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1967 Palabras
Suspiró mientras se veía en el reflejo del gran espejo que estaba frente a él, viéndose a sí mismo con una sonrisa de lado, pensando en que no se veía tan mal como había pensado en un principio. Se sentía ligeramente incómodo, ya que no se encontraba en Busan y el hecho de estar en un lugar lleno de extraños, no le hacía sentir tranquilo en totalidad. Sabía que la gente que estaba a su alrededor era buena y que nadie le haría daño de ninguna forma, pero no dejaba de ser incómodo. ―Entonces ¿Qué tipo de peinado te gustaría llevar? ―le preguntó la amable omega que estaba a su lado, viéndolo a través del espejo, intentando relajarlo. ―Uh, no lo sé. No suelo peinarlo mucho―comentó sincero, haciendo que la chica asintiera, comprendiendo. ―Tienes un cabello muy hermoso, podemos hacer algo para resaltar tus rizos, ya que tienes el cabello algo largo―comentó mientras acariciaba los mencionados, los castaños cabellos llegando casi a sus hombros. Dongjunie apretó los labios, no gustándole demasiado. ―Realmente no me gusta que sea tan largo, quisiera cortarlo, mucho―aquello sorprendió a la chica, porque si ella tuviera un cabello así de bonito, se lo dejaría crecer hasta los pies, si fuera posible. ―Entiendo, yo podría cortarlo, pero tendría que consultarle a alguno de tus padres―dijo mientras asentía, porque ella solamente era una de las estilistas reales del reino de Ulsan, por lo que no podía hacer algo sin autorización de los adultos―Esta es solo una prueba, por lo que, si consigues el permiso de tus padres, puedo cortártelo como desees. Ese día habían llegado al reino de Ulsan por la celebración del onceavo cumpleaños de los mellizos, en donde se haría una gran fiesta en el castillo, con las familias cercanas e importantes para la familia real. Dongjunie y Sehunie claramente habían sido invitados por los reyes, aunque sabían que los menores no tenían la mejor relación, querían que festejaran junto a ellos en un día importante, además de que sus padres no irían sin sus niños. ―Papi siempre me dice que puedo tener mi cabello como desee, así que le diré que le dé el permiso. Gracias, Noona―sonrió, haciendo que la amable mujer sonriera y asintiera, dando un paso hacia atrás. El trato que le brindaban a Dongjunie y su familia era el mismo que se brindaba a la familia real de Busan, porque eso era lo que habían declarado los reyes de Ulsan. Por lo que ellos también usarían trajes hechos a la medida por los mejores costureros del reino y arreglados por los mejores estilistas, por lo que debían tener las pruebas antes de la gran noche. La fiesta sería de todo, menos infantil. Por lo que debían presentarse elegantes, aunque sí podrían acceder a una gran mesa de postres y regalos exclusivos para los niños, que no eran tantos, pero al menos unos cinco. Los mellizos no tenían amigos de su edad, mucho menos amigos que pertenecieran a familias reales, por lo que los reyes se habían visto algo limitados, invitando a sus colegas y amigos más que a infantes. Igualmente, muchos de los reyes no estaban teniendo hijos en esos momentos o solamente mantenían bebés, por lo que no podían disfrutar como los más grandes. ―No es nada, joven Dongjun. Hemos finalizado con las pruebas, puede retirarse y muchas gracias por su disposición―el menor asintió mientras se bajaba de la silla, colocando ambas manos detrás de su espalda para darle una reverencia a su mayor y salir de la habitación. Dongjunie había visto con anterioridad a aquella Noona luchar con los mellizos horas antes, los necios niños intentando escaparse de la prueba y haciendo que la pobre mujer comenzara a lamentarse por tener que trabajar con niños así. Se había visto bastante sorprendido y enojado cuando el mellizo había roto su camiseta y los botones habían salido volando por todo el lugar. Pensó en las horas que tuvo que llevarse el costurero en hacer aquella linda camisa, como para que un niño caprichoso la arruinara en segundos. Por eso, había corrido junto a Sehun para poder ayudar a los adultos a encontrar los diez botones perdidos, logrando encontrarlos después de varios minutos, recibiendo múltiples agradecimientos de los adultos. “No deberían agradecer tanto, es normal que queramos ayudar” Le había dicho Sehun cuando salieron de la habitación de pruebas, haciendo que el castaño estuviera de acuerdo, porque él también se había sorprendido. “Son trabajadores de los mellizos, no me extraña que puedan pensar que todos los niños somos así de malos” Complementó. Al salir de la habitación de pruebas, bajó unos grandes escalones con cuidado para poder ir al tercer piso e ir a la habitación que se le había sido asignada a su familia, quienes probablemente también estarían en medio de pruebas de vestuario y maquillaje. Pero sabía que Sehunie lo estaba esperando ahí, porque se habían prometido encontrarse ahí al terminar con las pruebas, por lo que se dirigió rápidamente hasta allá. Dio reverencias cortas a las personas que pasaban a su lado, logrando ver a lo lejos que alguien se encontraba frente a la puerta de la habitación de él y sus padres, haciendo que frunciera el ceño. Era un niño, específicamente, el mellizo. ―Oh, aquí estás―habló el chico mientras caminaba lentamente hasta Dongjunie, quien se había quedado quieto a unos pocos centímetros de la puerta. Dongjunie frunció el ceño, intentando sobrepasarlo. Sin embargo, el mellizo lo tomó de la muñeca y la apretó con mucha fuerza, haciendo que el castaño chillara con dolor, intentando zafarse del agarre. ― ¿No me notas algo diferente? ―preguntó sin intenciones de dejarlo ir, manteniéndose tranquilo sobre su lugar, con una sonrisa de lado a lado. ―Más tonto, eso te noto―habló sin pensar, colocando su mano libre sobre el agarre del mellizo e intentando arañarle para que le soltara, pero el mayor parecía no querer ceder. ―Siempre muy gracioso, Dongjunie. Pero no, eso no es lo diferente en mí―Dongjunie jadeó cuando fue tirado de repente, su cuerpo chocando con el pecho del mellizo, quien claramente era más alto y fuerte que él. En ese momento, pudo sentir un olor a lavanda desprender del mellizo, haciendo que su nariz se frunciera, porque detestaba ese olor. ―Apestas―jadeó sin pensarlo, haciendo que el mellizo levantara ambas cejas, viéndolo con incredulidad. ―Huelo a lavanda ¿A quién carajos no le gusta la lavanda? ―preguntó con real molestia, haciendo que Dongjunie apretara los labios por la mala palabra, pero no dejara su intento de separarse del más alto. ―A mí no me gusta, así que aléjate de mí, por favor―el castaño intentó separarse nuevamente, no logrando nada. ―Bueno, dejando de lado tu pésimo gusto, quería comentarte que me convertí en un gran alfa hace unos meses, como puedes notar… ―No me interesa, suéltame. El mellizo bufó molesto y tiró con fuerza del más pequeño, pegándolo contra la pared, para que no pudiera escapar. Los ojos del menor se abrieron por completo, asustado. ―Aunque seas malditamente irritante, eres un niño muy bonito y realmente me gustaría que te reserves para mí―comenzó a hablar despectivo, viendo al castaño con burla―Dudo muchísimo que seas un alfa, podrás ser de todo menos un alfa, por lo que creo que sería un honor para ti el tenerme como tu alfa. Dongjunie frunció el ceño con molestia, porque le daba mucho asco el pensar en estar al lado del mellizo por mucho tiempo, en especial como algo más que conocidos, porque ni siquiera se consideraban amigos. ―No quiero que seas nada mío, así que deja esa idea sin sentido―se agitó fuertemente, logrando salir del agarre contrario, corriendo hasta la puerta de la habitación― ¡Sehunie, ayuda! El mellizo corrió también para poder atraparlo, tapándole la boca con una de sus manos, haciendo que Dongjunie chillara mientras se agitaba. ― ¿Crees que tu amigo debilucho puede hacer algo para ayudarte? Ese niño será un patético omega como tú y no puede hacer nada contra un alfa como yo―le apretó el rostro, haciendo que el castaño jadeara, levantando su rodilla con fuerza, logrando darle un golpe en la entrepierna al contrario. El mellizo jadeó mientras se dejaba caer hacia atrás, siendo esa la oportunidad del castaño para correr y esconderse en la habitación, la cual tenía la puerta sin seguro. Cerró la puerta con rapidez y colocó el seguro, apoyándose en la madera mientras respiraba rápidamente, intentando regular su respiración. La luz estaba apagada, por lo que era claro que no había nadie y Sehun aún no había salido de su prueba de vestuario. ―Si Sehunie viene ahora, el mellizo estará afuera―susurró para sí mismo, encendiendo la luz de la habitación antes de moverse hasta la cama, intentando encontrar algo que le fuera de utilidad. Apretó los labios mientras veía la mesita de noche, en donde estaba el teléfono de la habitación. Se acercó para poder ver mejor, notando que había un papel pegado en la pared con los números de cada habitación, buscando la que fuera la de alguna sala de pruebas. “Habitación de pruebas de vestuario uno, infantil” “Habitación de pruebas de vestuario dos, principal” Levantó el teléfono y comenzó a marcar, esperando que sus padres o los de Sehunie estuvieran ahí y atendieran. Esperó impaciente, moviendo sus piernas con nervios mientras escuchaba los sonidos que le indicaban que la llamada se estaba realizando, esperando que su mejor amigo no bajara solo. ―Habitación de pruebas principal, en este momento estamos en medio de una prueba. ― ¡Soy Kim Dongjun, acompañante de los reyes de Busan! ―chilló antes de que la persona colgara el teléfono, ansioso―Por favor, necesito hablar con alguno de los reyes. ―Oh, entiendo. Deme un momento. Apretó las manos, pensando que un momento era demasiado para su nula paciencia en esos momentos. ― ¿Hola? ¿Dongjunie? ―escuchó la voz del rey omega. ―Hyung, el mellizo me molestó cuando llegué a la habitación de mis padres y ahora está afuera esperando para poder molestar a Sehunie también―habló rápidamente, intentando que el chico de afuera no escuchara. ― ¿Qué? Espera…―Dongjunie escuchó algunos susurros al fondo, haciendo que el menor se aliviara, porque eso significaba que Sehun no había bajado aún y no se enfrentaría solo con el mellizo―Listo, cariño. Sehunie estaba por salir en unos minutos, pero ahora su padre irá con él. Dongjunie sintió alivio al escuchar eso, permitiéndose el acostarse sobre el colchón. ― ¿Te hizo algo? Dime, por favor. ―Dijo que es alfa y que quiere que sea su omega, no me quería dejar ir y me tapó la boca mientras me pegaba a la pared―comentó con pesar, escuchando un gruñido molesto del otro lado―Pero logré escapar y estoy en la habitación seguro, no puede entrar. ―Ese mocoso…No le hagas caso, él no te puede obligar a nada. No te preocupes por Sehunie, irá con su papá y no podrán hacerle nada, a ti tampoco―el castaño asintió, aunque sabía que no podían verlo. ―Gracias, hyung. Esperaré a Sehunie. La llamada finalizó y el castaño mantuvo su vista sobre el techo, pensando. No le gustaba el sentirse débil y tener que temer a que pudieran dañarle, era un sentimiento desagradable y él quería aprender a defenderse. Quizá las clases de pintura debían ser reemplazadas por defensa personal. 
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