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2057 Palabras
Salto en el tiempo. Edad de Min Sehun y Kim Dongjunie: 8 años. Soltó una carcajada mientras se escondía detrás del árbol que brindaba una gran sombra en el lugar, pensando en que el grueso tronco lo cubriría perfectamente y sería bastante complicado el que lo encontrara. Sentía sus manos temblar y pequeñas carcajadas queriendo salir de su garganta, por lo que se cubrió la boca con ambas manos, porque si reía o siquiera soltaba una pequeña risita, su escondite se iría a la mierda. ―Aunque intentes esconderte, no vas a evitar que te encuentre―se paralizó totalmente al escuchar aquella voz, quedándose quieto como una estatua, pensando en que solamente decía eso para molestarlo y no porque realmente ya lo hubiera encontrado. Asomó su rostro un poco, logrando ver a Sehun caminando a su dirección, solamente que mirando a otro lado para intentar encontrarlo. ―Y cuando te encuentre, te haré cosquillas hasta que llores―esa amenaza hizo que abriera los ojos con sorpresa, apretando los labios para evitar el gritarle que era un tonto, porque sabía que realmente haría una cosa tan horrorosa como esa. Se conocían demasiado como para saber las mañas del otro, en especial porque han estado juntos desde sus inicios de vida y aunque en los años que pasaban ellos cambiaban, fácilmente lograban adaptarse al otro. ― ¡Te atrapé! ―gritó mientras apoyaba sus manos en el gran tronco, jadeando confundido cuando notó que no había nadie detrás de ese árbol, por lo que soltó un pequeño bufido. No escucho una risita de parte de su amigo, pero estaba seguro de que se estaba burlando de él en ese momento, en especial porque había gritado con mucha seguridad que lo había encontrado, cuando no fue así. ―Estás mejorando, pero igualmente podré encontrarte―habló con seguridad, dejando de lado su ego dañado por no haberlo encontrado, caminando para poder seguir buscando. Se dirigió a la zona en donde había árboles más frondosos, sabiendo que esa parte no era la favorita de Dongjunie, en especial porque le daba miedo, pero no descartaba la posibilidad de que estuviera ahí solo para ganarle. ― ¿Estás escondido aquí? ¿Sabes que a esta hora salen las serpientes? ―intentó asustarlo, utilizando voz jocosa mientras veía a todos lados, no queriendo perderse su escapada―Te pueden morder. Seguía caminando entre las hojas secas, no estando pendiente de lo que pasaba detrás de él. Por lo que, cuando sintió un peso caer sobre su espalda de forma inesperada y para rematar, una mordida en el hombro soltó un grito bastante agudo mientras caía sobre el césped de cara. ― ¡Ya salieron las serpientes! ―chilló Dongjunie mientras soltaba carcajadas, manteniéndose sentado sobre la espalda baja de Sehun, quien bufaba mientras se separaba del césped― ¡Gané! El castaño se levantó y le ofreció la mano al pelinegro, quien lo vio con los ojos entrecerrados mientras aceptaba la ayuda, ligeramente resentido. ―No ganaste, gané yo―se cruzó de brazos cuando finalmente pudo levantarse, sintiendo su hombro punzar ligeramente por la mordida―Además de que me has mordido, es trampa. Una de las cosas que habían cambiado con el pasar de los años era que Dongjunie había encontrado una fascinación por morder a Sehun. Claramente no eran mordidas demasiado fuertes, pero le daba mucha gracia el que el pelinegro se molestara con él y le reclamara, por lo que lo hacía siempre que pudiera. Al principio Jiho y Haneul se habían asustado al ver mordidas en los brazos u hombros de su hijo, pero después Sehun y Dongjunie les explicaron la situación y ellos comprendieron, solamente les pidieron que no fuera tan recurrente, porque podía dañarse realmente. ―No es trampa, gané y me debes el batido de naranja con zanahoria―habló con una ceja alzada, acercándose más al pelinegro, quien lo veía con los ojos entrecerrados. ―Bueno, lo que el enano me pida―aceptó con ese apodo ridículo que le había colocado al castaño recientemente, haciendo que este jadeara indignado, dándole un golpe en el brazo mordido. ― ¡Solo eres más alto por unos centímetros y aún nos falta crecer! ―señaló con su dedo índice, el cual fue bajado, Sehun tomando su mano para entrelazar sus dedos y regresar al castillo. Dentro de su desarrollo, ambos mantenían una estatura similar o incluso la misma, pero en esos últimos años, Sehun le había superado en altura de repente, haciendo que tuviera un nuevo dato para poder molestar al castaño, quien no terminaba de aceptar la idea de que su mejor amigo era más alto que él, cuando él era mayor por pocos meses. ―Pero no vas a ser más alto que yo, estas destinado a vivir como alguien más pequeño que yo―dijo mientras apretaba los dedos contrarios, haciendo que el castaño rodara los ojos y se adelantara un poco, pero no logrando escapar al tener sus dedos entrelazados. ―Eso no importa, igualmente puedo morderte―se encogió de hombros. Ambos entraron al castillo, sabiendo que sus padres no estarían del todo contentos al verlos con la ropa llena de tierra y lodo, ya que había estado lloviendo en los días recientes y como no podían evitar el revolcarse sobre el suelo al jugar, ahora eran un desastre. ― ¿Ya hiciste la tarea de matemáticas? ―preguntó Sehun mientras caminaban por los pasillos, dando pequeñas reverencias a los trabajadores que encontraban en el camino. ―No, papi me dijo que me ayudaría, así que iré a casa después de ducharme―dijo mientras soltaba un suspiro, porque las matemáticas no eran su material favorita ni de cerca. ―Bueno, yo tengo la clase de desarrollo en unos minutos, así que también tengo que limpiarme rápido―dijo sin muchas ganas, no porque tuviera algún problema con la materia, sino porque esa clase la tenía solo y no con Dongjunie. Habían agregado algunas materias para repasar, las nuevas siendo por separado, por lo que no se veían en aquellas horas. No estaba del todo seguro del porqué las tomaban por separado, ya que se había enterado de que veían los mismos temas, pero no había preguntado. ―Oh, suerte con esa clase, es bueno que no sea tan larga―comentó Dongjunie mientras tomaba la perilla de la oficina de los padres de Sehun, para que pudieran verlos. Cuando ambos entraron, las cejas de los adultos se elevaron al verlos todos llenos de tierra y lodo, ambos niños intentando darles sonrisas grandes para que olvidaran ese detalle. ―Tenemos que bañarnos―Sehun se inclinó para poder darle un beso a sus padres, quienes estaban sentados frente al escritorio. ― ¡Nos vemos mañana, reyes! ―sonrió Dongjunie mientras se despedía, ambos adultos despidiéndose también. ―Mañana te daré tu jugo―dijo Sehun mientras se acomodaba el cabello, ganándose la mirada del castaño. ―Claro que sí, lo esperaré. Cuando el menor se fue, Sehun se fijó nuevamente en sus padres, dándoles una sonrisa extendida. ―Esa ropa llena de tierra, a la próxima le diremos a las empleadas que tú lavarás tus propias prendas―dijo Jiho mientras lo veía de arriba hacia abajo, el niño corriendo cerca de sus padres. ―Papi, solo jugábamos a las escondidas y había lodo. Además fue Dongjunie quien me derribó―intentó justificarse. ―Bueno, hablaremos de eso después. Ahora ve a ducharte que tienes clase en unos minutos―intervino Haneul, haciendo que el menor asintiera, dándoles un beso en la mejilla a ambos antes de corres hasta su habitación para ducharse. Cuando terminó de arreglarse, esperó al maestro junto a sus padres y este llegó a tiempo, llevando los libros indicados para el repaso de ese día. La clase de desarrollo estaba enfocada en los cambios que su cuerpo y emociones podían presentar a lo largo de su crecimiento, además de darle información más certera sobre la presentación y lo que ser un alfa, omega o beta significaba. Era una clase un poco incómoda para él, no porque le enseñaran cosas demasiado explicitas, sino porque había cambios de los cuales no podía imaginarse sobrepasando, en especial en el de los omegas. ―Nos vamos a ubicar en la página treinta―dijo el maestro, por lo que el menor atendió, buscando la página indicada. Una imagen de un niño y una niña se presentaba en el libro, haciendo que leyera el título por curiosidad. “Etapa de presentación, conocimiento” Decía el apartado de la página. ―Bueno, hemos repasado un poco sobre la etapa de la presentación, una en la que usted podrá encontrarse pronto, príncipe―dijo con una sonrisa el hombre, haciendo que el menor asintiera con una mueca―Por lo que debemos saber cómo detectar si será un omega, alfa o beta. ―Entiendo. ―Usted ¿Qué desearía ser? Esa pregunta era algo que, recientemente, le hacían mucho, en especial los empleados del castillo. No entendía cuál era la importancia de ser omega, alfa o beta, para él era igual en sentidos fuera de los cambios físicos, por lo que no entendía la necesidad de saber. ―No lo sé, cualquiera está bien para mí―se encogió de hombros, haciendo que el hombre asintiera. ―Bueno, es normal que muchas veces no tengamos una elección preferida, por lo que no es problema―asintió―Sea lo que sea, es importante saber las señales de presentación. En el libro aparecía un cuadro donde separaba los síntomas de un posible alfa u omega. ―Normalmente, cuando ha llegado el momento de presentación, tanto alfas como omegas sienten un dolor agudo en el vientre, por lo que ese es un síntoma en común―señaló el vientre en las ilustraciones―Sin embargo, en donde podremos notar la diferencia, es en si emana líquido del ano. Aquello hizo que Sehun apretara los labios. ― ¿Líquido del…ano? ―preguntó, confundido. ―Sí, normalmente cuando se presenta un omega, el lubricante natural comienza a brotar del ano y descender, eso es un indicativo clave―prosiguió a señalar el dibujo del hombre―En cambio los alfas, comienzan a presentar fiebres altas. ― ¿Nada de líquido en el ano? ―Nada. Asintió, sintiendo pena por los omegas. ―Entonces presentarse como omega es más incómodo―afirmó, haciendo que el hombre asintiera. ―Lo es, pero así se da y no podemos hacer mucho para cambiarlo, lastimosamente―suspiró, acomodándose las gafas. ― ¿Y qué pasa con los betas? De los betas poco se hablaba normalmente, ya que ellos no solían presentar síntomas como los alfas u omegas, por lo que la información sobre ellos era limitada a comparación de los otros dos. ―Los betas no tienen una presentación como tal, sí sienten algo de dolor en el vientre, pero es algo leve y no dura mucho―explicó mientras movía las manos―El olor a leche se va, pero no desarrollan un olor propio. Sehun tenía mucha curiosidad sobre el tema de los olores, en especial porque no tenía idea del olor que él llegaría a tener. ― ¿Se puede tener un olor feo? ―preguntó de la nada, haciendo que el hombre soltara una risita ante la repentina pregunta. ―Bueno, sabe que de gustos hay variedad, pero sí―eso hizo que Sehun se preocupara―He conocido a alfas que no huelen a rosas, sino a cosas más desagradables. Conocí a uno que olía a queso. Sehun arrugó la nariz. ― ¿Y qué se puede hacer si nuestro olor es feo? ―No hay mucho remedio más que utilizar supresores de olor, pero es algo tedioso y caro, así que esperemos que su olor sea muy agradable. Un nuevo miedo se instaló en su cuerpo al pensar en que su olor podía ser desagradable, teniendo que llevar aquello toda su vida, sin poder cambiarlo. ¿Y si a Dongjunie no le gustaba mi olor y se aleja? Pensó con pesar. Mientras el maestro seguía explicando, aquella duda no podía abandonar la mente del menor, rogándole a la luna que le diera un olor decente, que no haga que su Dongjunie corriera lejos de él.
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