31

2268 Palabras
Se acomodó de panza sobre la silla, sintiendo cómo el sol le daba en la espalda, pensando en que podría tomar algo de color, claramente siempre manteniendo bloqueador solar en todo su cuerpo y rostro. ―Hace mucho calor―se quejó Sehun mientras veía al contrario, quien estaba demasiado ocupado pintando mientras descansaba y recibía los rayos del sol. ―Creo que necesitamos una piscina, en el pueblo o aquí―Dongjunie despegó su vista de su pintura, viendo a su mejor amigo a través de sus gafas para sol― ¿No crees? ―Sería divertido, jugar con la manguera ya no es tan bueno―bufó, colocando sus brazos cruzados debajo de su cabeza, para poder acomodarse mientras veía a Dongjunie―Puedo sugerirle a papá. ―Sería bueno, una aquí en el jardín trasero―dio el último toque a su pintura y vio con una sonrisa el cuadro terminado, tomándolo para poder extendérselo a Sehun y que lo viera. ―Vaya, te quedó muy bonito―jadeó con una gran sonrisa, viendo hacia delante, en donde estaba el grupo de arbustos cerca de la cúpula que Dongjunie había pintado―Deberías vender tus cuadros en el pueblo. El castaño apretó los labios y se sonrojó ligeramente, negando con la cabeza. ―Nadie querría comprarlos. El príncipe estiró uno de sus brazos y le dio un pequeño golpe en la cabeza al más bajo, haciendo que este se quejara. ―No digas eso, eres muy talentoso y lo sabes―levantó el cuadro y lo movió de lado a lado con cuidado―Podemos poner un puesto juntos en la próxima feria y vender los cuadros que quieras. Dongjunie suspiró y se dio vuelta sobre sí mismo, quedando de espaldas sobre la larga silla para tomar el sol. ―Falta mucho para la próxima y no sé, me da vergüenza. No escuchó nada por varios segundos, por lo que inclinó su cabeza a la derecha para ver a Sehun, quien para su sorpresa, estaba sentado al final de su silla larga. ―Si me prometes que tomaremos un puesto para tus cuadros en el próximo festival, te prometo que haré lo que sea necesario para que mis padres pidan hacer una piscina―Dongjunie jadeó indignado y se sentó, cruzándose de brazos totalmente indignado. ―No se vale, tú también quieres la piscina. ―Sí, pero también quiero que vendas tus cuadros. ―No se van a vender, vamos a perder el tiempo en lugar de jugar. ―Si vendemos todos, tendrás que darme lo que yo quiera. El castaño se quejó, porque siempre era Sehun quien iniciaba apuestas así y después terminaba pidiendo cosas simples o tontas, por lo que no tenía mucho sentido el que hiciera todo más dramático para demostrar que tenía razón. ―Y si no se venden ¿Qué gano yo? ―preguntó con seguridad, porque dudaba que algo como sus cuadros se vendieran bien, mucho menos que se terminaran todos. ―Haré lo que tú quieras o te daré lo que me pidas―se encogió de hombros, porque el trato era sencillo―Sabes que cumplo mis promesas siempre, así que no dudes que lo haré. Dongjunie suspiró, asintiendo, sabiendo que igualmente no podría escapar de esa insistencia de parte de Sehun. ―Bien, pero no quiero que dejes ver tu rostro en el puesto, porque estoy seguro de que la gente compraría solamente porque eres el príncipe―lo señaló con su dedo índice, haciendo que Sehun lo viera con las cejas alzadas, por lo que bajó su dedo. ―Me pondré un sombrero de pescador o algo que me cubra, no te preocupes―sonrió confiado, levantándose de la silla para poder extenderle la mano a Dongjunie y que ambos se levantaran y entraran al castillo. Dongjunie se levantó y tomó su camiseta para poder colocársela nuevamente. Sin embargo, cuando terminó de acomodar la camiseta, pudo ver un movimiento entre los arbustos, haciendo que su vista se enfocara en ese lugar. Sehun miró hacia atrás, viendo el punto en el que la mirada contraria estaba concentrada. ― ¿Pasó algo? ―Mh, no. Solamente creí ver algo raro, pero quizá solamente fue una ráfaga de viento―se encogió de hombros, ambos comenzando a caminar al castillo nuevamente. ―Oye, aunque ahora que lo pienso, tendríamos que esperar demasiado tiempo para poder tener una piscina―se quejó el pelinegro mientras caminaban, haciendo que Dongjunie sonriera, porque regresaba a su punto de que también el príncipe quería la piscina. ―Eso es lo que yo decía, la piscina es nuestra prioridad ahora―asintió, haciendo que Sehun suspirara, porque era verdad. ―Bueno, podemos pedirles a mis padres si pueden pedir una piscina, aunque sea una de plástico―aquello hizo que el castaño se animara, porque realmente no le importaba el darse un pequeño chapuzón en lugar de un completo. ― ¡Vamos! Ambos niños llegaron con sonrisas enormes y las manos detrás de las espaldas a la oficina de los reyes, quienes se encontraron bastante intrigados con la actitud de ambos menores, en especial porque sabía que querían pedirles algo, pero parecían pensarlo demasiado antes de pedirlo. Los adultos se vieron entre ellos con duda, no logrando adivinar el motivo de la llegada repentina. ― ¿Necesitan algo en específico? ―preguntó finalmente Jiho, haciendo que ambos niños redujeran un poco sus sonrisas, porque las que tenían anteriormente era demasiado grande como para ser natural. ―Padres, quiero recordarles que los amamos mucho―comenzó Sehun, haciendo que ambos mayores soltaran una risita, porque eso les indicaba que su petición no sería algo precisamente pequeño. ―Y también queríamos recordarles que nuestro desempeño académico ha sido sumamente sobresaliente en todas las materias. No es algo que queramos presumir, sino un pequeño recordatorio antes de realizar nuestra petición―agregó Dongjunie mientras se balanceaba de adelante hacia atrás. ―Estamos muy orgullosos de eso y nos alegra que nos recuerden sus logros antes de hacernos la petición―comentó con gracia Haneul, dejando de lado el libro que antes tenía entre sus manos, para prestarles total atención. ― ¿Cuál es su petición? ―preguntó interesado Jiho. ―Dongjunie y yo pensamos que sería bueno para los tiempos de calor el tener algo para refrescarnos un buen rato, por lo que consideramos que tener una piscina en el castillo o el pueblo podría ser una buena idea―comenzó a hablar el príncipe, sonriendo aliviado cuando vio el agrado en el rostro de sus padres, indicando que no sería tan difícil como pensaban. ―No importaría si es una piscina de plástico pequeña aquí, pero nos gustaría tener algo para pasar el rato las tardes calurosas―complementó Dongjunie. Ambos niños dieron por terminada su petición. ―Bueno, creo que no es una mala idea―se encogió de hombros el omega, haciendo que los ánimos de los niños subieran rápidamente, encantados―Podemos hacer un centro de piscinas en el pueblo y podemos hacer una aquí, para uso privado. ― ¡Muchas gracias! ―chilló Dongjunie sin poder evitarlo. ―No es nada, realmente es buena idea. El jardín es grande y podemos pedir que la construcción comience mañana temprano―Haneul asintió mientras hablaba―Cuando regresen de la casa hogar, veremos el estilo de piscina que les gustaría y mañana se comenzará a trabajar. Ambos niños saltaron con cuidado sobre los adultos, dándoles un abrazo por haber acetado sin problemas, prometiendo que cuidarían de ella como fuera posible. Ese día irían a la casa hogar para visitar a los niños del orfanato y jugar con ellos un rato, además de dejar varias cajas con donaciones de parte del castillo. No iban por un motivo en específico, simplemente a jugar con los otros niños, pero ya que iban hasta allá los padres les daban aquellas donaciones. Se prepararon con ropa cómoda, una pequeña maleta que Dongjunie se encargó de llevar y las cajas con donaciones que los alfas de la tropa llevaban. La casa hogar era muy bonita y grande, por lo que realmente los niños de ese lugar no estaban disgustados con su estadía, pero claramente les gustaría tener una familia. ―Príncipe y joven Kim, qué bueno tenerlos aquí una vez más―dijo la directora del centro, dando una reverencia al igual que las trabajadoras que estaban ahí en ese momento, recibiendo a los dos niños. ―Buenos días, directora Shin. También nos alegra venir ¿Cómo han estado por aquí? ―saludó amable el príncipe, las trabajadoras comenzando a recibir las cajas con las donaciones, mientras la directora y los niños hablaban. ―Todo muy bien, hemos aprobado diez adopciones en el mes recién finalizado, por lo que creo que el tema de la adopción poco a poco va recorriendo a más familias―comentó encantada, sabiendo que no debía medir sus palabras en cuanto a complejidad, porque ambos niños tenían una educación exclusiva. Los niños abrieron los ojos con sorpresa, porque normalmente las adopciones eran más lentas. ― ¿Quiénes se fueron, Noona? ―ambos niños escuchaban algunos gritos de fondo, sabiendo que los niños de su edad estaban en receso. ―Se fueron Sujin, Lia Jeonghan, Junhui, Taeyang, Minghao, Mingua, Ryujin, Yeji y Chaeryeong―hizo la lista la directora, porque recordaba perfectamente los nombre de cada niño y niña que había sido adoptado. ―Oh, se fue Taeyang y Ryujin―hizo un pequeño puchero Dongjunie―Pero me alegra que todos hayan encontrado una buena familia. ―Sí, en el caso de Taeyang lo adoptó una familia de Daegu, por lo que uno de los trabajadores de allá se encarga de ver por su cuidado en su nueva familia. ―Entiendo, por favor pase los datos prudentes a mis padres, para poder invitarlo a nuestros cumpleaños, Noona. ―Claro que sí, con todo gusto. Cuando terminaron de informarse sobre lo que había pasado en los últimos días, los niños fueron dirigidos al jardín trasero de la casa hogar, en donde los niños se acercaron emocionados al ver a sus dos amigos ahí. ― ¡Juguemos a las atrapadas! Dongjunie y Sehun claramente destacaban entre sus compañeros en cuanto a la agilidad física, por lo que era un trabajo un poco complicado para los niños el atraparlos, por lo que se habían dividido en dos grupos de cuatro, uno en busca de atrapar a Sehun y el otro con objetivo de atrapar a Dongjunie. El castaño soltó una risita mientras apretaba las manos sobre una de las ramas del gran árbol, impulsándose para poder subirse con un poco de esfuerzo, siendo silencioso a la hora de esconderse entre las hojas frondosas. Veía por un hueco a los niños correr alrededor, seguramente buscándolos a ambos, pero no lograrían dar con ellos al menos de que ellos salieran de sus escondites. ― ¿Dónde estarás, Sehunie? ―susurró muy bajo mientras posaba uno de sus pies sobre la gruesa rama siguiente, para poder moverse sin ser descubierto. Se posicionó correctamente sobre la rama, apegándose de espaldas al tronco. ―No es bueno que tengamos ideas tan similares. Aquella voz hizo que se sobresaltara, aguantando un grito y viendo con los ojos bien abiertos a su derecha, en donde estaba el príncipe. ―Tonto, me asustaste―se quejó, haciendo que el pelinegro soltara una risita, pasándose de rama para poder quedar más cerca del contrario. ― ¿Tú, asustándote? ¿Eso es novedad? ―le preguntó con una sonrisa de lado, siendo igualmente cuidadoso con su tono de voz. ―Cállate, tú eres un problema, siempre asustándome sin sentido―se quejó y aunque realmente no estaba molesto como tal, quería que el príncipe se disculpara. ―Te ves bonito cuando te asustas y cuando te enojas también, por eso lo hago―se encogió de hombros, haciendo que el castaño bufara molesto. ―Tú dices que siempre me veo bonito, no han necesidad de asustarme―el pelinegro sonrió de lado al escuchar eso, ya que claramente le decía lo hermoso que él era siempre que podía. No era por ser un adulador, sino porque Dongjunie realmente le parecía el niño más hermoso que él había visto en su vida. ―Eso también es verdad. Los niños gritaban sus nombres mientras reían para poder encontrarlos, pero era inútil, porque jamás pensarían que ambos estaban en la copa del gran árbol. Además de que ninguno podía subirse como para poder atraparlos, así que era juego perdido para ellos, aunque no lo supieran aún. ―¿Sabes que si nos caemos de aquí, nos podemos lastimar gravemente? ―preguntó Sehun con las cejas alzadas. ―Claro que sí, es una caída muy alta―se encogió de hombros―Si no fueras tú el que me hizo esa pregunta, pensaría que ibas a lanzarme. Sehun negó rápidamente. ―Preferiría el lanzarme yo a lanzarte a ti. Dongjunie soltó una pequeña risita. ―Eres demasiado adulador hasta para ti. Sehun sintió una calidez llenarle el pecho por completo al verlo sonreír de esa forma y al escuchar sus palabras suaves, siendo aquella sensación que predominaba siempre que tenía algún momento cercano con Dongjunie, como ese. Se relacionaba con los niños de la casa hogar y a veces con algunos del pueblo, pero esa sensación era exclusiva a Dongjunie. ―Solo contigo. Las mejillas del castaño se tornaron rojas, chasqueando la lengua mientras dirigía su mirada al lado contrario, para que Sehun no se burlara de él por su sonrojo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR