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2160 Palabras
Salto en el tiempo. Edad de Min Sehun y Kim Dongjunie: 11 años. Apretó los puños mientras levantaba con fuerza su pierna izquierda, dándole un empujón certero a la otra persona en el costado, logrando derribarlo sin mucho esfuerzo. Soltó una risita y vio a su víctima en el suelo, haciendo un pequeño puchero mientras estiraba su mano. ― ¡Ese es mi niño! ―escuchó un grito a lo lejos, viendo a su padre celebrar desde una de las sillas del exterior, un poco lejos de las colchonetas. ― ¡Dongjunie, eso dolió de verdad! ―se quejó el más alto desde el suelo, tomando la mano contraria para poder levantarse, sintiendo un ligero punzón en su costado derecho. ―Lo siento, pero creo que lo hice muy bien―sonrió mientras daba un pequeño salto, tomando el borde de la camiseta contraria para poder ver la piel, notando que estaba ligeramente sonrosada―Ay, no fue tan fuerte. ―Sí lo fue, duele―se quejó, haciendo que el castaño rodara los ojos con una sonrisa, abrazándolo para que dejara de quejarse. ―Lo siento, lo siento. Acomodó su cabello, el cual había sido atado en una pequeña coleta para que no estorbara a la hora de la clase y tomó la mano de Sehun, ambos colocándose las chanclas de goma para poder dirigirse hasta donde estaba su padre. ―Lo hacen muy bien, me alegra haber visto esto para la última clase―asintió mientras se levantaba, colocando una mano sobre los hombros de su hijo, dándole pequeñas caricias para relajar los músculos―Ahora podrán concentrarse en sus demás materias y no poner excusa del cansancio físico para evitar las clases. ―No las evitamos, simplemente justificamos el que tengamos sueño a veces―defendió Sehun, haciendo que el castaño asintiera, totalmente de acuerdo. ―Es verdad. Además, tenemos muy buenas calificaciones y nuestro desempeño es excelente, por lo que estar algo cansados no es nada malo―el adulto suspiró mientras asentía, no logrando encontrar algo para refutar aquello, porque era verdad. ―Bueno, en eso tienen razón. Ahora vayan a sus habitaciones a tomar una ducha y a prepararse para las demás clases ¿Bien? ―ambos niños asintieron, Dongjunie solamente acercándose para dejar un beso en la mejilla de su padre y después irse junto a Sehun. Tres años habían pasado desde el incidente en la fiesta de los mellizos, cosa que no había sido totalmente olvidada por los niños y seguían manteniendo rencor con Wooju. Sin embargo, lo que sí había cambiado en esos años, era la apariencia y relación de ambos niños, en donde poco a poco dejaban los juegos infantiles de lado y se concentraban en actividades más específicas. Sehun había encontrado un gusto total en el deporte de tiro con arco, por lo que en sus tiempos libres, tomaba clases especiales para poder dominar de mejor forma aquel llamativo deporte y dar lo mejor de sí en competiciones futuras. A él la idea de pertenecer a la tropa de alfas no le llamaba la atención, le habían contado la horrible experiencia que había tenido que pasar su padre alfa durante años y realmente no quería que algo así le sucediera a él o a Dongjunie, por lo que perdió el mínimo interés que pudo haberle colocado a la actividad. Dongjunie se había obsesionado con las clases de defensa personal y poco a poco aprendía técnicas más complejas, en donde aplicaban el uso de algunas armas, por lo que había pedido mantener las clases en casa cuando su padre estuviera disponible. Ambos habían mejorado considerablemente du flexibilidad, pero Sehun envidiaba completamente a Dongjunie en las habilidades corporales que su mejor amigo había desarrollado, logrando hacer trucos volteretas sin esfuerzo alguno, además de que era muy habilidoso a la hora de moverse. ― ¿En serio te dolió mucho el golpe? ―el castaño caminaba con los brazos cruzados, viendo de reojo al más alto, quien negó con una sonrisa de lado. ―No, solo estaba jugando―aquello hizo que Dongjunie suspirara más tranquilo, asintiendo―Igualmente, creo que podrías quebrarme mis costillas si así lo quisieras, eres el mejor en esto. El castaño suspiró con orgullo, porque realmente era algo que le gustaba mucho, además de la pintura, por lo que sobresalir era algo que lo hacía sentir bien. Además de que le gustaba ser bueno en algo en donde Sehunie no lo era. Podía escucharse como algo feo, pero ambos sentían satisfacción de tener una actividad en la que el otro no era bueno, era como algún tipo de alegría por ser habilidoso en algo y poder presumirlo ante el otro, sin que este pueda hacerle competencia. ―Lo sé y gracias, pero jamás querría romperte las costillas, esto está preparado para algún inadecuado que quiera hacerme daño. Desde que cumplieron los diez años, ya no se tomaban de las manos para caminar a cualquier lado, no porque pensaran que fuera algo desagradable, sino que les daba vergüenza y prefirieron el dejarlo. Aquello había dejado sorprendidos a muchos en el castillo, quienes se habían acostumbrado a ver a los dos niños de la mano todo el tiempo, incluso cuando el camino a recorrer era corto. Pero se entendía que ambos estaban cambiando en muchos sentidos y muchas cosas que antes realizaban sin pena alguna, ahora eran impensables. ―Me alegra no ser un inadecuado―sonrió mientras soltaba una risita, escuchando la bonita risa de Dongjunie a su lado. Se despidieron rápidamente y se separaron para poder ir a las diferentes habitaciones y ducharse. Dongjunie le había dado mayor utilidad a la habitación que tenía en el castillo por las clases de defensa personal, por lo que cada vez la sentía más como suya e incluso tomaba descansos de vez en cuando en la acolchonada cama. La ducha era increíblemente grande, al igual que todo el baño y aunque su casa también era muy espaciosa y hermosa, el castillo tenía un toque diferente que le gustaba. Cuando terminó de ducharse, colocó una toalla sobre su cabeza para que los rizos se secaran poco a poco y no fuera goteando por cada paso que daba. Llegó hasta el tocador que estaba cerca de la puerta del baño y se sentó, viendo la variedad de esencias que estaban a su disposición. Tomó entre sus manos dos de los botes de cristal, pensando en cuál sería prudente colocarse ese día, porque solía variar entre aromas para encontrar alguno que sea su favorito. Se encontraba un poco abrumado últimamente, porque no había presentado señales de presentación y no parecía mantenerlas pronto. No es que estuviera precisamente apurado por presentarse, pero ya tenía once años y normalmente los niños se presentaban a los diez o un poco antes. Él quería tener un aroma bonito como lo tenían sus padres, los padres de Sehun y el mismo príncipe, le gustaba mucho el tema de los olores y los únicos que podían llegar a ser, pero parecía que no era su tiempo. Por lo que intentaba disfrazar esa falta de aroma con perfumes con olores agradables, para tener algo que haga que las personas destaquen su olor. ―Creo que esta combinación de flores es buena para hoy―susurró para sí mismo, viendo el envase pequeño de vidrio con una tapa celeste traslúcido―Papi dijo que es un buen aroma, creo que a Sehunie podría gustarle. Se vio en el espejo una vez más, sonriéndose para después comenzar a rociar una cantidad adecuada del perfume, sonriendo cuando sintió el delicioso aroma comenzar a rodearlo, sabiendo que ese sería una de sus combinaciones favoritas. Cuando terminó de arreglarse, tomó su mochila y salió de la habitación para poder dirigirse hasta el salón de clases, en donde tendrían matemáticas y después acompañaría a Sehun a su clase de tiro al blanco en el jardín. Dio la vuelta en el pasillo, logrando ver a Sehun esperándolo en la entrada del salón, quien sonrió al verlo. ― ¿El maestro ya llegó? ―apretó la tira de una de sus mochilas mientras hablaba, el príncipe negando. ―No, por eso no he entrado aún, quería esperarte―Dongjunie asintió, tomando la perilla de la puerta para poder abrirla y que ambos entraran, viendo que realmente no había nadie en el salón aún. ―Tan considerado―sonrió, haciendo que Sehun sonriera también, entrando detrás de él y dejando la puerta abierta. En ese momento, Sehun pudo sentir un olor llegar a sus fosas nasales, haciendo que se acercara más al dueño de aquel aroma, inhalando sin prudencia para poder sentir un poco más. ― ¿Huelo bien? ―preguntó Dongjunie al darse cuenta de los olfateos, colocando su maleta a un costado y sentándose en su silla. ―Siempre hueles bien, me gustan los aromas que eliges para tus perfumes―Sehun se sentó frente a Dongjunie, pero su silla y escritorio estaban a más de un metro de distancia, ya que habían tenido que separarlos por hablar mucho. ―Gracias, trato de elegir lo mejor―sonrió, colocando una mano debajo de su barbilla y su codo sobre el escritorio, viendo al más alto con ojos brillantes― ¿Crees que mi olor llegue a ser así de bueno? Sehun suspiró, colocando ambos brazos sobre el escritorio. ―Será un olor muy bueno, mejor que cualquier perfume―asintió, hablando convencido, porque sabía que su mejor amigo tendría uno de los mejores olores sin dudarlo―Creo que será algo floral, los olores de ese tipo te quedan muy bien. Aquello hizo que Dongjunie eliminara ligeramente su sonrisa, incluso colocando una mueca angustiada de tan solo pensarlo, haciendo que el príncipe se confundiera. ― ¿Y si mi olor es a lavanda? ―preguntó con tono horrorizado, viendo al contrario con ojos grandes, aterrado con la idea de poder oler como algo tan horrible. Los alfas y omegas podían oler con tipos de aromas similares, pero el olor de uno no sería igual al otro, porque cada uno tenía el toque de feromonas personal. Por lo que Dongjunie podría llegar a oler a lavanda, como el mellizo, pero no sería igual. Algunos alfas u omegas tenían más de un aroma, como por ejemplo Sehun, quien no solamente tenía el aroma de una fruta, sino de dos. Por lo que aquella combinación también puede hacer que los olores sean mucho más diferentes, dejando de lado las feromonas personales. ―No olerás a lavanda. Bueno, al menos esperemos que no huelas a lavanda―levantó ambas manos, mostrando sus palmas―Tú olerás muy bien, no ha eso. Aquello no tranquilizó al castaño en absoluto, ahora mostrándose angustiado por el pensamiento de apestar a lavanda. Porque para él no era solo un olor, era apestar a lavanda. ―Bueno, ni siquiera sé si tendré olor alguno―bufó al caer en cuenta, colocando ambas manos sobre su cabeza―Es una preocupación para después. En ese momento el maestro llegó y ambos se levantaron para darle una reverencia y poder comenzar con la clase. En medio de esta, no pudo pensar en mucho más que en el tema de los aromas, pero intentando prestar la mayor atención posible a las ecuaciones matemáticas que les estaban enseñando. Por sus distracciones, el maestro le había pedido que pasara a resolver una ecuación, pero por fortuna matemáticas era de las mejores materias de su promedio, por lo que no tuvo problema alguno para resolverlo. ―Ya deja de pensar en eso, entre más lo pienses es más probable que se haga realidad―le dijo Sehun mientras tomaba su maleta con su arco y flechas especiales, alborotando el cabello castaño de Dongjunie. ―Sehunie, soy un ser de mala suerte, así que estoy seguro de que oleré a lavanda―bufó, viendo al maestro de arquería en el jardín, esperando a Sehun con las manos tras la espalda. ―No te angusties y come el refrigerio que te preparé mientras me ves dar flechazos a un círculo pintado―lo empujó ligeramente, el menor viendo la pequeña lonchera que le había entregado. ―Tú no me preparaste nada, Minjoon hyungie te lo dio porque se lo pedí―le dio un pequeño empujoncito, corriendo hasta la silla que estaba cerca la zona de prácticas, para poder escaparse del posible empujón que recibiría. ―Pero yo te lo traje, así que tengo créditos en todo esto―le gritó desde la distancia, no sin antes darle una reverencia a su maestro. Dongjunie rio y se sentó cómodamente en la silla, comenzando a sacar su comida y bebida, viendo a su mejor amigo acomodar sus herramientas. Suspiró, dándole un mordisco a su emparedado relleno, pensando en que era mejor el tema de lado y concentrarse en cosas más importantes. Cosas que aún no sabía cuáles eran, pero algo se le iba a ocurrir.
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