Si hay algo en los congeladores de Cuba por esta época, eso era hielo. Parecíamos esquimales, viviendo entre puro hielo. Busque un trozo y me lo puse con un paño en el labio y así me acosté. No recuerdo haber dado más vueltas en la cama en mi vida, que ese día. Pensaba en toda esa escena de mi padre con su tipa allí, en sabrá Dios cuanto tiempo o con cuantas habrá estado en ese plan, mientras le decía a mi mama de reuniones y pendejadas. Sabrá Dios si el día del ataque epiléptico andaba revolcándose entre una v****a lascivia, mientras yo sufría con mi madre en ese peligro.
Quede rendido después que mi mente navegara en un infructuoso mar de problemas. Sin embargo logre dormir, desconectarme de todo lo que me rodeaba. Nada me despertó, ni perturbo externamente. Desde el que pasaba vendiendo plátanos, o el del cucurucho de maní, que gritaba a toda voz, o algún que otro camión que paso con escandaloso motor. Ni siquiera el veterano de Angola con su Radio Reloj
No pude ir a casa de Daniela esa tarde, primero porque estaba pegado a la cama, y segundo no tenía ánimos de ver a nadie, ni siquiera a ella. Me vine a despertar cuando mamá abrió la puerta a las cinco de la tarde. Le recibí con abrazo grande y muchos besos. Descuidándome de que me viera el golpe de la boca, que andaba más hinchada que nunca. Suerte le logre convencer que en pleno concierto Daniela en el holgorio me dio con el codo. Al principio dudando, pero luego acepto.
Esa noche tampoco vino mi padre. Mamá trajo un pedazo de cerdo que le vendieron a pagarlo en dos partes. Cocino arroz y la carne guisada con una salsa que le invento. Tenía unos plátanos verdes que hizo mariquitas, y cenamos muy rico ella y yo. La comida del patriarca, la dejaba siempre en un envase plástico redondo con tapa azul. Nos pusimos a ver televisión hasta que mamá se quedó dormida en el sillón.
Amanecí con la boca y sus partes aledañas peor y más adolorida que ayer. Pero como dijo Dante Alighieri: “Quien sabe de dolor, todo lo sabe…”, y más bien lo único que sabía era que debía de ir por Daniela para llegarnos hasta el pre universitario y ver nuestras notas de final de curso — que precisamente hoy habían publicado en el mural— Antes de salir, fui al congelador y me lleve un jarro de agua helada para el baño poniéndome con las manos hasta aguantar entre el dolor y lacerante frio. Así hice varias veces, mirándome en el pequeño espejo puesto en la pared del lavamanos. Se notaba ya la forma del golpe y lo enrojecido e hinchado, algo que me llevo a buscar en los polvos de ponerse mamá. Luego de secarme bien, con un poquito en la yema del dedo índice, trate de maquillar la zona enrojecida.
Fui donde Daniela y me recibió con el reproche de no haber ido en la tarde a verla. Luego de revisar mi agredida zona y unos besos, se subió en la parrilla de la bicicleta y me hizo ir hasta una esquina donde había una casa en la que vendían pizzas de cinco pesos. El señor Gonzalo le había dado dinero para que desayunáramos. Así hicimos, llegamos y había unas cuatro personas esperando que las acabaran de sacar del horno. Nos la comimos bien caliente chorreando el queso y un vaso frio de jugo de mango, todo muy delicioso. Daniela no podía disimular la ansiedad por acabar de llegar al pre- Universitario y ver los resultados de los exámenes finales. Terminando de beber la última gota de jugo, salimos directo hasta allí.
Antes de llegar se escuchaba el gentío buscando notas, parecía un gallinero. Fui a poner la bicicleta en un estacionamiento que improviso el pre para los ciclos. Con unas cabillas soldadas paralelas uno ponía la rueda de adelante en un espacio y ahí quedaba presa por una cabilla pequeña que estaba vertical. Subí las escaleras y saludando amigos y amigas que andaban por ahí esparcidos, fui buscando a Daniela entre el tumulto, que desesperados con lápiz y papel en mano, trataban de buscarse en las listas.
Había muchas personas alegres, otras no tanto, lamentándose de que no hicieron para obtener una calificación mejor. Así, sin uniformes vestidos de calle, todos nos veíamos diferentes, era un aire distinto al fastidioso uniforme de pantalón amarillo ocre y camisa blanca. Al fin logre encontrar a Daniela —que no sé cómo había hecho pero ya estaba de primera en la aglomeración anotando— Me llamaba la atención un grupo de aduladores que estaban alrededor de una de las profesoras de física. Nunca fui bueno para esto, tenía mis profesores favoritos y con quienes simpatizaba más que con otros, pero de sacudirle el hilo de la hombrera o de henchirle diciéndole: “mi profis hermosa, esta radiante, espectacular, toda una hurí perfumada…” asi como le guataqueaban estas cuatro chicas que la invadían como los perros africanos a su presa.
Seguí esperando que Daniela saliese de entre el tumulto, pero ahí seguía con su bolígrafo acotando cada detalle. En una de esas vi que me miro seria, bajo la mirada y continúo. Daniela seria, nunca me anunciaba nada bueno, era algo que no fallaba. Por uno de los pasillos que daba a la entrada del PRE vi que venía Donato. Traía puesto una camiseta amarilla fluorescente y un short playero azul de flores naranjas, bien extravagante como le gustaba a mi amigo. Enseguida que me vio se acercó, pero antes les dio un abrazo y besos a varias chicas que se le acercaban buscándolo.
— ¡Asere que fula! —Me dijo con tono con tono de lamento, mientras nos dimos un corto abrazo—
— ¿Qué paso?
—Espérate, déjame ver… —dijo mientras me revisaba la nariz y la boca como si fuese mi médico de cabecera— ya en unos días no tienes nada… Compadre que saque sesenta en matemáticas, el mínimo, por poquito me suspenden…no y tú sabes que con esa nota este PRE me puede sacar de aquí y mandarme para uno becado en el campo y al de mejor nota del PRE en ese lugar, lo mandan por mi cupo para acá…
—Sí, eso siempre ha sido así, pero como están las situaciones no creo estén haciendo eso — dije como siempre tratando de calmar a mi socio.
— ¿Qué no?... mira acere, ¿ tú crees que si un pirujo de esos allá en el PRE del campo —en casa de la pinga, rodeados de grillos, alacranes y guasasas— saca cien y yo aquí sacando sesenta, ¿no hacen el cambio? Súmale lo que dan esos guajiros metidos allá por estar aquí en la ciudad.
No supe que contestarle porque en realidad tenía razón, y de estos revolucionarios se esperaba cualquier cosa. Por fin salía Daniela de ese nudo de chicos que luchaban por lo mismo. La cara que tenía no era muy alentadora, no deje de mirarla fijo. Pensé que la mala suerte tiene rachas, cuando pasa algo malo espera dos o tres cosas más, al menos conmigo funcionaba así. Daniela saludo a Donato con un abrazo y luego se me quedo mirando
— ¡Nuno, suspendiste matemática! —Tuvo quebranto de voz cuando termino la frase—
— ¡Coño asere…!. —Se lamentó mi amigo dando una vuelta en el lugar— ¡Cojone como va a ser eso si tú eres un mecha’o en los números, mejor que nosotros dos juntos!
— Vamos a la catedra de matemáticas para hablar con la profesora…
No tenía instintos de reacción, era como si no me importara nada de la noticia que me daban, de que si iba o no a la catedra a reclamar en frente de la profesora, todo me daba lo mismo. Supongo era parte de ese letargo luego de explotar otra mala noticia en mis manos. Donato incito a Daniela a ir conmigo rumbo al habitad de la profesora que nos hizo el examen, y quedo en ir a mi casa después.
Tomándome de la mano como un niño chiquito, Salí remolcado por ella directo hacia un largo pasillo con un piso de granito brillante que anunciaba nuestro paso debido al silencio por la ausencia de más personas en él ya que la aglomeración estaba en los murales de la entrada. La última puerta era nuestro objetivo. Llegamos y se encontraba entre abierta escuchándose cuchicheos y risas. Daniela toco con el dedo índice derecho doblado, de inmediato la termino de abrir el profesor Gilberto. Un señor bajito de una calva media luna y espejuelos al estilo John Lennon. En su mano derecha siempre su inseparable bastón, debido a que de joven le dio la polio mielitis y quedo lisiado de una pierna. No era precisamente profesor de matemáticas, sino de español y gramática pero muchísimas veces se le podía encontrar en alguna otra catedra haciendo bromas y hablando cuantas cosas se le ocurriese.
Daniela y yo le agarramos idea debido a que, detrás de esos chistes que hacía y su apariencia culta y jovial. Una tarde que íbamos en la guagua, lo vemos desde adentro, —como se apuraba con su bastón por alcanzar el autobús antes que el chofer arrancara y de hecho ya lo estaba haciendo— Una señora, buena samaritana, que lo ve, le grita al conductor a toda voz: “¡Chofer para…para, que viene el señor cojo!” El hombre detiene la guagua y espera al profesor. Después de subir ya teniendo ubicada a la mujer que en su alarido llamo la atención de todos, se le acerco y delante de la multitud le dijo: “Si el cojo, el cojonudo… vieja puta”. Desde ese entonces le teníamos mucho margen cada vez que le veíamos, Daniela le hizo este cuento a su mamá y ella dijo sarcásticamente que: “Menos mal era profesor y enseñaba”.
El precisamente tropezando con el bastón y la puerta entre abierta logro abrirla del todo para que pudiésemos pasar. Allí se encontraba sentada muy relajada “Doña cálculo”— como le dice Donato a Rafaela, la profesora de matemática—Con más gangarrias que nunca. Una blusa blanca de puntos rojos y unas argollas plásticas de puntos iguales, tenía los labios pintados de un rojo algo más intenso que los cachetes de Daniela en estos momentos. Cuando nos vio sonrió irónica y sobretodo se quedó mirándome fijamente, como esperando la visita y consiente de su motivo.
Cerca de ella en la mesa se encontraba el profesor Manuel, blanco bajito de bigotes y aunque nos había dado tres clases en el año cuando Rafaela se ausento debido a una novedad en la familia, esos fueron mis mejores turnos de matemática debido a lo buena persona y bonachón de este profesor, que en cuanto se dio cuenta que veníamos para hablar con su colega, pidió permiso y tratando de alcanzar al cojo salió, no sin antes cerrar la puerta.
— ¡Señorita Daniela y señor Nuno! — dijo sin tener siquiera el detalle de invitarnos a sentar—no pierdan su tiempo, aquí no hay nada que hacer…
—Profesora Rafaela… por tres puntos — rebatió Daniela.
— ¡Por los que sea Daniela! Por los que sea.
— Usted no pudo buscar en todo el examen alguna mínima cosita de donde completar esos tres puntos y así tener los sesenta mínimos que hacen falta para que no pierda el año. ¿Sabe usted que lo van a expulsar del Pre-universitario al repetir el año…? ¡Por Dios profesora!, solo tres puntos…
—Lo siento, eso fue lo que el saco, esos cincuenta y siete puntos fueron los que acumulo… que quieres ¿qué mienta…?
—No, para nada, solo le pido de corazón, buscar entre esa maraña de números algún motivo, alguna opción para darle los tres miserables puntos que lo llevara a no perder el año… — Daniela se le rajaba la voz y estaba a punto de ponerse a llorar— usted sabe que Nuno era uno de los mejores en su aula, incluso bastantes veces el me ayudaba a mí a resolver ecuaciones y miles de problemas. ¡No es justo! porque usted sabe que él es uno de los mejores incluso que muchos de los que hoy están allá afuera riendo y alardeando.
No aguanto más y se puso a llorar mientras reclamaba, las lágrimas le corrían por sus cachetes enrojecidos. Esto me conmovió más que el propio problema que tenía delante, ver a mi chica como sufría mi dolor, como me defendía y demostraba con cada lágrima el amor que sentía hacia mí —lo que me daba mucho orgullo—. No sé por qué me dio por mirar los tres cuadros que se encontraban guindados de la pared, uno era de Camilo Cienfuegos sonriendo con su eterno sombrero, el del medio era de Fidel Castro con la barba y gorra verde oliva también eternas, y el de la derecha era el Che Guevara, con un tabaco en la mano, algo más serio que los otros, con su negra y eterna boina de la estrella en el medio. No entiendo por qué me detuve a mirarlos mientras estaba enredado en el problema más grande que había tenido, y mi chica lloraba sin consuelo.
— ¡Vámonos Daniela…!— por fin tuve una reacción, volteándome para irme—
— ¡No, no! Nuno…no puedes rendirte así como así. Tiene que haber algo que se pueda hacer…
— ¡Negativo procedimiento! — Interrumpió la revolucionaria maestra —aquí no hay nada más que hacer señorita… y le advierto más bien, usted preocúpese por salir mejor de lo que salió. Aquí necesitamos alumnos íntegros, dignos de este Pre-universitario.
Quede esperando a que Daniela se levantara y viniese hasta a la puerta. Mi chica se levantó secando las lágrimas con más rabia que sentimientos y cuando sintió que ya no quedaba alguna por secar se acercó a la profesora sentada.
— ¿Sabes quién va a mejorar para el curso que viene?...la resinga de tú madre, ¡Vieja hija de puta…!
Cuando escuche esto viéndola inclinada al oído de la señora, Salí corriendo para agarrarla y no pasara a mayores. Daniela estaba más roja que cuando discutimos en aquella farmacia por las pastillas de mi mamá, incluso estaba más roja que cuando hicimos el amor. Le aprendí y despegue de allí llevándomela de una vez. Ni se inmuto la emperifollada señora, más bien se comportó como si esperara esa reacción en Daniela. Fuimos a la salida y Dani me dijo que la esperara allí, sorprendiéndome su cambio de ruta, yendo directo a la dirección del PRE. Desde la entrada vi que se tardaron en abrirle la puerta, hasta que por fin lo hicieron y fue el propio director. Un tipo súper comunista, bueno para eso de ser el director de algún lugar en Cuba, tenías que serlo y sobretodo tener colmillos de lobo revolucionario, bien afilados.
No me gustaba la idea de que estuviese sola con ese tipo debido a que tenía mala fama de estar siempre en completo coqueteo con las muchachas. Un tipo de unos cuarenta y cinco años pero se arreglaba como si fuese el secretario de la reina Isabel, el cabello lacio y peinado al medio, con una sonrisa pícara siempre en la boca. Se creía el propio heraldo de los Dioses del olimpo, y las chicas lo veían como tal. Cada 28 de septiembre, día del aniversario de la creación de los C.D.R (COMITÉ DE DEFENSA DE LA REVOLUCION, aunque más bien debería llamarse DVOR (DENUNCIA AL VECINO QUE ODIA LA REVOLUCION) Siempre en este día comentaba en altavoz ante la formación del matutino, sus cuatro encuentros con Fidel Castro, y con ello, todas las adulaciones y admiraciones eterna por este. Muy revolucionario pero tenía una hermana menor que vivía cerca de la casa de Daniela y se la pasa por todo el reparto vendiendo aceite, arroz, o lo que le cayera para vender, meroliqueando en el mercado n***o.
Daniela tardo unos veinte minutos, y salió llorando más que en la catedra de matemáticas. Algunos chismosos se volteaban a mirarla mientras caminaba hacia la entrada del recinto en donde le esperaba. Se notaba que al verla en ese estado muchos cuchicheaban y creaban sus historias de lo que veían, incluso en uno de los grupos de estudiantes que se reunían en las escaleras, vi que algunas chicas rieron. El ser humano es así, tienen el morbo de regocijarse aliviando sus problemas viendo que otro tiene uno peor que el de ellos.
Buscamos la bicicleta y a la hora de sacarla una de las cabillas verticales no dejaba salir la rueda delantera, como no estaba de muy buen humor le di un jalón grande y de una salió. Nos fuimos de ahí y no dijimos palabra alguna, como a los cinco minutos comenzó a decirme lo que hablo con el director. Me dijo que este fue más contundente, se limpió las manos como Pilatos, alegando que si la profesora responsable del examen lo reprobó, por algo era. Es más le dijo que ya tenía la planilla lista para enviarla a la zona educativa y que inmediatamente me trasladaran a un PRE en el campo, que ya desde hoy a este plantel no pertenecía y que debía llegarme en tres días a firmar la planilla. Mientras pedaleaba iba como asimilando el problema en el que estaba metido, sobre todo ese disgusto que le causaría a mi madre al decirle que me expulsaron del instituto debido a que reprobé.
Después de comentarme esto, ella no me hablo más ni yo a ella. Llegue a su casa la deje y me fui directo al malecón solo. —Estaba la tarde sumamente linda, no había una sola nube — me quede mirando a unos pescadores con sus cañas. Todos en shores, en chancletas y sin camisa. Se retaban a ver quién agarraba un pargo o roncador. El más viejo de ellos les grito que no hablaran tanta mierda, que como el que el agarro —por los años noventa— jamás en esta zona nadie lo ha pescado. Otros dos más jóvenes se pasaban una botella de “chispa de Tren” escondida en una bolsa de papel hecha con periódicos Granma. Uno de ellos saco un pez flaco y más chico que una sardina, lo que causo la risa y burla de todos.
—Lo pondré en el anzuelo como carnada y atrapare con ese uno más grande que el que puedan pescar ustedes. ¡Parti’a de come’ pingas…!
Se defendió este sin poder evitar que dejasen a un lado las burlas. Igual se puso a hacer pasillos de salsa mientras sostenía la vara de pescar en una mano. — Es que el cubano es así, a mal tiempo buena cara o al menos una mueca simulando una sonrisa que ocultara el dolor—. Y así transcurría el tiempo en la nostálgica, desarreglada y bohemia Habana. Negociantes clandestinos, hambre, calor sofocante, alguna que otras amenazas de ciclones y huracanes, chispa de tren y discursos presidenciales nauseabundos por horas y horas, eran parte del día a día.
Decidí callar la tragedia que tenía encima, callar como mismo calle la charranada de mi padre con aquella tipa, callar como lo hacen los propios peces. No sabía que sería de mi futuro por más que Daniela trataba de convencerme de mil cosas que hacer, ella sabía que ninguna de ellas resultaría en este país. Por otra parte, pensé contarle a mi mama ya cuando se estuviese acercando septiembre. No tenía aun el valor de causarle tan feo disgusto, y de verdad no tenía ni idea de que pasaría con mi vida. Debido a esta incertidumbre que me acorralaba, dormía poco, me acostaba escuchando radio o leyendo hasta las tres, cuatro de la mañana y luego a las siete u ocho estaba ya en pie.
Daniela y yo fuimos a un par de conciertos más. Uno fue de Gerardo Alfonso y el otro de Polito Ibáñez, todos trovadores y rockeros. Ya en los conciertos y reuniones lo que más se hablaba era de quien se lanzó al mar en balsa, quien llego y quién no. Todo era, “¿Te acuerdas de fulano, te acuerdas de mengano?”. Lo cierto es que era en aumento el número de gentes que se iban en balsas. En el barrio ese era el tema a diario. Allí se habían ido tres muchachos jóvenes y no se sabía de ninguno. La mamá de dos de ellos andaba como si nada por la calle en un short muy corto mostrando — a sus cincuenta años— algo de su cuerpo. Mucha gente le preguntaba y la entrevistaba por todas las esquinas. Como ella, ya estaba siendo común en familias enteras la espera de noticias de algún ser querido que decidió partir.
Por estos días había mucha más tensión en la Habana. Apenas comenzado julio de 1994, y radio Martí daba la noticia que una avioneta rusa AN-2 (Antonov) que fumigaba la Habana contra las plagas de mosquitos. El piloto subió toda su familia a escondidas y salió directo rumbo a la Florida. A los días, un helicóptero MI-17 — también ruso— perteneciente a la policía, hacia la misma ruta con dos familias dentro. La gente estaba desesperada en toda Cuba y día a día pasaba algo. Me iba a casa de Daniela y allí quedaba hasta tarde junto a su papá y la abuelita, escuchando las noticias de radio Martí.
El 13 de julio, como a las ocho de la mañana, Dani me fue a buscar, despertándome con el rin rin de su bicicleta. Pensé era algún mandado de su mamá y como siempre quería que le acompañara. Pero no se trataba de ninguna encomienda o diligencia, sino de ir a su casa para que escuchara la noticia del día. Me fue contando por el camino que era lo que había ocurrido. Se trataba de una tragedia con una lacha que se había querido ir hacia el norte cargado de gente.
Llegamos a su casa y ya estaba la señora Marina, doña Marta, además del señor Gonzalo, en el cuarto de la abuela pegado al equipo ruso VEF 206— tosco y con un diseño cuadrado bien feo, pese a esto era valiente y luchador con la señal. Hijo de la Unión Soviética, pero colaboraba muy bien en la lucha con una señal de puras interferencias por parte del gobierno cubano. — exponiendo las noticias desde Estados Unidos. Cuando se ponía neciamente Intermitente yendo y viniendo la calidad de lo que se recibía, el padre de Daniela no sabía ya que maldiciones decir, y trataba de mejorarla pegándole a la base, un bigote de antena de televisión. Todos estábamos esperando que fuesen las nueve en punto para que dieran las noticias
Había un silencio total entre todos. En efecto, en la madrugada cerca de las tres de la mañana, un grupo de 72 personas, entre ellos diez niños, se bajaron de una guagua rumbo a una parte retirada de la bahía Habanera —cerca de la estación eléctrica de “Tallapiedra”—en donde los esperaba un vetusto remolcador de 1500 caballos de fuerzas. Su capitán, acomodo a la mayoría en la proa. Con todo en calma, sin brisa y un áurico sueño de libertad, partieron con las luces apagadas para no ser vistos por la posta de guarda fronteras que se encontraba en la capitanía del puerto. Pero fue en vano ya que cuando iban por la boca de la bahía rumbo a aguas abiertas, se le acercaron dos remolcadores modernos, uno por babor y otro por estribor provenientes del muelle de Regla. Los bombardearon con una presión de agua que solo se usa para apagar incendios en barcos grandes. Aun así se les logro escapar el viejo remolcador, en donde, para seguridad de los niños les escondieron en la pequeña bodega de este.
Logrando huir de los dos descomunales y agresivos remolcadores yendo hacia mar abierto y con el rumbo fijo al norte. En esta ocasión no pudo escapar de un militar y moderno buque guarda frontera que los intercepto y hacia grandes remolinos para causar oleajes que los hundiese. Cayeron, por esta irresponsable maniobra, muchas personas al mar ahogándose —de nada sirvieron las suplicas de que habían niños dentro, más bien cuando se enteraron de esto aumentaron la agresión—. Se sumaron los dos remolcadores anteriores que golpeaban por todos lados a la embarcación. Hubo dos envestidas finales, uno los golpeo fuertemente por la proa y el otro se subió por la popa hundiendo mortalmente al remolcador 13 DE MARZO. Murieron 37 cubanos, entre ellos diez niños.
Las palabras de don Gonzalo nunca las voy a olvidar. Mientras Daniela, su mamá y abuela lloraban.
— ¡Malditos sean estos hijos de puta comunistas de mierda…! canceres de esta isla. Indignos de llamarse humanos, solo piensan en guerras muertes y fabricar héroes. Son peores que ese líquido viscoso y fétido que sale cuando se aplasta una cucaracha… si llego a tener unos cuantos años menos, hace rato me hubiese ido en una balsa… Un tiburón, un mal tiempo, rayos y centellas, todos juntos no se comparan al disgusto de vivir el día a día en esta isla.
Todos quedaron mirándolo cuando dijo esto de irse en balsa, juzgándolo de la irresponsabilidad en sus palabras. Yo quede por un instante pensando en cuanta razón tenían cada una de ellas. De inmediato dieron una noticia sobre estadísticas otorgadas a radio Martí por la organización “Hermanos al Rescate”. Un grupo de pilotos civiles en la florida. Se conformo en 1991, con el objetivo de ayudar a los cubanos que estaban en el estrecho de la Florida en balsas, informando a los guardacostas norteamericanos su ubicación, también daban ayuda humanitaria con agua, comida y medicinas. Uno de sus lemas era: "Apoyar los esfuerzos del pueblo Cubano a liberarse de la dictadura a través del uso de la no violencia"
Estos eran los verdaderos héroes del pueblo cubano. Andaban informando del incremento en los últimos días de balseros y embarcaciones rumbo a los Estados Unidos, incluso estaban ellos trabajando el doble debido a esto, temiendo y advirtiendo un éxodo masivo de cubanos en las aguas poco calmas del estrecho. Advirtieron que había mucha gente falleciendo en los intentos.
Lo que se estaba viviendo eran momentos muy tensos en la Habana. A cada rato era la noticia de una nueva embarcación robada para llevársela a los Estados Unidos. El hambre se hacía más impactante, los apagones en toda Cuba eran el pan nuestro de cada día y noche. Era raro en la isla encontrarse con alguien gordo, todos estábamos flacos, ojerosos, con la poca ropa gastada bailándole en el cuerpo como las velas de un velero. Más bien en el país estar rellenito o hasta gordo era visto como alguien de dinero, alguien pudiente que llamaba la atención de todos, incluso de las chicas.
Daniela y yo con tantas tensiones y tras los comentarios de que estaban muriendo muchas personas en el estrecho de la florida y rumores que se habían encontrado restos de balseros en las playas, evitamos ir para allá. Más bien tratábamos de ir a otros lados como parques, —de lo que la Habana estaba llena—. Fuimos a ver obras de teatro, una de ellas la versión a la cubana de la película Vaselina, ya tarareábamos las canciones, fue muy divertido y relajante ir a verla, también algún que otro juego de béisbol, en eso nos pasábamos los días.
Sin contar la parte favorita nuestra, luego de hacerlo por primera vez, fue como un abrir de la caja de pandora, no sé si se destaparon nuestros demonios internos o ángeles enamorados, pero hacíamos el amor casi todos los días. Justamente el día que fuimos a ver la obra de teatro Vaselina, nos dirigimos al baño en plena puesta de la obra y allí lo hicimos. En mi casa, papá no estaba casi nunca allí y cada vez era más los días que ni amanecía en casa, en las mañana llegaba Daniela y nos montábamos como conejos, no por lo rápido, todo lo contrario, sino por la frecuencia. Llegamos hablar de embarazos de tener niños, — Daniela soñaba con eso, yo era más escéptico por la situación del país y los tantos problemas—
Un día comenzó a decir que estaba retrasada su menstruación por tres días y que eso nunca le había pasado. Daniela no dormía, pensando como diría a sus padres que estaba embarazada, yo tampoco pero en realidad estaba más tranquilo y no me comía las uñas como ella. A la semana nos fuimos a una posta médica y hablamos allí con el médico de la familia. Estas casas de dos pisos, la de arriba donde vivía el médico y su familia y la de abajo era el propio consultorio. Lo bueno de estas postas médicas, aparte de la atención básica, era que no se tenía que estar trasladándose a hospitales debido a los problemas serios de transporte en la isla.