CAPÍTULO CINCO 2/2

4312 Palabras
ADAM Esa tarde en que regresé a Samara a su casa y tuve una pequeña charla con su padre acerca de mí (se supone que nunca me había visto, por ello su curiosidad de cómo es que nos conocimos y el por qué ella no le habló de mí), me fui a la agencia para recoger unos materiales que Jonathan me envió. No supe con exactitud qué era, pero tampoco pensé en algo que atentara contra la vida de las personas.  Con la mochila en mano, sí...solo me había enviado mi mochila de trabajo, me dirigí al hotel para descansar. Durante el camino medité si fue buena idea pasarle el número de Jou a Sam. Tuve un lejano impulso de hacerlo cuando la chica me lo pidió indirectamente, y eso era muy extraño, dado que soy de las personas que fácilmente no se dejan convencer. Siendo las ocho de la noche llego a mi habitación a desempacar. Prendas, un cuadro familiar que al mirarlo en menos de un segundo se me descompone el rostro; mi radiograbadora, entre otros útiles para mi supervivencia posan sobre el suelo. Oh, y justo lo que quiero, un poco de dinero. A la mañana siguiente me ejercito un poco y, luego de una rápida ducha, me visto con ropa casual y salgo para la universidad. Este país no deja de sorprenderme. Adoro su clima, temperado y moderado.  A dos calles de aquí espero, bajo el techo de una pequeña tienda, al trío de chicas que también toman la misma ruta que yo. En menos de diez minutos las veo doblar la esquina de una panadería y siguen de largo. No me impresiona ver a Samara muy incómoda por la presencia de las novias y tan distante como siempre. Tomando mi distancia, las persigo para no levantar preocupaciones y/o sospechas. Lo hago por seguridad, cualquier necedad podría sucederle y debo estar ahí para su defensa. Las chicas pisan el campus universitario y yo llego detrás. Tomo otro camino para no ser visto y entro por la puerta principal. El decano general está anunciando, mediante los parlantes, que en dos días los tutores tendremos una charla privada al medio día y seamos puntuales. Asiento mentalmente y me sumerjo a los vestuarios para transformarme en entrenador. Entre la multitud masculina me observan con cuidado pero a la vez sonrientes, unos que otros con recelo -capaz extrañen a su anterior entrenador-, y el resto solo se dedica a seguir con lo suyo luego de darme la bienvenida. Dentro de todo puedo identificar al amigo de Sam, quien estuvo ayer almorzando a su lado. Interesante combinación de cabello, casi tirando para castaño y nada mal respecto a su físico.  Esta chica sabe escoger bien sus amistades. ¡Hah! No la culpo, ya que estoy en su lista. —Entrenador, no es de mi incumbencia decir esto, pero ustedes tienen su propio vestuario —dijo un chico atrás mío. Eso lo sé niño, solo quiero que vean que no por ser entrenador debo ser superior a ustedes y ser excluido. Soy uno más de esta pocilga. Volteo para citar exactamente lo que consideré en mi mente, sin embargo, el panorama que estoy visualizando no es para nada agradable. Bajo mi polo se tensaron mis músculos y aprieto las manos. Para estos casos es bueno traer una defensa, y menos mal que salí con mi grabadora esta mañana. Justamente la tengo en el bolsillo. Bajo la atenta mirada meto la mano en él y con solo apretar el único botón de en medio ya está corriendo el audio. —Suelta...a ese...chico —menciono, muy despacio y amenazante. El flácido rubio está completamente desnudo, apegado al rincón del vestuario y solo sus torpes manos intentan cubrir sus partes íntimas con una toalla blanca dejando ver sus temblorosas y delgadas piernas. Por encima de él hay tres hombres de apariencia musculosa vistiendo del uniforme deportivo dada por la universidad: un short granate y un polo blanco donde un número diferente es enseñado por la espalda y pierna. Uno de ellos está grabando con su celular mientras el otro lo ofende con palabrotas y va palmeándole el rostro de manera graciosa, pero para el rubio es muy vergonzosa. El último, quien visto es el líder de la manada de idiotas, cuyo nombre es Aidan, me da la cara cuando ordeno que lo dejen en paz. ¿Es que nadie piensa hacer algo? —¿Y si digo que no? —muestra un porte recto apto para pelear—. Además, es nuestro territorio, podemos hacer lo que queramos. Está jugando con fuego, y lo mejor es que no lo sabe. No es necesario abrirme paso debido a que los demás ya se arrinconan hacia los casilleros por mi presencia acelerada invadiendo su tenso círculo. No dejo ni un milímetro de espacio entre ese mocoso y yo; mi frente yace pegada a la suya a modo de reto. Quiero arrancarle la cabeza. —No querrás enfrentarme, ¿de acuerdo? Yo no soy ese viejo barbudo y gordo que tenían como instructor. Conmigo piensa dos veces antes de actuar y abrir esa bocota que te manejas. ¡¡Entendiste!! —me separo un poco y alzo la voz. Este, tal cual niño aterrado, no se mueve ¿Dónde quedaron sus músculos representando su fortaleza? Agradezco mi tamaño, soy más grande que él y eso hizo demasiado. —So-Soy el hijo del director —tartamudea—, puedo hacer que te echen. Ay, no me hagas reír. —Yo que tú no acepto que eres un niño rico de papi delante de todos tus compañeros y enfrenta las consecuencias. O deja de maltratar a una persona que sabes que no está en tus capacidades de pelea y atrévete con uno de tu tamaño, a ver si tanto eres el fuertecito. Ahora, te lo diré solo una vez —señalo con la quijada al escuálido chico que sigue a la pared y con los ojos casi llorosos. No le quito los ojos de encima—, suelten a ese niño. Sus amigos inmediatamente retroceden y liberan al hombre, quien no piensa seguir sentado en el suelo y se levanta directo a cambiarse. No voy a permitir ese tipo de comportamientos dentro de mi clase. Cuando los chicos se esparcen para mudarse de ropa detengo a uno que se cruza por mi lado derecho. Este frena sus pasos al ver un obstáculo, mi brazo. —Dame tu celular —mando, y extiendo la otra mano. Jaico, según el nombre de su camiseta, me observa interrogativo. —Si se refiere a la grabación de vídeo, ya lo eliminé —quiere avanzar, pero se lo impido. A mí no me engañan. —Dije que me dieras tu celular ¡Obedece! —abandono la modulación de voz y la aumento al final. Por fin hace caso y me la entrega a regañadientes. Accedo al menú principal y cuando estoy por entrar a la galería me hallo con la máxima seguridad de bloqueo—. Coloca tu huella dactilar —parece que no desea hacerlo, por lo que añado: —O lo haces por las buenas o yo mismo te arrancaré el dedo —rápidamente coloca el dedo pulgar en la pantalla y la galería se desbloquea. Uhm, no me sorprende ver mujeres desnudas, entre ellas identificadas con el uniforme del centro y de calle, otras fotos con él en la playa, dentro de una piscina y en casas diferentes con tragos en la mano. Por último, él mismo frente a un espejo y...prefiero no quiero continuar ¿Qué puedo decir? Así es la típica vida de un joven universitario ardido por querer atención femenina, del común chico con cuerpo escultural mostrando su masculinidad a cualquiera. Yo jamás tuve una vida así. Debe ser divertida. Quizá por eso es que quise entrar en este baño, para sentirme como ellos... Maldito virgen que soy. Cuando me retiré para formar una familia con mi esposa me terminó abandonando y el sueño de tener una casa cuidando de uno o mas hijos se fueron por el drenaje. Sigo deslizando la pantalla y niego con la cabeza al no encontrar lo que quiero. —Eso es personal, señor —murmura con la intención de arrebatarme su aparato. Lo hago a un lado. —Desactiva la copia de seguridad y vuélvela a activar —sin devolverle el móvil se lo enseño para que mueva los controles. De regreso a las fotos principales reparo en fijarme en los álbumes. Al acceder encuentro solo cuatro carpetas y cada una lleva un título debajo. "Chicas sexys" "Fiestas y sexo" "Pasatiempos" Pero la última atrae mi negativo interés, lo fulmino con la mirada. Sabe lo que acabo de encontrar, por lo que ahora, en vez de pedirme el celular, quiere evaporarse con el viento. "Disfrutando el bullying" Qué hijo de perra. Entro y evoco a la santísima virgen para que me controle. Qué gran decepción y enojo. Vídeos y fotos de sus víctimas; con solo ver a Aidan en cuclillas sobre el suelo agarrando de los cabellos a un chico con hematomas en el rostro sumando la nariz ensangrentada y los ojos cerrados ya se darán una idea del resto de las imágenes. Voy a otro y... Espera... ¿En ese vídeo hay una mujer tirada en el piso forcejeando con dos hombres en un aula vacía? Demonios. Mi tercer día y ya he creado enemigos. Sí o sí voy a dar aviso al director. Después de un rato encuentro en "últimos vídeos", al rubio que hallé desnudo hace unos minutos. Sin su permiso borro solo ese vídeo. ¿Por qué no hice lo mismo con el resto? Uno, no habrá pruebas. Segundo, mi verdadera razón de venir no fue para ocasionar más problemas con terceros. Mi punto es Samara, no quiero involucrarme en casos aparte. Puedo defender, evitar, pero no puedo ir a más. —Es mi tercer día y no quiero hacerme mala sangre, pero te juro que si te vuelvo a ver dañando a otros yo mismo te daré una lección y de paso haré que te expulsen. No me importa si tienes toda la plata del mundo porque esto —sacudo su equipo— que hay aquí es un delito. Si aprecias tu asquerosa vida dejarás de hacerlo. Luego de brindarle mi más cordial y oscura advertencia y de pintarle el cuadro más terrorífico en todo su ser, se fuga con la cara desencajada.  Este día será genial. Final de horarios. Tengo en mente ir al baño de maestros para evitar otros inconvenientes, pero soy terco por naturaleza, así que voy a los vestuarios de mis alumnos. Al entrar todos lo de mi equipo me abren paso y me saludan con respeto, entre otros que me estrechan la mano. Música para mis oídos, tranquilidad para mis ojos. Sonrío con una sacudida de cabeza y enlazo las suyas con estabilidad. No se siente tan mal. Me trae recuerdos... En fin. En la hilera de duchas hay uno libre y entro cerrando la puerta de vidrio. Un chico de al lado me visualiza empinándose sobre su sitio. No tengo vergüenza, estamos entre hombres. Con el cuerpo húmedo y envuelto en una toalla de las caderas hacia abajo salgo. En una de las bancas está Bruno Whyle, veinte años, pelirrojo, pecoso y cuerpo delgado. —Profe, ¿hasta cuándo estará con nosotros? Hasta que toda la mierda se evapore. —Tal vez a finales de partido —caray, que ni yo lo sé. —Nos ha caído muy bien, los otros profesores no ponían en su lugar a ese trío de animales y éramos blancos fáciles. Espero pueda quedarse mas tiempo —halaga muy contento con cuatro amigos a su lado que lo acompañan. También me agradan, y muy aparte de la defensa fuera de la cancha, vamos a ver si dicen lo mismo cuando sea más exigente en los entrenamientos. Solo llevamos tres días y esto solo es el calentamiento. —Digo lo mismo. Vamos a ver si el plazo aumenta —miento. Me voy a mi casillero y saco la misma ropa de esta mañana, un polo blanco que se ajusta a mi cuerpo y un jean n***o con tres rasguños, dos en una pierna y una en la otra. Me despido de los dos últimos chicos que están cerrando sus mochilas y huyo del lugar. En el bloque principal casi no habita ni un alumno. Pocos terminan por cerrar sus casilleros respectivos y se liberan de las paredes universitarias. Camino tras ellos, cuando lo que menos quise que pasara, arruina mi día. —¡Hey, tú! —avisan dos voces femeninas. Las reconozco perfectamente. Me volteo con las manos en los bolsillos salvo los pulgares que muestro hacia afuera irradiando seguridad, y las encaro con lo peor que pueden ver en mis facciones. —Adivina quién tiene cita con el decano mañana —agita Valezka un papel amarillo en sus manos. Su tono de voz es burlesco y molesto—. A las ocho en punto te quiere en su oficina —viene hacia mí y me lo apega toscamente en mi pecho,  este papel cuyo escrito se menciona mi nombre citándome una reunión sobre comportamiento inadecuado hacia el alumno. ¡¿Debe ser una puta broma?!  —¿Y? —encojo los hombros y me inclino hacia ella entornando los ojos. Lo que quieran hacerme para perjudicarme no me dejaré. Por acto reflejo esta se separa de inmediato. Zoe me mira muy enojada. Sin embargo, pienso en la amena charla que tuvimos ayer y se me ocurre una grandiosa idea. Me volteo para supuestamente verme como estresado o afligido, y sin que se percaten extraigo mi celular activando la grabación de la cámara con dos simples toques de la pantalla y la cuelgo dentro del pequeño bolsillo de mi polo mirando hacia el frente. Vuelvo a verlas. —No te le acerques o te las verás conmigo —amenaza su noviecita. —¿Así? ¿Tú y cuántos más? —con ironía me asomo fingiendo ver a sus espaldas— Por si no lo sabe todavía estoy dentro del centro por lo que me debe respetar. —Eres un pedazo de mierda —su mano viene directamente a impactar contra mi mejilla, pero la sujeto con fuerza, una que empieza desde cero y poco a poco va subiendo sus cifras de dolor. —Me vuelve a atacar y juro que la que tendrá problemas será usted y su chica. —¡Tú comenzaste! —vocifera liberándose de mi agarre y gira su muñeca dando leves movimientos circulares. Estoy sorprendido, Valezka está muy quieta. —Explíquese alumna, que yo sepa solo dije las cosas tal como debían de ser. El que cada una se haya ofendido es problema personal y no deberían de atacarme. Además —en esta parte aumento mi voz— ¡Ayer defendí a la alumna Samara Metzler tal cual —señalo a la morena— arrastró en todo el campus sin su consentimiento con una cómplice! —enfoco mis ojos a los suyos con ira— ¿Y me acusa por tener un comportamiento inadecuado? Mientras usted la jaloneaba como se le diera su gana. Pan comido. Las pruebas de la mañana agregando esta, serán suficiente para presentarle al director. Pienso girar el teléfono para detener el vídeo, pero vuelvo a oírlas. —Eres un maldito infeliz, puede que esa puta sea tu amiga y todo lo que quieras, pero no durará mucho —¿No durará? ¿Así que todo esto se trata de una venganza? Val arquea una ceja, confundida. Adam cálmate, ella no tiene ni idea de lo que pasa. No uses los puños ¡Respira!  —No me falte el respeto, ella y yo somos conocidos de años atrás, vivíamos en la misma zona y la amistad se formó —miento. No puedo presentar la verdad de los hechos, como cuando la conocí en medio de un asesinato y tiroteo que terminó con la vida de su amiga—. Ahora que coincidamos en la misma universidad, tanto ella como estudiante y yo como entrenador del equipo de fútbol, bueno...Qué le puedo decir, casualidades de la vida. Sin que se lo pida otra prueba más en su contra es añadida a mi almacenamiento móvil. —Zoe, déjanos solos —pide la morena sin apartar sus ojos de encima. La otra quiere oponerse, pero la radioactiva mirada de su novia se lo impide y simplemente desaparece. Creo que debo apagar la grabación. Aprovecho la distracción de las dos y desactivo la grabación. Ya tengo todo lo que necesito. Antes de que Zoe deje de ser vista a través de las lunas de la puerta me giro a medias y digo en voz alta: —Creo que mañana después de que yo salga de la oficina seguirás tú —le sacudo mi celular al aire insinuando mi vengativa intención, grabar sus escupitajos y acusarla—. Considérate expulsada, y tú —veo a Valezka— en problemas —de reojo puedo disfrutar del aterrorizado semblante de Zoe. Se asemeja al de un búho. Retorno a mi posición y me enfoco en la segunda chica. —¿Qué te ha dicho ella? —Nada que tenga que importarte. Sí, la tengo donde quiero. No es necesario saber de quién estamos hablando. —No te vayas —freno mis pasos tan cerca de la salida—. Es solo...Es solo que quisiera saber qué te dice. —Define "qué te dice" —enfatizo. —S-Si te habla de mí —susurra con quebranto en su voz. El momento perfecto para ponerla en su punto. Es aquí donde me vuelvo un inventor de las mentiras. —¿Quieres la verdad o la mentira? —escoge la primera alternativa— Me habla de lo mucho que detesta este sitio y ansía regresar con sus viejos amigos y a su vieja escuela. En pocas palabras, su antigua vida. Se lamenta a cada segundo el no poder ir a visitar si quiera a su amiga que sigue en coma —cada palabra mía son navajas muy filosas que se introducen a su corazón sin piedad. Lo veo en su desmejorado y lívido rostro. Ohh, miren, parece un gatito triste—. También recuerdo exactamente escucharla decir que cuando tenga dinero piensa fugarse de Alemania y trabajar en New Jersey, y finalmente ver a una persona especial que la está esperando —su mirada se llena de imploración por saber quién es—. Y obvio no lo sabrás. Desde que la trataste así solo te tiene rencor, no quiere saber nada de ti. Ya deja de dañarte y sigue tu vida. —Mientes. —Tal vez sí, tal vez no —canturreo, inundándola de incertidumbre e impotencia—. Pero si crees que miento, ¿no pensarías que su forma de actuar contigo sea diferente? —sus ojos se cristalizan— Un consejo: deja de meterte con ella quien tiene cosas más importantes que retomar su amistad contigo ¡Por favor, mírate! Tan ridícula provocando problemas solo por dejarte llevar por tus celos incontrolables. La quieres sí, pero acepta que ella a ti, ya no —sin esperar respuesta me alejo—. Y una cosa más. Vuelvo a ver que tienes ese trato con Samara u otros compañeros y serás la segunda en irte de aquí. SAMARA Hoy tengo clases hasta las once de la mañana, por lo que no tengo tanta pereza de ir a la universidad. Desayuno con mis padres y antes de irme escucho decir a mi mamá que otra vez no estará en todo el día. Ya es muy raro que esté desapareciendo y que mi padre no me diga nada. Después de mis clases me encuentro con Adler en nuestro primer receso y vamos a la cafetería a beber un refresco. Y claramente me disculpo por el inesperado rato que pasó el día anterior. —No te preocupes, son cosas que pasan, pero eso no quiere decir que nos liberemos de esas chicas —nos reímos un poco y nos sentamos en una mesa libre para comer. A decir verdad, tampoco las paso. Me arruinan el día. En la salida llevo a cabo el plan que he estado organizando en plena clase sin ser capturada por los maestros. No puedo fallar, solo tengo una oportunidad para descubrir los pasos de Mabel. Gracias a mi salida temprana no espero a Adam y enciendo mi celular, entro a una aplicación que descargué en plena clase, la cual sirve para rastrear cualquier contacto sin necesidad de tener la ubicación activada. Me costó un poco comprarlo, espero valga la pena. Recordé que tenía una tarjeta de crédito y gracias al cielo aún no vence. Me encamino al parque donde mayormente aparezco y me siento en una de las bancas. Ahora sí puedo concentrarme en el punto rojo que es mi madre. Antes de eso llené los datos de su equipo, lleva el mismo móvil, incluso antes de que yo viajara a New Jersey. Me lo sé de memoria.  El puntito se va moviendo en la avenida que queda a tres paralelas del parque y a cinco de mis estudios. ¿Qué hace por la avenida si su trabajo está muy lejos de allí? Mabel se detiene en un semáforo. Yo sigo con la intriga devorándome el intestino. Ella, deduciendo que está en un carro, avanza y, precisamente según el mejorado mapa satelital de esta aplicación, a nueve calles, deja de seguir. La bilis me crece en el interior y sin predicción mis manos tiemblan. No tengo un buen presentimiento. Frente a la galería de ropa "La plata", se localiza la comisaría nacional del estado. Antes de elevarme y pagar un taxi para que me lleve al sitio espero unos segundos para ver si vuelve a moverse, pero no sucede nada, el punto rojo está estático en el mapa. Velozmente me dirijo al paradero y detengo cualquier auto para que me haga el servicio. Indagaré qué rayos está haciendo en la comisaría.. ADAM Esa noche mi celular vibra y noto varios mensajes seguidos de mi jefe. La gran mayoría tratan de su enojo hacia una chica que dejó entrar a su casa porque su marido quería, o quiere, matarla. Le devuelvo el mensaje con un: "Recuerda no involucrar a nadie más, mañana mismo échala y mantén la guardia. No debemos confiar en nadie". No creo que se tome el tiempo de pensarlo, la respuesta es más que obvia. Aunque no dejo de sospechar que entre tantas casas por esa zona por qué motivo tuvo que tocar, especialmente, la puerta de Jonathan; y que al momento en que este salió a verificar si había alguien persiguiendo a la pobre, no encontró a nadie. Quise llamarlo y preguntar por Liz. No es que me importe, solo quiero saber cómo sigue después de la impresión que le di ese día. Jonathan respondió que sus signos vitales marchan de manera positiva y puede ser que en una semana le estén dando de alta. —¿Y cómo está ella? Ya sabes... —Está muy bien, como te digo no falta mucho para que la saquen. No sabría que más decirte, acuérdate que está sola. Con el rostro caliente sonreí como un tonto y no evité alegrarme por dentro ¿Por qué lo hacía? Por otra parte, me sentí muy mal porque si hubiera sido mas cuidadoso con mis palabras ella no estaría de mal humor. Pero tampoco podía permitir que Jonathan le pintara un mundo de rosas cuando había tres personas muy cercanas a ella, lejos. Una muerta y los dos en otro país ¿De verdad me importaba? No Adam, por ahora no es bueno pensar en eso. Tu trabajo es primero. Tenía razón, no debía hacer volar a la imaginación en un momento serio. Me fui a la cama y antes de cerrar los ojos, nuevamente, no pude evitar imaginar a Liz contenta dejando el hospital en busca de alguien para consolarse...Por mas contradictorio que suene. Porque estar bien físicamente no será suficiente.  Y por primera vez extraño estar cerca de alguien que no es mi familia. Dos de la mañana, mi celular suena despertándome abruptamente. Es una línea desconocida. Descuelgo. —¿Adam? —una voz femenina me nombra. Que recuerde a ninguna mujer le he pasado mi número. —¿Quién es? —devuelvo la pregunta. —Samara —de lejos puedo percibirla no muy bien. ¿Ha estado llorando? —Necesito hablar contigo. Es sobre mi madre. A penas la menciona le paso la dirección del hotel para que venga. No está tan lejos, pero espero tome sus precauciones. —¿No piensas esperarme, por lo menos, enviarme un taxi? Es de madrugada. —No eres una princesita a quien tengo que recoger y escoltar, añadiendo que puedes salir con un cuchillo de cocina, eso te será útil. Además, estamos a pocas cuadras, te espero afuera. —Que hombre tan... —no dejo que continúe y cuelgo la línea. Me pongo un abrigo y me deslizo por las escaleras. Algo me dice que esa mujer no le va atraer nada bueno a su hija. Para que Sam me llame a estas horas y a sollozos no son buenas noticias. Al bajar por las escaleras le informo al vigilante, tras la caseta, que solo estaré aquí afuera a la espera de una amiga. Tres minutos después Samara hace acto de presencia y me muestra su demacrado rostro. Como lo supuse, ha estado llorando. Se acerca. —Al pa-parecer Auron no es el único tras los pasos de Jonathan —me entrega un sobre blanco y al abrirlo saco varias hojas. Me enfoco en solamente la primera y la perplejidad abarca en mi rostro. Hija de perra.
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