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1901 Palabras
Soltó un suspiro su padre lo tomó de la mano, ambos comenzando a bajar los escalones para llegar al tercer piso y poder llegar a la habitación. ―El mellizo se presentó como alfa también, por lo que ahora puede que sea más molesto que antes―explicó Haneul mientras caminaban, haciendo que el menor asintiera, comprendiendo. Por fortuna para ellos, no se habían topado de cerca con los mellizos, solamente cuando fueron recibidos en el reino por la familia real, pero después se fueron corriendo hasta sus habitaciones y no les dijeron más. ― ¿Es un alfa dominante, también? ―preguntó con real curiosidad, el adulto soltando una risita mientras negaba, pareciéndole gracioso el comentario. ―Claro que no, cariño. Es un alfa normal―el menor asintió, logrando ver a lo lejos al mellizo, quien seguía parado fuera de la habitación. ―Entonces ¿Eso significa que soy más fuerte que él? ―su duda no fue hecha con malicia, pero quería tener aquello asegurado ante cualquier problema que pudiera presentarse. ―Bueno, por la edad él sigue teniendo un poco más de fuerza, pero al ser un alfa dominante tendrás más fuerza que él a medida que crezcas―explicó, haciendo que el menor asintiera, guardando esa información para su utilidad en el futuro. Sehun no era un niño violento para nada, no le gustaba el pensar en que tendría que golpear a alguien en algún momento o que otra persona podría golpearlo, pero sabía que debía prepararse para cuando alguien quisiera hacerle daño y no dejarse lastimar. ―Si él me hace algo malo o a Dongjunie ¿Qué puedo hacer? Haneul apretó los labios cuando vio al niño darse cuenta de su presencia, por lo que se alejó de la puerta, como si no supiera sus intenciones. ―Tu lobo, aunque esté menos desarrollado que el del mellizo, es más fuerte. Por lo que deja que domine la situación y su lobo se arrodillará ante el tuyo―explicó mientras seguían caminando, colocando una sonrisa falsa en su rostro, para que el niño no sospechara nada. ―Bien. ― ¡Rey Haneul! ―soltó un chillido el mellizo, haciendo que al adulto le diera un pequeño tic nervioso en el ojo por lo irrespetuoso que era ese niño. ―Usa honoríficos, príncipe―le reclamó, colocando una mano sobre la perilla. Sehun mantuvo su mirada seria sobre el mellizo, quien lo veía con una sonrisa de lado. El olor a lavanda comenzó a expandirse por todo el lugar, haciendo que el más pequeño frunciera la nariz con asco, porque era demasiado fuerte. ― ¿Qué haces aquí? Esta no es tu habitación―le preguntó Sehun con voz neutra, manteniendo su aroma a la medida, porque no quería que el otro la sintiera. Además de que era difícil, ya que había apestado todo el lugar con olor a lavanda. El mellizo se acercó más a él, no mostrando que estaba molesto, porque Haneul seguía ahí. ―Este es mi castillo, mi reino―movió las manos, extendiéndolas para darle mayor énfasis a sus palabras―Puedo estar donde me dé la gana y no eres nadie para cuestionarme. Haneul mantenía la mirada sobre ambos niños, queriendo ver hasta qué punto podían llegar, en especial su hijo. ―Este no es tu castillo, tampoco tu reino―le recalcó, no temiendo por la cercanía que el más alto quería imponer―Y tengo derecho, porque los reales dueños del castillo me han permitido el quedarme aquí y eso significa tener privacidad. El mellizo apretó los puños, manteniendo el contacto visual. ― ¿Por qué te crees el rey de todo? ¿Eres consciente que tu hermana es mayor y ella será la reina? ― ¡No, yo soy más capaz! ¡Yo tendré el trono porque soy un alfa y ella una estúpida beta! ―gritó mientras intentaba mantener la distancia, haciendo que Haneul se acercara un poco más, pero no interviniera en la pelea. ―No, no funciona así. Tus padres son inteligentes y saben que el reino padecerá si tú gobiernas―intentó explicar, dando un paso hacia atrás por la peste―Tu hermana es igual de irritante que tú, pero ella al menos lo reconoce y está intentando mejorar. Tú siempre serás un niño inmaduro y agresivo y eso solo hará que te dejen de lado. Sehun dio otro paso hacia atrás, dirigiéndose hasta la puerta de la habitación para poder entrar, sin decirle algo más al enfurecido mellizo. Haneul sonrió y entró a la habitación igualmente, viendo cómo el chico se iba enfurecido por los pasillos, pensando en que no había sido necesaria su intervención en lo absoluto. ― ¡Sehunie! Tenía miedo de que el mellizo te hiciera algo, a mí no me quería dejar en paz―escuchó la voz rápida del castaño, por lo que desvió la mirada de la puerta y la enfocó en los niños, quienes se abrazaban. ―No hizo nada, no se atrevió porque papá estaba conmigo―lo reconfortó, dándole caricias en la espalda, para que pudiera calmarse un poco y dejar de temblar. Haneul se acercó más a los niños, sentándose a la orilla de la gran cama, porque quería hablar con el castaño sobre lo que había pasado. ―Dongjunie ¿Qué te hizo el mellizo? ―preguntó mientras colocaba una mano sobre el hombro del mencionado, quien se soltó del abrazo para poder acercarse a él. ―Me dijo que quería que fuera su omega, porque yo era bonito―comenzó a explicar, tomando la mano de Sehun y colocando la libre sobre la rodilla contraria―No me dejó escapar y cubrió mi boca fuerte con su mano, por eso no pude gritar. También dijo que era patético y que era mejor que me quedara con él, porque Sehunie y yo seríamos omegas patéticos. Sehun bufó, rodando los ojos. ―No sabe nada, es infantil, aunque sea más grande que nosotros―se quejó, haciendo que el castaño asintiera―Y tú serás mi pareja, no la de él. ―Sí, eso es verdad―comentó sin dudarlo Dongjunie, haciendo que Haneul soltara una pequeña carcajada―Pero le di un golpe en su parte íntima y logré escapar. Sehun exhaló encantado, mostrando una enorme sonrisa ante las palabras contrarias. ―Eso es muy bueno, ojalá haberlo visto―apretó la mano del más bajo, haciendo que Dongjunie asintiera rápidamente, ya que se sentía orgulloso de eso. ―Bueno, creo que todo esto es una buena oportunidad para que tomemos en consideración clases de defensa personal―explicó, haciendo que ambos niños le prestaran atención nuevamente, ya que se habían dejado ir por la emoción―No para pelear, pero sí para saber qué hacer ante estas situaciones. ―Yo sí quiero―aceptó rápidamente el castaño, viendo a su amigo―Creo que será bueno y así podemos pasar más tiempo juntos ¿No crees? ―Uh ¿Pero tendremos que golpearnos entre nosotros? ―preguntó inseguro mientras veía a su padre. ―No, claro que no. Les enseñarán algunas técnicas para defenderse, pero no pelearán entre ustedes, esa no es la idea. Después de acordar el iniciar clases de defensa personal al regresar a Busan, los niños se mantuvieron entretenidos en la habitación hasta que llegó la hora de el peinado y maquillaje. Dongjunie no había olvidado lo de su corte de cabello, por lo que cuando sus padres llegaron, los alejó de los demás y les contó lo que quería hacerse, los adultos prometiéndole que le avisarían a la Noona que tenía el permiso de cortarle el cabello, por lo que el menor estuvo bastante contento. No quería contarle a Sehun, porque quería que fuera sorpresa, así que simplemente se despidió para poder ir a que le colocaran la ropa y lo dejaran bonito. ―Tú ya eres bonito. Le aclaró Sehun antes de irse. La peluquera tomó muy en serio su papel de dejarle un corte bonito a Dongjunie, primero porque era parte de su trabajo y sabía hacerlo muy bien, pero la principal razón es que el castaño tenía rizos muy bonitos y sería una pena el arruinarlos por un mal corte. ―Te ves precioso―chilló la mujer encantada, viendo al pequeño con su traje formal y nuevo corte, haciendo que se sonrojara ligeramente―Muy guapo, encantador. ―Muchas gracias a usted, Noona―agradeció mientras daba media vuelta sobre su lugar, dándole una reverencia a la mujer―Gracias a ustedes que trabajan duro―le dio una reverencia más a las demás personas que se encontraban ahí, quienes le sonrieron. ―Eres una hermosura ¿No pueden quedarse ustedes en lugar de los mellizos? ―preguntó sin pensarlo una de las trabajadoras, haciendo que Dongjunie soltara una risita― ¡Ay! Por favor no les diga a los mellizos que dije eso. Dongjunie negó, bajándose con cuidado de la pequeña tarima. ―No se preocupe, Noona. Los mellizos no me agradan tampoco, así que entiendo que esté estresada por ellos―se encogió de hombros, haciendo que los empleados en el lugar quedaran más encantados con el pequeño de rizos cortos. Dongjunie se mantuvo escondido de Sehun la mayor parte de tiempo que se le permitió, pero a la hora de bajar hacia el gran salón, tenían que reunirse todos, por lo que no podía escapar mucho más. ―Mi niño, te ves hermoso―chilló Yejun cuando vio a su cachorro, tomándolo en brazos para dejarle besos en las mejillas― ¿Te gusta tu corte? ―Sí, papi. Noona es muy buena. Ambos padres le tomaron muchas fotos a su pequeño, aunque no habían llevado su propia cámara, le pidieron una a los fotógrafos de la fiesta, quienes las prestaron sin problemas, ya que los niños también habían sido buenos con ellos. Cuando la sesión de fotos personal terminó, la familia llegó hasta el otro pasillo, en donde se encontraba la familia real. Sehun soltó la mano de su padre omega cuando vio a lo lejos a su mejor amigo, jadeando sorprendido cuando vio que su cabello había sido cortado, además del bonito traje que llevaba puesto. Dongjunie caminó hasta él con las manos detrás de su espalda, sintiéndose un poco apenado por la opinión ajena sobre su cabello. El príncipe sintió sus mejillas calentarse, sabiendo que las tenía coloradas. ―T-Tu cabello―comenzó a hablar, haciendo que el castaño apretara las manos, nervioso―Está corto… Dongjunie sonrió de lado, asintiendo. ― ¿Se me ve bien? ―preguntó tímido, sabiendo que su amigo no era bueno hablando cuando estaba nervioso, por lo que no lo presionó a decir las cosas de golpe. ―T-Te ves, muy bonito―tartamudeó, haciendo que Dongjunie sonriera en grande, encantado con la reacción―Me refiero, siempre eres bonito, pero tu cabello corto te hace ver mucho más bonito. Aunque también ves bonito con el pelo largo…Ay. El castaño se carcajeó, saltando los pasos que lo separaban y abalanzándose en un abrazo apretado, haciendo que ambos dejaran los nervios de lado. La fiesta no sería demasiado larga y los niños solamente se habían prometido divertirse y cuidarse las espaldas, en especial ante la presencia del mellizo, quien ya había dejado en claro que no los dejaría en paz.
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