Capítulo 14

1280 Palabras
Una mañana que lo atormentaba mientras me miraba de nuevo con cautela. —Le he dado vueltas todo el día en la cabeza, tratando de entender por qué pasó. Creo que fue como la tormenta perfecta o algo así. La semana pasada fue el aniversario del asesinato de mi papá. Desde que te presenté a mi mamá, volví a enojarme con eso. Como si ver lo que le hizo arrancara la costra de esa herida. Y luego, en este trabajo que estoy haciendo, el financiador está a punto de irse a la quiebra. El dueño me culpa por no avanzar lo suficientemente rápido con la obra. Dice que ya debería estar abierto para generar ingresos. El tipo ha estado haciendo llamadas para que me reemplacen. Y después vine aquí, sentí que iba a perderte por Stephen, y entré en pánico. —¿Pánico? Lucio, no gritaste —dije—. Me lastimaste. Nunca en un millón de años pensé que harías algo así. —Cambié el peso de un pie al otro—. Hay algo dentro de ti que no sabía que existía. Algo que… —Que no es suficiente —dijo él. —No es eso lo que quiero decir. —Sí lo es —añadió Lucio—. Aunque no quieras admitirlo. —No intentes darle la vuelta a la situación —dije—. No te acusé de no ser suficiente, así que deja de poner palabras en mi boca. No me di cuenta de que estaba temblando hasta que vi a Lucio mirando mis manos con aprensión. Podía verlo luchando contra el impulso de envolverme en sus brazos. —Lo siento por haberte agarrado —susurró Lucio. —No solo me agarraste —corregí—. Fuiste hacia mí. Me perseguiste, me tomaste de la muñeca y apretaste tan fuerte que pensé que se iba a romper. Me estrellaste contra la pared. Tenía moretones en el cuerpo. Moretones de verdad. No estaba bien con eso, y no estaba bien con que él pensara que yo estaba bien con eso. Lucio negó con la cabeza. —No puedo creer que haya hecho esto. Siempre supe que iba a arruinarlo de alguna manera. En el largo silencio que siguió, retorcí los dedos, luchando con lo que estaba a punto de decir. —Mira, de verdad siento todo lo que has pasado. Pero no podemos volver simplemente a como estábamos. Lo que pasó lo cambió todo. Habrá otra vez en que me hagas enojar o en que te sientas inseguro sobre nuestra relación. No me siento segura, y no confío en ti. En nosotros. —Me atraganté con la última parte entre lágrimas, porque en muchos sentidos sentía que estaba fallándole al Lucio de ocho años que merecía que alguien, solo una persona, no lo abandonara—. Ya no puedo estar contigo. No sé por qué me sorprendieron mis propias palabras ni por qué el pánico me recorrió la sangre. Supongo que parte de mí tenía miedo de que, cuando le pidiera que se fuera y no volviera a hablarme nunca, me hiciera caso. Se llevó las manos al rostro, negando con la cabeza. —Por favor, no digas eso. Las llamas a mi alrededor ardieron con más fuerza y, por dentro, mil cuchillos me atravesaron. Lucio cayó de rodillas, bajó la cabeza y gimió. Se me revolvió el estómago ante la imagen de la persona frágil frente a mí. Cada gemido suyo era acompañado por uno mío mientras permanecía ahí, paralizada, incapaz de creer que pudiéramos pasar de un romance tan perfecto como un picnic al atardecer a este infierno oscuro en el que estábamos ahora. Lucio avanzó de rodillas y apoyó la frente en mi estómago mientras ambos llorábamos. —No puedo vivir sin ti —sollozó—. Eres lo único bueno que me ha pasado en la vida. Tal vez era más grande que yo físicamente, pero en ese momento yo tenía todo el poder: el poder de destruirlo. Y lo odiaba. Entrelacé los dedos en su cabello, queriendo empujarlo lejos y consolarlo al mismo tiempo. Todo era tan confuso. Pensé que se sentiría blanco o n***o, pero no era más que gris. Cuando amas a alguien, el amor que sientes no es una llave que puedas cerrar de golpe. Cuando lo amas incondicionalmente, lo sigues amando, incluso cuando ha hecho algo terrible. Con Lucio de rodillas, a mi merced, no era tan fácil rendirme como había creído. —Por favor, no me dejes. Voy a buscar ayuda, terapia, lo que haga falta. Solo… por favor, dame otra oportunidad. Eres la única persona que ha creído en mí, y no puedo vivir conmigo mismo si te pierdo. Se me cerró la garganta cuando Lucio se puso de pie, recorriendo mi mandíbula con el dorso de los dedos. —No creo poder hacer esto —lloré. Tomó mi rostro entre sus manos, respirando con dificultad, jadeos de pánico, mientras yo miraba sus ojos inyectados en sangre. La desesperación lo desbordaba. —Tú eres todo para mí. Verlo desmoronarse hacía aún más difícil entender cómo lastimarlo de esta manera podía ser lo correcto. Miré mis extremidades temblorosas. No había una buena respuesta aquí. Ningún camino que se sintiera correcto. No podía imaginar mi vida sin él; su amor era mi oxígeno. Todos los sueños que habíamos construido juntos, la felicidad absoluta. No podía simplemente olvidarse. Pero después de lo ocurrido, ¿cómo podríamos volver a ser nosotros? —Te juro, Joana, que esto fue una llamada de atención para mí. Por favor —suplicó Lucio—. Por favor, no te rindas conmigo. Si te pierdo, no sé qué voy a hacer. Por favor. Lloraba. Y por más que no quisiera sentir nada al verlo así, lo sentía. Mi corazón se resquebrajó, y todo el amor que tenía por él se desbordó, por más que intenté detenerlo. —Te amo —lloró—. Por favor, no te rindas conmigo. —Negó con la cabeza—. No puedo vivir sin ti. Tú eres todo mi mundo. No tengo una familia a la que le importe una mierda. No tengo una carrera elegante. Tú eres todo lo que tengo, y no puedo seguir si no te tengo. Preferiría morir. Con cada palabra, me arrastraba más profundo a la oscuridad de la confusión, el viento arremolinándose a mi alrededor, nublando mi visión de lo que estaba bien y lo que estaba mal. De cuál era la decisión correcta y cuál sería un error. Me palpitaba la cabeza. Pasara lo que pasara, esta decisión sería algo que analizaría por el resto de mi vida, porque perderlo no era solo perderlo a él ahora, era perder todo el futuro del que me había enamorado también. Todo dolía tanto que daría cualquier cosa por terminar con el dolor. ¿De verdad era posible volver a ese pedazo de cielo que habíamos tenido? —Me mata haberte lastimado —dijo Lucio con suavidad—. Por favor, no tires todo lo que tenemos. Dame la oportunidad de ganarme tu confianza otra vez. Por favor. Danos una oportunidad. Me había dado todas las razones para irme, y aun así lo quería. Quería volver a nosotros. Quería regresar a la vida que tenía sentido, al futuro lleno de color, al amor tan intenso que él era el epicentro de mi universo. ¿Podíamos volver ahí? ¿Valía la pena al menos intentarlo? —Esto es tocar fondo para mí, Joana, lo juro por mi vida. Por favor —dijo, acariciándome las mejillas—. Por favor, no te rindas conmigo. Me tembló el labio. —¿Nos darás una oportunidad? —susurró.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR