El señor de gorra militar tenía en su mano derecha unos cuantos sobres de correo, pero evidentemente no era el cartero de siempre en el barrio. Así que de esa profesión no era. En las manos de mi padre había un sobre que ya estaba abierto leído y jurungado. El señor cara de buena gente se puso más serio que cuando entre, de inmediato me dio la mano. Su frente era un charco de sudor y percate que se veía más joven de lo que vi en un principio. Tuvo dos sonrisas presionadas y nerviosas, como si se sintiera infausto. Era de ojos saltones, flacos y narizones, con un bigote descuidado y pronunciado.
Papá todo lo contario, estaba impúdico, y por las venas le salía una imprecación de los mil demonios. Me era muy sospechoso el a esta hora aquí y esperando por mí, nada bueno seria. José Martí dijo en una ocasión: “Los hombres se dividen en dos bandos, los que aman y construyen, y los que odian y destruyen.” mi padre era netamente de estos últimos.
—Acá el compañero Carlos Cruz, — alego mi padre con su típico tono irónico — que viene de la comisión militar municipal, pero nada. Mejor quiero que lo escuches de su propia voz.
Mi padre se apartó y quedo observando mi cara con una sonrisa tan mediocre, pero que ya ni me importaba, prestaba atención a lo que diría ese señor, el cual quedo en silencio, incluso me dio la sensación que se impresionaba con la ironía y el despotismo de este hacia su descendiente. Igual respiro profundo, seco el sudor de su frente con el antebrazo derecho, donde tenía todos los demás sobres, y le hizo señas a mi padre de que le permitiese el que ya tenía en la mano. Este, con una sonrisa de oreja a oreja se lo accedió.
—Compañero Nuno Rodríguez González —dijo con voz carrasposa y opaca luego de abrir la hoja— Usted está siendo citado para el 1 de septiembre de este año 1994, a las 07:00, en el comité militar de la Habana Vieja ,en donde será pasado por la inspección médica militar respectiva y después de esto— siendo aprobado—, ira a los tres años correspondientes de servicio militar.
— ¿No es esto genial? – Interrumpió en un alarido mi padre con la misma sonrisa de oreja a oreja.
Lo único que paso por mi mente fue que no iría a ningún servicio militar cuésteme lo que me cueste no sabía la manera pero no iría., prefería morir que caer en las garras del mismísimo dragón rojo. Asimile lo que me decían ya con ese coraje obligado que crea uno internamente cuando las malas noticias llegan tomadas de las manos como tiernas lesbianas enamoradas. Trate de controlarme y no mostrar ningún tipo de debilidad ante ese ogro despiadado que gozaba verme mal.
—Pero yo apenas estoy de vacaciones, no sé de dónde llega esta cita. — dije en un intento de defenderme.
—El pre universitario enseguida paso la notificación reportando a la comisión militar que te habían sacado del plantel, a su vez, el ministerio de educación no reporto que hubieses presentado a la inscripción para algún P.R.E en el campo, quiere decir que estas baja educativa.
El cara de buena gente ya me caía mal, —primero por la noticia que portaba y segundo porque comenzó a explicar y hablar con esas mismas características de todos los comunistas, autoritario, engreído, y con ademan de gran líder—. Todos eran la misma porquería. Era un infierno el sentir estar acorralado sin respiro, pero este día comenzaba mi maestría de hombre. El mensajero del infierno este, intento darme el sobre y el papel, sin embargo mi padre estiro la mano y lo tomo.
— ¡No camarada!, esto lo conservo yo y el primero de septiembre se lo entrego a nuestro futuro soldado… ¡Patria o Muerte! Compañero… ¡patria o muerte!
Se despidieron militarmente y yo sonreí pero con toda la ira y decepción dentro. Baje los escalones de la pequeña escalera, no se ni como porque ni mire. Camine en una sola dirección — la casa de Daniela— mientras lo hacía bajo el intenso sol, me paso por al lado el mismo portador de los sobres, timbrándome con la bicicleta, yo ni la mano levante, ese saludo me importaba una mierda. Pobre de los otros chicos — ¿Que pensaran como yo de este gobierno? —y ahorita les llevase ese demonio tan malas noticias, de verdad un sentimiento como este no se lo desearía ni a mi peor enemigo.
El camino se me hacía eterno, necesitaba ver a Daniela ya, y deseaba no estuviese durmiendo. No tenía ganas de hablar con nadie, ni aguantar perorata de sus padres, ni su abuela, —con todo el respeto— pero mi ánimo estaba como el Titanic cuando se hundía. Por el camino pasaron tres muchachos en bicicleta llevando amarrados al tubo del medio, unos remos, pedaleaban apurados. Recordé a Donato y su fuga, me vinieron muchas ideas a la cabeza pero seguí apurado donde Daniela.
Al llegar, me la encontré en el portal de la casa hablando con su mamá. No pude disimular y mucho menos esperar a estar solo para contarle. Me afloraron todos los sentimientos juntos y frustraciones de tantas cosas, no tan buenas, que se mezclaban dentro de mí. Ella, al verme, y conociéndome bien, sintió que algo ocurría. Me abrace a ella y llore sin consuelo. —Doña Marta abrió la puerta y le indico a Daniela que pasáramos—. No hacían más que preguntarme que sucedía, al principio se creyó algo relacionado con mi madre, hasta que entre sollozos, lagrimones y mocos sueltos, les conté todo.— La abuela que ya se incorporaba a la plática de inmediato fue al patio a buscar unas hojas de tilo para prepararme—. Entre doña Marta y la señora Marina, se cruzaban frases como… “Ave María purísima”, “virgen de la caridad del cobre y los tres juanes”, “Por los clavos de Jesús”, —y la que más me llamo la atención—cuando la anciana se iba en búsqueda de sus hojas, “No vayas a ningún servicio militar de mierda”
Daniela con lágrimas en los ojos, lamentaba la mala suerte y la angustia de vivir en esta isla. Hablamos todos mientras me tome el tilo — un poco dulce— y después fui con mi chica al cuarto, mientras las dos señoras de la casa se quedaron en la cocina hablando del tema. Daniela se acostó a mi lado y me sobaba el cabello aplacándome un poco el alma y el físico también. Doña Marina no hacía más que sintonizar radio Martí cada hora para escuchar las noticias. Pero se nublo y la emisora apenas se escuchaba, y cuando caían algunos truenos era peor. Así se había puesto el día, típico de Cuba, lo mismo hay un sol que descaece, que de pronto vienen unas nubes pandilleras, se unen, y realizan la derogación del astro rey cayendo truenos y una lluvia sin consuelo.