La mesa de los niños había sido colocada, pero los padres de ambos niños insistieron que ellos debían permanecer en la mesa de la familia real de Busan, en especial por los problemas que habían tenido recientemente con Dongjunie.
La melliza había interactuado poco con ambos niños, pero por fortuna, no había sido una niña irritante y molesta como había sido anteriormente, sino que fue algo cortante, pero educada. Su madre le había pedido que se disculpara por lo que hizo años atrás y ella lo hizo sin rechistar, viéndose sincera.
Por lo que el único problema real era el mellizo Wooju, quien los veía con molestia desde la mesa de los niños.
―Se ven muy guapos, seguramente las fotos salieron muy bonitas―habló Yejun mientras estiraba su mano y acomodaba el cabello de su cachorro, quien le sonrió con mejillas rellenas con agua.
― ¿Podemos ver las fotos después? ―preguntó Sehun, quien estaba realmente interesado en poder tener alguna de ellas en su habitación.
―Sí, nos las darán al terminar la fiesta y podrán quedarse una cada uno―asintió Jiho, dejando nuevamente el vaso sobre la mesa.
―Gracias, papi.
La fiesta había comenzado y en ese momento las familias reales se encontraban en sus propias mesas, a excepción de los niños, quienes se mantenían en la mesa infantil. Solamente un príncipe y un duque habían aceptado sentarse en la mesa junto a los mellizos y no se les notaba del todo cómodos con la situación, pero los otros pocos niños se habían negado completamente, así que tuvieron que agregarse a la mesa de sus familias.
Era un poco triste, porque se supone que la fiesta era para los mellizos, pero ellos mismos se habían ganado ese trato.
―La mesa está repleta de regalos―susurró Dongjunie mientras veía la mencionada, la cual había sido colocada a la vista de todos, para que se notara la cantidad de regalos que había.
―Siempre reciben regalos así, nosotros también―le recordó Sehun, el castaño asintiendo―Pero no tiene amigos, nosotros festejamos nuestros cumpleaños con los niños del pueblo y los hijos de los reyes y es muy divertido, ellos no tienen amigos que los quieran.
Dongjunie tomó el brazo contrario por debajo de la mesa, quedando abrazados en un movimiento mayormente involuntario.
―Es verdad, además de que ahora apesta y hace que su olor sea muy fuerte―arrugó la nariz, haciendo que Sehun asintiera con asco, porque él también había sentido su irritante olor en grandes cantidades, cuando intentó intimidarlo.
―Es molesto, apesta y se cree mejor que los demás. Todo malo, por eso nadie quiere ser su amigo―ambos veían al mellizo sin mucho disimulo mientras hablaban, el mencionado manteniendo la mirada gacha mientras enterraba el tenedor sobre la mesa, mientras que los pocos niños a su alrededor hablaban con la melliza.
―Quiero sentirme un poco mal por él, pero verlo enterrar el tenedor en la mesa es algo bastante complicado―aquel comentario hizo que Sehun riera, estando de acuerdo con eso.
―No nos puede dar lástima, es malo.
Ambos suspiraron y prefirieron el dejar de hablar sobre el mellizo, porque con la suerte que tenía, era capaz de darse cuenta de que estaban hablando de él e irlos a enfrentar a la mesa.
De un momento a otro, las luces bajaron y la reina de Ulsan se presentó en el escenario, por lo que todos comenzaron a aplaudir.
―Muchas gracias a todos por presentarse al onceavo cumpleaños de mis mellizos, apreciamos a todos los que están aquí hoy y también las muestras de cariño que han traído para mis hijos―sonrió amable la mujer, soltando un suspiro ligeramente angustiado después de aquellas palabras―A petición de mi hijo, dará un pequeño espectáculo de canto, demostrando su talento que…que va mejorando poco a poco.
Los menores fruncieron el ceño, Dongjunie acercándose más a Sehun.
― ¿El mellizo sabe cantar? ―preguntó extrañado, haciendo que el pelinegro negara rápidamente.
―Una vez lo escuché cantar un poco y no es muy bueno, aunque no sé si ha mejorado un poco―hizo una mueca, viendo cómo el mellizo se acercaba al escenario, tomando el micrófono de las manos de su madre.
Una canción lenta comenzó a escucharse a través de las bocinas en el gran salón, haciendo que todos vieran con atención al mellizo, quien veía específicamente a la mesa de Dongjunie y Sehun.
― ¿Por qué nos mira? ―preguntó el menor, incomodo por la constante mirada de esos ojos rasgados que le daban tanto asco.
―No lo sé ¿Crees que la letra sea de insultos y por eso nos mira? ―preguntó con una sonrisa, despegando la vista del mencionado y enfocándola en Dongjunie, quien lo vio también.
―Si insulta sus padres lo van a regañar, aunque también sería divertido ver cómo lo castigan―ambos rieron bajito, estando de acuerdo con eso.
“Solo quería venir a decirte que eres especial”
Ambos niños hicieron una mueca cuando escucharon la voz estridente en las bocinas, sabiendo que esa reacción no era únicamente de ellos, sino que todos los presentes habían tenido un pequeño shock por la voz nada agradable del mellizo.
― ¿Es una canción de amor? ―chilló horrorizado Dongjunie, manteniendo su abrazo en el brazo contrario, por lo que no necesitaba gritar para que lo escuchara, a pesar de la música fuerte y la fea voz.
“Y aunque sé que crees que soy un tonto, me gustaría decirte que me siento diferente contigo”
―Al parecer, es una sorpresa―apretó los labios cuando un gallo se escuchó, haciendo que sus oídos dolieran ligeramente.
El mellizo mantenía la vista sobre ellos mientras cantaba, haciendo que muchos de los invitados dirigieran la mirada hacia ellos, no logrando comprender el motivo de la constante vista.
― ¿Por qué mira hacia acá mientras canta una canción de amor? ―preguntó Juwon con una mueca, porque el niño no le agradaba en lo absoluto, de hecho, nada.
―Está viendo a los niños―comentó Yejun con una mueca idéntica a la de su alfa.
“Porque haces que mi corazón vuelva a latir de una forma especial”
De un momento a otro, el mellizo comenzó a caminar hacia el frente, haciendo que la atención se colocara nuevamente en él, todos totalmente confundidos. Wooju se acercó a uno de los floreros que estaban en las mesas de decoración, tomando una de las rosas blancas naturales que se mantenían ahí.
―No me digan que vendrá hasta acá―preguntó Jiho mientras intentaba aguantar una carcajada, cubriéndose la boca con una mano, para que nadie viera su falta de respeto― ¿A quién le dará la rosa?
―Yo creo que se la dará a Dongjunie―habló Haneul, viendo que el chico cada vez estaba más cerca y cómo los niños se removían incómodos sobre sus sillas.
―Oh, no. No se atreve.
Como si fuera una señal, en mellizo llegó finalmente hasta las sillas de Sehun y Dongjunie, quienes lo veían con incomodidad, no sabiendo qué estaba haciendo. Los invitados veían la escena como algo romántico, algunos suspirando e incluso aplaudiendo bajito, porque claramente no sabían la mala relación que tenían ellos con el mellizo.
“Por eso quiero que te quedes conmigo”
Muchos de los presentes en la fiesta suspiraron alto cuando el mellizo extendió la rosa hacia Dongjunie, quien lo vio con sorpresa y miedo al mismo tiempo, porque ahora todos los ojos estaban sobre ellos, especialmente sobre él y su reacción.
Sehun frunció el ceño lo más que sus músculos faciales le permitían, sintiendo unas ganas enormes de tomar esa rosa y lanzarla lejos, en especial porque se la estaba dando a Dongjunie una persona tan insoportable como el mellizo.
―No quiero―habló en voz alta el castaño, manteniendo el agarre en su mejor amigo, quien estaba tenso―Eres malo, no quiero una rosa de tu parte.
El mellizo apretó los labios mientras veía a los lados, notando que todas las miradas estaban sorbe ellos, haciéndole sentir muy avergonzado.
―Soy mejor que él―insistió, señalando a Sehun con la cabeza, haciendo que el príncipe se molestara más y apretara el agarre sobre el castaño.
―No, no lo eres. Tú eres malo con todos y dañas a las personas, no entiendo por qué de la nada me das flores y dices que quieres que sea tu omega, eres raro―se quejó mientras tomaba la mano contraria para poder bajarse de las sillas, dejando al mellizo con la rosa extendida―Déjame tranquilo.
Los murmullos comenzaron a escucharse y la música se detuvo, haciendo que todo fuera más incómodo.
―Iremos al jardín un momento, por favor nos avisan cuando venga la comida, papá―pidió el castaño, recibiendo un gran beso en la mejilla con una enorme sonrisa, porque claramente el alfa estaba feliz por la respuesta de su hijo.
―Claro, cariño.
Ambos niños salieron cuando escucharon la voz de la reina de Ulsan en el micrófono, seguramente disculpándose por el momento tan incómodo o algo similar, no sabían exactamente qué porque se alejaron rápidamente.
―Es un tonto, siempre llamando la atención y ahora queriendo parecer alguien lindo y con sentimientos―bufó totalmente molesto Sehun, no superando para nada lo que acababa de pasar, encontrándose muy indignado―Y la gente veía mucho, querían que tomaras la rosa.
Dongjunie los dirigió hasta las mesas del exterior, empujando con cuidado a su amigo para que se sentara en una de las sillas frente a él.
―Pero no la tomé, no quiero nada de él. Ayer me atrapó y no me quería dejar ir y hoy nos hace pasar pena frente a las demás familias, no quiero nada―comentó con desprecio mientras colocaba ambas manos sobre la mesa, dejando las palmas hacia arriba, para que el contrario pudiera colocar sus manos sobre ellas.
El príncipe asintió, apretando las manos ajenas.
―Solo me gusta cuando tú me das flores, las tuyas las cuido y las mantengo en mi habitación―explicó con una sonrisa sincera, aunque Sehun estaba completamente consciente de que Dongjunie cuidaba todo los regalos que le daba.
―Solo dice que es mejor que yo, dice lo mismo siempre―el castaño negó rápidamente.
―No es mejor en nada, ni siquiera el olor. Nada de nada―habló seguro―Tu olor está más fuerte ahora, pero no me molesta, sabes que me gusta muchísimo.
Y es que ante la molestia que había sentido segundos atrás, su olor había comenzado a ser más escandaloso de lo normal, por lo que había dejado rastros en el camino hasta el jardín y la mesa exterior.
―Estaba molesto, creo que por eso el olor se volvió más fuerte.
Dongjunie se hincó sobre la silla y se estiró hasta lograr darle un beso en la mejilla al contrario, haciendo que se avergonzara un poco y sonriera apenado.
―Nadie es mejor que tú.