ESPIRAL DE LOCURA. EMMA. El whisky se deslizaba por mi garganta con una calidez engañosa, quemando un rastro que se mezclaba con la adrenalina en mi sangre. Me recosté en el amplio sillón de mi dormitorio matrimonial, dejando que la tela de seda acariciara mi piel desnuda. El sonido del teléfono irrumpió en mi ensueño y, con una lentitud calculada, deslicé los dedos por la pantalla para contestar. —Ya aterrizó en Houston. —La voz al otro lado era firme, sin titubeos. Una sonrisa felina se extendió en mis labios. —Así que la perra regresó a casa… —Musité con deleite. Sabía que eventualmente Salvatore iría tras ella. Era predecible, demasiado predecible. Me incorporé, con gracia felina, el vaso de cristal aun entre mis dedos. Observé mi reflejo en el espejo: mi cabello rubio caía en o

