buscaré hasta mi último aliento la forma de terminar con este desastre y traerte. —Es lo que más quisiera. También extraño a mis amigos, mi antigua y corta vida que allá tenía. En Alemania todo es diferente, y para sincerarme, no lo quiero. Incluso me está disgustando estar en mi propia vivienda. —Te prometo que lo harás, volverás aquí y me encargaré de hacerte feliz porque realmente te lo mereces ¿Y sabes algo más? Lo mío ya no es una obsesión, no es tampoco un simple te quiero y soy consciente que necesito bastante terapia, cubrir todos los agujeros de mi alma, quiero sanarme. Yo...te... —los sentimientos en vez de cortarse de raíz han ido acrecentándose como árboles, a su paso, lento pero seguro, resistente, y las ganas que uno tiene del otro se acumulaban. No creo que vaya a decir...— ¡A la mierda! Siento que te amo —enseguida, la mano que sostiene el teléfono suda y siento que caerá al suelo—. No te voy a obligar a que respondas, no es el momento, pero eso sí, te digo que no voy a caer, no lo he hecho antes y menos ahora. Solo prométeme algo. —¿Sí? —No te rendirás...conmigo. Solo Jonathan es capaz de revertir la desolada tristeza en un jardín muy verde y florido, con palabras que no solo besan ni acarician, además de románticas llevan esperanza, una incomparable paz.  Lo he dicho varias veces y lo sigo diciendo. —Lo prometo. Aunque tampoco es fácil para mí convivir así. —Yo estoy igual. Me mantengo al tanto de lo que sucede y Steven está de mi lado, supongo que eso ya lo sabes. —Sí, te conozco y no creo que haya aceptado estar contigo porque una mañana se despertó con ganas de ir a tu lado. —El dinero lo puede todo, linda. —Sí y no. Risas brotaron del auricular del móvil. Pasado los segundos el silencio, para nada incómodos, el sonido de su voz llega a mis oídos reventando como olas sobre la orilla de una playa, poderoso y pasivo.  —¿Nos imaginas aquí, tú debajo de mí mientras te voy besando, deslizo tu figura con mis impacientes manos y pides que te folle como nunca? ¡Ha! Como en los viejos tiempos. La cara se me enrojece y me cubro la boca con timidez conteniendo una sonrisa traviesa. Parezco una adolescente. No puedo creer hasta dónde llegó mi excitación, y hasta dónde llegó mi desilusión cuando dejaba la habitación vacía. Me dejé llevar, es lo único con lo que puedo defenderme. —Jonathan... —Ahora mismo mi mano está descendiendo —insinúa con seducción. No pienso hacerlo, pero no puedo detener mis pensamientos gigantes de lujuria. No, Samara... Sí No. Sí...hazlo. ¡No! Hazlo... —La mía también desciende, lentamente —dejo caer mis párpados y mis piernas se van separando muy despacio. ¿Iba a hacerlo? ¿Iba a masturbarme? Seguramente cualquiera me diría que me deje de tonterías y me concentrara en lo único que nos atrajo. No tengo excusas, ni si quiera debería estar así, nada justifica mi huida, pero tampoco tengo razones para detener mi tacto moviéndose con hambre y desespero. Desde que Jonathan inició su relato erótico no he dejado de mojar mi prenda íntima. El enfrentamiento entre mi dedo índice y mi clítoris es una vehemente maravilla. Cada palabra voluptuosa la imagino tan clara, viva sobre mí y dentro. —Esto me está encendiendo. Listo. Sus fogosas palabras acaloran mi sistema nervioso haciendo trabajar a mi mente representando cada acción como si fuese real y a su vez delicado. Introduzco dos dedos a ese agujero pequeño para incrementar la sensación placentera. Dios, ¿así se siente? El mismo tacto asciende a mi pecho, tal como el chico tras la línea me lo ordena, y mis rosados pezones se endurecen como piedras. La excitación corre tal cual auto de carrera en medio de una autopista hasta mi clítoris, reaccionando como consecuencia acelerar mi actividad. Mi cabeza va hacia atrás y mis labios se abren cuando mis fluidos húmedos se dispersan gracias al clímax deseado y ansiado. Por los ronquidos y jadeos agotados de Jonathan deduzco que también acabó conmigo. —Wao... —es lo único que sale de mis acalorados labios. —¿Quieres una interacción corta? —el aliento es lo único que me funciona, el resto de mi cuerpo está flojo sobre mi cama. —S-Sí. —Bien, llévate uno de los dedos a tus labios, lámelos imaginando que es todo mi líquido transparente esparcido y envíame una foto. No lo pienso dos veces y voy a la opción "Cámara". Poco después de que cada uno dijera lo maravilloso que fue la llamada, colgamos la línea prometiéndonos ser cuidadosos. Todo ese cosquilleo que estoy sintiendo desaparece cuando la puerta de la habitación de mis padres se escucha. Me levanto de mi cama como un resorte y, antes de asomarme, miro a escondidas a mi madre que recién ingresa. Es muy extraño las escapadas que se va dando. Ya lo decidí. Mañana mismo averiguaré a dónde es que está yendo. JONATHAN Otro día sin ganas de trabajar y de prácticamente hacer nada. Llevo varias llamadas en el día tratando de saber de Samara y el imbécil de Adam no responde.  Bebo mi jugo de plátano y voy a mi laptop. Ahora debo hacerlo todo a través de una computadora. Vaya lío. No me cuesta, pero me es fácil manejarme en persona y dentro de mi misma empresa que a través de una pantalla. Mi celular vibra y atiendo. Es mi secretario. —¿Diga? —Buenos días jefe, disculpe que le interrumpa. Hay una chica, cuyo nombre es Lucy,  y dice que viene departe de usted. Es para laborar. ¿Lucy? No he oído ese nombre. —Descríbela. —Señor, tiene una tarjeta suya. Dice que se la otorgó una noche cuando usted mismo fue a su tienda ubicada frente a un edificio y a una cuadra hay una comisaría. No me ha dado más referencias. Y las antenas de la memoria reviven. Sé quién es. Cabe aclarar que le dije que al área, el cual iba a ingresar, no sería de alto rango mientras no tenga una profesión específica, aunque también prometí que la iba a ayudar a conseguirlo. Al fin y al cabo, algunos trabajos vienen con líneas de carrera. —Pásamela —Ricardo, el secretario, sabe que no me gusta esperar. El teléfono ser cogido por otras manos—. Sé rápida. —¿A-Aló? —se oye muy tímida. Desplazo los ojos hacia arriba. Esa noche no lo fue tanto. —Dime qué necesitas, ando ocupado —tecleo mi laptop e ingreso al ícono "escritorio". —Sí, verá...Sé que es un hombre con mucho por hacer. Con respeto, todos sabemos en qué embrollo está metido y no quisiera interrumpir el proceso. Esa noche que hablé con usted —¿en serio debo oír esa historia repetitiva?— me pareció una buena persona y no creo, en definitiva, se llegue a peor con lo que he visto en el noticiero —Maldita sea ¡Que se calle, ya!— A lo que voy es que, y sé que no tuvo nada que ver con lo anterior, no tengo los documentos necesarios y en ninguna empresa me quieren aceptar porque no tengo una carrera ejerciendo o ya realizada, por lo que le suplico integrarme en su trabajo. Mi mamá se encuentra muy mal y mi tienda no me abastece, puedo limpiar baños o lunas, haré lo que sea... —Aceptada —no dejo que continúe con su habladuría de más. Mi cabeza va a explotar. Asombrosamente, me es difícil que acepte, o afirme, mi inocencia solo habiéndome conocido una noche—. Que el recepcionista te guíe al despacho principal de recursos humanos y habla con el encargado para que te haga unas pequeñas preguntas acerca de ti y tus familiares. Menciónale que vas departe mía, por lo que tu entrada será directa. Responde lo necesario y listo. —¡Yeeeiiii! Muchas gracias, muchas gracias, muchas gracias, mu... —corto la línea. En la tarde, aproximados de las tres en punto y regresando de la agencia, Adam logra mensajearme diciendo que tuvo el día ocupado y lidiando con unos chicos, por lo que no pudo atenderme. Entiendo perfectamente y le pregunto si Sam está con él. Inmediatamente me responde que sí, la acompaña a casa. En el gimnasio de mi vivienda me dedico a hacer lo propio. Ni si quiera puedo ir a uno como cualquiera porque mi cara está por cada rincón de la ciudad, del país. Más tarde, salgo de la ducha y voy a mi habitación para vestirme. Cuando bajo a la cocina a prepararme algo de comer la puerta es golpeada varias veces, tantas que comienza a irritarme. Con brusquedad dejo las verduras sobre la isla y camino a la entrada. Pero antes de abrazar la manija percibo los llantos de una mujer. Empujo las puertas. —¡Ayúdeme amable señor! —me quedo atónito— ¡Me está siguiendo! ¡Déjeme entrar! —ruega juntando sus manos y mirando desesperadamente a sus costados. ¿Qué es esto? No, bajo ninguna razón debo darle el pase a alguien que no conozco, menos envolviéndome en el enredo de Auron. Podía ser una trampa. —Chica, no soy el indicado. Si me disculpa... —estoy a punto de cerrar y retirarme, pero su mano detiene mi objetivo. Resoplo. —Por favor, tenga piedad ¡Me quiere matar! —carajo.  Sin abrir la puerta totalmente me asomo a as afueras y verifico si hay alguien persiguiéndola. Esta chica de cabello ondulado y n***o se postra sobre el suelo sumergiéndose a mares con sus lágrimas. Por poco no me besa los pies. Aquella mujer, o corre muy rápido, o es que el asesino está escondido. No logro ver a alguien. Y como si me hubiera leído la mente, comienza a narrar su terrible anécdota. —Me escapé de casa porque mi marido y yo peleamos. Este... —respira con dificultad debido a la mucosidad acumulada en los orificios de su nariz— al notar mi ausencia, y solamente estaba en la cocina, bajó con una pistola a acabar con lo suyo ¡¡Está loco!! —De acuerdo, calma, adelante —ni muerto voy a consolarla con un abrazo o palabras tiernas. Es su vida. Solo me limitaré a darle un espacio. Se levanta lentamente y me sigue. Le señalo el mueble de mi sala para que se siente. Esta, como niña adentrándose a un parque de diversiones, detalla todo lo presente con sus iluminados ojos. Es muy joven y mas baja que yo, naturalmente bonita y rostro encantador para cualquier hombre dispuesto. Le ofrezco una bebida caliente y en plena mesa me va contando a detalle lo que ha vivido. Me observa como si quisiera memorizar cada parte de mí, como si fuera un desconocido; y claro que lo soy. No quiero que intervenga en mi vida. Disimuladamente observo varios puntos de la casa como esquivando su mirada. Por cada sorbo que se lleva a la boca su cuerpo va dejando de tiritar y respira con normalidad. —¿Podría quedarme solo esta noche? Prometo no estorbar. Ni si quiera me va a sentir. Medito su propuesta. Un espeso presentimiento me dice que esta mujer son de las que no aceptan un «no» por respuesta. Insistentes e insoportables. Por otro lado, dudo acerca de su inmediata tranquilidad, de un momento a otro ya no tiene los ojos rojos y sus labios han dejado de temblar. Seguro la bebida caliente actuó bien. Le habrá relajado un poco. Acepto y la conduzco al pequeño cuarto de invitados. —Gracias, prometo compensarlo —me sonríe, con un brillito en los ojos. A ver, no es que quiera aceptar su carisma y al otro día ser amigos como la típica vida de historias juveniles y dramáticas. Por añadidura, me es tan raro que de tantas casas y de diferentes tamaños, haya venido a tocar solamente la mía. —Agradéceme con sacar tu humanidad mañana mismo. Ya tengo mucho conmigo mismo —con cara de pocos amigos, luego de ver sus facciones flojas, cierro la puerta. Varias horas mas tarde, voy a mi habitación y me refugio en las comodidades de mi cama. Cuando estoy tan cerca de acurrucarme en el sueño mi móvil vuelve a vibrar. Oír la voz de Samara es lo mejor que haya podido sucederme en este desastroso día. El corazón me rebota a mil. Siento que mi vida ha vuelto a cobrar sentido, que puedo seguir luchando, avanzando porque hay una razón.  Conversamos de todo un poco. Ella me contó que ha formado una amistad en sus estudios y no pude evitar recibir cálidamente a los celos. Pero estos no son vengativos o enfermizos como antes, solamente quiero protegerla de cualquier extraño o extraña que finja estar a su lado con fines malignos. No quiero que caiga en eso. Al girarme con vista a la puerta, por debajo de ella veo una sombra inmóvil. Arrugo el ceño. Al tocar la manija y girarla, la mujer por poco no se viene hacia mí. ¿Ha estado espiándome? —¿Qué quieres? —no pienso cubrir el celular, ya que no pretendo mantener nada oculto ante los oídos de Samara. La miro con enfado y sospecha. —Qui-Quiero ir al baño —agacha los ojos y se entrelaza los dedos de las manos. Enarco una ceja ¿Me quiere tirar una broma? —Primero, hubieras tocado en vez de entrometerte en conversaciones que no te incumben —por su impactado rostro descarto que sí ha estado haciendo lo que imaginé—. Y segundo, el baño está en la misma habitación, no puede ser que no lo hayas notado. Me regreso a la cama lanzando la puerta en sus narices. Posteriormente, volviendo a la llamada, pasamos de ser suaves a subir un poco el nivel. De repente, el calor abraza mi pieza y mi cuerpo se deja llevar. Pasamos de hablar contentos y con amor, ese que ha estado ausente en tantos meses, a complacernos sexualmente. No puedo aguantarlo. Pero todo es posible si tienes el poder en cada palabra bien adecuada y poder convertirlas en una realidad. No cualquiera puede hacerte una llamada s****l, no cualquiera puede tocarte sin tocarte. Finalizando nuestra exquisita masturbación le propongo que me mande una foto bien atrevida. Por favor, si no la podré ver ni saber nada de ella en quién sabe cuánto tiempo, por lo menos una foto suya no estaría nada mal. No está mal la foto, lo que no es adecuado es cómo quieres que se la tome. Me deshago de mis prendas y voy a la ducha para relajar mis músculos. He liberado mucho estrés y eso es muy satisfactorio. Lo necesitaba.
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