Apretó los ojos mientras intentaba despertar, sintiendo una molestia a su costado, haciendo que su ceño se frunciera en molestia, intentando apartar aquel bulto.
―Ay, cuidado―se quejó, haciendo que el castaño abriera sus ojos de golpe, acomodándose en la cama para poder ver bien.
Soltó un jadeo emocionado cuando vio que su mejor amigo se encontraba sobre la cama, pero no más en su forma de lobo, sino que como un niño, uno que se encontraba vergonzosamente desnudo.
― ¡Sehunie! ―gritó con alegría, haciendo que el pelinegro se asustara, ya que no era realmente consciente de su cambio, no al menos hasta que escuchó el grito y pudo verlo.
― ¡Dongjunie, finalmente soy niño de nuevo! ―chilló emocionado, lanzándose sobre el castaño sin darse realmente cuenta de su desnudez, el castaño soltando carcajadas mientras lo abrazaba de vuelta.
―Justo a tiempo para el festival, pensé que tendría que llevarte como lobo―el castaño se separó con cuidado y se bajó de la cama con cuidado, corriendo hasta el armario de su amigo, para poder tomar la bata que usaba antes de bañarse.
―Yo ya no quería ser lobo, pero no sabía qué hacer―comentó con pena el pelinegro, cubriéndose mientras extendía sus brazos para tomar la bata―Fue bonito, pero no mucho tiempo.
Sehun se colocó la bata para después bajarse de la cama, sabiendo que sus padres estaban despiertos por la otra habitación, porque podía ver la luz por debajo de la delgada puerta.
―Vamos, tus padres querían verte rápido cuando fueras humano―indicó el menor, tomándole de la mano para que ambos pudieran correr hasta la otra habitación.
Dongjunie abrió la puerta, viendo que ambos padres estaban terminando de cambiarse, pero ya tenían la ropa colocada.
Sonrieron en grande al ver que su niño era un niño nuevamente, por lo que el menor corrió hasta donde estaban sus padres y los abrazó fuertemente, los mayores hablándole sobre lo felices que estaban de verlo nuevamente como niño.
Había casi una semana como lobo, por lo que claramente su vista de niño nuevamente era tranquilizadora. Dongjunie se subió de un brinco a la cama, viendo todo con una gran sonrisa en su rostro.
― ¿No es mucha casualidad el que hayas vuelto a ser niño el primer día del festival? ―preguntó Jiho mientras bajaba a su hijo sobre la cama, para poder ir por ropa y levarle el rostro después.
―Eso pensé yo―comentó Dongjunie.
―Quizá mi lobo sabía que tenía que irse este día, no lo sé―soltó una risita encantadora, viendo a su padre omega ir a su habitación.
―Bueno, es una alegría tenerte como niño, mi vida―sonrió Haneul, dejándole un beso en la mejilla antes de ir a la habitación de su hijo también.
―Vamos a poder jugar en el festival―dijo Dongjunie mientras lo tomaba de las manos, haciendo que Sehun sonriera en grande, extrañando ese toque cercano―Le pregunté a papi si podía llevarte como lobo y me dijo que sí, pero ahora no es necesario.
― ¿Me ibas a llevar con una correa? ―preguntó mientras soltaba una carcajada, haciendo que el castaño asintiera con rapidez mientras reía igualmente.
―Sí, porque eres muy desobediente como lobito―se quejó el castaño mientras se cruzaba de brazos―Te tuve que regañar muchas veces.
Aquello hizo que el pelinegro se apenara, porque claramente recordaba todo lo que había pasado, pero en su parte de lobo las cosas no se veían tan extremas, como saltar para tomar la pelota o lanzarse de la cama sin pensarlo. Pensaba que eso era efecto del lobo, porque él solía ser más cuidadoso con ese tipo de cosas.
―Pero no era culpa mía, era el lobo, yo quería quedarme quieto, pero no podía―confesó mientras se encogía de hombros, haciendo que el castaño lo viera con los ojos entrecerrados, como si no le creyera.
―Bueno, pero tuve que cuidarte, así que merezco un premio―exigió sin estar en realidad molesto, solamente quería bromear con su mejor amigo y sabía que siempre lograba tener algún premio pequeño si fingía estar molesto.
―Cuando vayamos a la feria, ganaré para ti el premio que quieras―ofreció con ojos redondos, apoyando sus manos sobre el colchón para quedar más cerca y que el castaño no pudiera evitar su mirada―Tú dices lo que quieres y lo conseguiré para ti.
Aquello hizo que el castaño suspirara, asintiendo con una sonrisa jocosa, sabiendo que Sehun cumpliría su promesa totalmente.
―Bien, me gusta eso.
···
Sehun suspiró mientras mantenía sus manos entre la de sus padres, escuchando el discurso de inicio del festival que su padre alfa estaba dando, sintiendo la emoción recorrer su pequeño cuerpo, pero sabiendo que tenía que esperar.
El pueblo estaba decorado de forma muy bonita y los juegos comenzaban a brillar ante la semi oscuridad que comenzaba a caer en el pueblo, por lo que todo era muy llamativo para él. No era su primer festival, pero en definitiva era el primero que recordaría por más tiempo, a comparación de los anteriores.
Su padre terminó de hablar y dieron una reverencia al pueblo, estirando sus brazos cuando su padre omega lo tomó, para que pudieran bajar de la tarima.
―Muy bien, mi vida. No pueden ir a los juegos sin los alfas de la tropa y los quiero cerca de aquí a las siete ¿Entendido? ―le habló cerca, ya que por el ruido de la gente y la música, era difícil que le escuchara.
―Sí, papi.
―Nada de hablar con extraños ni recibir caramelos o dulces, solamente si los ganas de algún puesto y sabes que los alfas los revisaran antes de que los quieran comer―repasó Haneul, haciendo que el menor lo viera, asintiendo―Todo premio que recibas, los tomarán ellos primero y cuando sepan que son seguros, te los darán.
―Sí, papás.
Ante la respuesta positiva, bajaron al menor y este comenzó a caminar hasta donde estaba Dongjunie, claramente con tres alfas de la tropa detrás de él.
― ¡Vamos! ―chilló Dongjunie mientras estiraba la mano, el príncipe tomándola y ambos comenzando a caminar.
Los puestos no estaban demasiado llenos, porque había muchos para elegir, por lo que primero pasaron a uno en donde tenían que empujar patos de goma con pistolas de agua a presión, teniendo que regresarlas a su hogar.
― ¡Ya casi, ya casi! ―gritó con emoción Dongjunie mientras apuntaba a uno de los patos, logrando que entrara al agujero indicado― ¡Bien!
El hombre del puesto aplaudió al ver que todos los patos estaban en su sitio, revisando detrás de su puesto para poder sacar uno de los premios, siendo una pelota de goma naranja.
Fue recibida por uno de los guardias, quien inspeccionó mientras caminaban al otro puesto.
Dongjunie logró ver a lo lejos un peluche de conejo que colgaba como un premio, por lo que apretó la mano de su mejor amigo, llamando su atención.
―Quiero ese conejo de ahí―señaló, haciendo que el pelinegro viera hacia donde apuntaba, pensando en que era un peluche bonito― ¿Recuerdas el cuento del oso y la liebre?
―Sí, de la señorita Hwan―asintió.
―Yo tengo mi oso y tú puedes tener el conejo y somos como los personajes del libro―comentó su idea con emoción, haciendo que Sehun pensara que era una muy buena idea, además de que también le hacía ilusión el poder tener esos personajes como suyos.
―Muy bien, lo ganaré para ti.
Se acercaron al puesto y Sehun dio su boleto para poder tener una oportunidad, viendo que no era un juego que se le diera precisamente bien.
―El martillo de la fuerza para el príncipe Sehun―dijo con una sonrisa el dueño del puesto, haciendo que el menor se avergonzara, porque realmente no pensó que sería un juego de fuerza, cosa que él no tenía.
Tomó el martillo y chilló ante lo pesado que era, pensando en que estaba perdido.
―Oh, Sehunie. Quizá mejor otro premio―habló preocupado el menor, haciendo que el pelinegro se sintiera ligeramente ofendido, arrastrando el martillo hasta la base, en donde debía dejarlo caer con fuerza.
―Yo puedo, no te preocupes―habló seguro, haciendo que el castaño asintiera inseguro.
El menor tomó el martillo con todas sus fuerzas e intentó no caerse de culo ante el peso de este, gritando agudo mientras se inclinaba hacia adelante, el martillo cayendo pesado sobre la base y la barra de luz subiendo lentamente.
―Oh, bueno. Se ha ganado una bolsa con caramelos―dijo el del puesto al ver el puntaje bajo, tomando la bolsa mencionada y dándosela a un alfa de la tropa.
Dongjunie comenzó a dar saltos mientras aplaudía, intentando subirle el ánimo a su mejor amigo.
―Pero yo quiero el conejo blanco―susurró sin ánimos, haciendo que el vendedor lo viera con una pequeña mueca de lástima, porque los peluches eran premios mayores.
―No te preocupes, Sehunie. Este juego es muy difícil―lo tomó de la mano el castaño.
De pronto, ambos fueron ligeramente empujados por un niño que pasó a su lado, no logrando identificarlo hasta que se acercó al puesto para dar sus boletos, recibiendo el martillo.
El mellizo hizo una mueca mientras se acercaba a la base, viendo mal a ambos niños, quienes se apartaron ante su llegada.
―Jamás tendrán ese conejo―habló con voz molesta, el regordete niño levantando el martillo alto y dejándolo caer con fuerza.
Sehun bajó la mirada al escuchar el ruido de la máquina y exclamaciones de algunas personas que estaban alrededor, pensando en que había perdido el premio y que no podría cumplir con su promesa. Sin embargo, el chillido de Dongjunie hizo que viera nuevamente hacia el mellizo, quien estaba molesto porque no había logrado llegar al puntaje necesario.
― ¡Bueno, es oportunidad para el príncipe! ―habló el hombre del puesto en voz alta, quitándole el martillo al mellizo― ¿Le gustaría usar otro boleto?
El pelinegro vio con algo de pena a su amigo, quien levantó ambos pulgares para darle ánimos, por lo que terminó por aceptar el martillo y dar otro de sus boletos.
Uno de los alfas de la tropa, quien había presenciado lo malos y horripilantes que eran los mellizos, se acercó con cautela a la base, intentando que nadie lo viera.
―Ese niño débil y estúpido no logrará nada―exclamó en voz alta el regordete mellizo, haciendo que sonidos de indignación se escucharan, por la forma en la que se había referido a Sehun.
Ignorando completamente al molesto niño, levantó nuevamente el martillo con todas sus fuerzas y dobló un poco las rodillas, tomando el impulso suficiente como para dar un gran salto mientras dejaba caer el martillo sobre la base.
La luz del juego comenzó a subir rápidamente, los presentes celebrando cuando el puntaje dio lo necesario para tener el conejo de peluche.
Dongjunie celebró a gritos y corrió hasta Sehun, empujando intencionalmente al mellizo y logrando que se cayera al suelo, nadie teniendo la intención de ayudarlo.
― ¡Lo hiciste, lo hiciste! ―el castaño se lanzó en un abrazo, Sehun todavía sorprendido por su hazaña, pero emocionado por haber ganado el conejo por Dongjunie.
―Ahora somos oso y liebre―dijo con una gran sonrisa mientras tomaba el peluche de uno de los alfas de la tropa, dándole una reverencia al hombre del puesto, quien también estaba feliz.
―Ahora lo somos, eres muy valiente y fuerte.