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2117 Palabras
Se vio a espejo por una última vez, sintiéndose nervioso porque sería la primera vez que saldría de su habitación después de tres días, por lo que no quería verse como si fuera un ermitaño, mucho menos porque a quien verían primero era a Sehun. ―Te ves precioso, cariño. No es necesario que te veas tanto tiempo―comentó con gracia Juwon, quien estaba acompañando a su hijo mientras terminaba de guardar sus cosas, para poder llevarlo al salón. ―Es que papá, he estado encerrado mucho tiempo, no quiero verme mal―se quejó bajito, dándole una vista a su padre, quien sonreía con ternura―Siempre me dices que me veo bonito, pero eres mi papá, no eres objetivo. ―Cuando le digo a papi que se ve precioso, que eso pasa todos los días ¿Crees que miento? ―preguntó mientras lo veía con las cejas alzadas, intentando dar su punto con su ejemplo. ―No, papi siempre se ve precioso―se encogió de hombros mientras se acercaba a su padre, con su maleta cruzada lista. ―Y tú también, pero no quieres verlo porque eres demasiado duro contigo mismo en muchas ocasiones. Pero tú y papi siempre se ven bien, solamente que no son muy buenos para notarlo―el alfa se levantó de la silla y se acomodó el uniforme, sabiendo que era hora de salir. Algo que iba de la mano con la maduración de los niños, era que también solían tener inseguridades que normalmente tenían personas un poco más grandes. Sí era algo bueno que fueran capaces de razonar bastante bien a su edad, pero no todo era color de rosa, sino que las cosas negativas podrían presentarse fácilmente, como aquellas inseguridades sobre sí mismos. ―Papá también es bonito siempre, aun cuando suda mucho por hacer ejercicio―dijo sincero, viéndose en el espejo una vez más y después tomando la mano de su padre, para poder salir de la habitación. ―Gracias, cariño. Dongjunie no sabía realmente la situación que estaba viviendo el castillo en ese momento y sabía que si le preguntaba a su padre, este no le diría, por lo que solamente se mantenía atento al panorama y le preguntaría a Sehunie después. Pasaron por los pasillos y realmente había muy pocas personas en él, aquello hizo que su curiosidad aumentara. ― ¿Por qué no hay tantos trabajadores? ―preguntó finalmente, haciendo que el agarre de la mano se volviera un poco más tenso, porque el mayor no quería comentarle sobre el tema. ―Habrá una reunión con todos los empleados, por un problema que se presentó. Por eso después de la clase se mantendrán con Minjoonie hyung, para que podamos resolver las cosas con los padres de Sehunie también. Dongjunie asintió, comprendiendo mejor. Pronto llegaron al salón de clases y la puerta estaba abierta, con los alfas de la tropa en la entrada, por lo que sabían que Sehun ya estaba dentro de la habitación. ―Bueno, te dejo aquí, cariño. Mantente cerca de los alfas y Sehunie y sigan las indicaciones―le pidió, aunque sabía que estaba de más, porque los niños eran responsables y obedientes―Recuerda, mantén tu cuello cubierto cuando estés al medio de muchos, cuando estés con Minjoonie hyung puedes quitarte el pañuelo. El castaño asintió, tocando con su mano libre su pañuelo de seda por instinto, sintiendo la suavidad de la tela. El celo de ambos niños había pasado, pero no sabían cómo Sehun podía reaccionar al olor puro de Dongjunie, en especial si se acercaba totalmente a la piel del cuello. Desde el momento en que ambos tenían a su lobo presente, la mordida podía formar el lazo en el cuello, independientemente de la edad, por lo que era trabajo de ellos el mantener el cuello de Dongjunie a la menor disposición de cualquier alfa, en especial de uno que no sabe dominar sus instintos aún. ―El pañuelo no me da calor, papá. No te preocupes por mí―le sonrió, el mayor agachándose para recibir y dar un beso en la mejilla―Cuídate mucho y no te pongas en peligro, te amo. ―Me cuidaré también, cariño. Yo también te amo. Juwon saludó a sus compañeros mientras Dongjunie entraba al salón, caminando lentamente mientras veía a los lados, intentando encontrar a Sehun. El príncipe estaba organizando los libros del estante, seguramente el maestro se lo había pedido. ―Buenos días, maestro―dio una pequeña reverencia mientras hablaba, viendo al adulto detrás del escritorio. ―Buenos días, joven Kim, me alegra que haya regresado a las clases―comentó el amable hombre, haciendo que el castaño sonriera también, porque debía admitir que también había extrañado el ir. Aquello hizo que Sehun mirara hacia atrás rápidamente, dejando caer dos libros por accidente, por lo que se sobresaltó y dio media vuelta para recogerlos con prisa. Eso hizo a Dongjunie sonreír en grande, sintiéndose avergonzado sin saber por qué. ―También me alegra volver, maestro. Mis padres me pidieron que le preguntara si los trabajos que entregué estaban correctos o si hay alguna observación a seguir―preguntó mientras se acercaba al escritorio, no pudiendo dejar de lado el hecho de que Sehun lo veía a la distancia. ―Todo estuvo muy bien, como siempre excelente. Les daré las calificaciones hoy, pero es claro que son todas notas sobresalientes, como están acostumbrados―aquello hizo que el castaño sonriera, dando otra pequeña reverencia―Solo denme unos minutos, terminaré de ordenar el material. Dongjunie asintió, sintiéndose más nervioso poco a poco. ―Claro, maestro. Hace mucho que no se ponía así de nervioso por el simple hecho de ver a Sehun y no podía dejar de pensar en que el príncipe reaccionaría a su olor de cerca por primera vez. Aunque el pañuelo de seda detuviera un poco el olor, no lo mantenía bloqueado para nada, solo controlaba un poco. ―Buenos días, Sehunie―saludó, el pelinegro avanzando hasta donde estaba el castaño, sonriendo de lado. ―Buenos días, Dongjunie. Te ves muy bonito―aclaró, viendo el pantalón de vestir café, la camiseta blanca y el pañuelo de seda de tonos cafés y negros. ―Gracias, tú también te ves bonito. La promesa de beso era lo que se mantenía en ambas mentes a cada segundo y lo que no les permitía el hablar con normalidad, pero intentaban dejar ese pensamiento de lado, al menos durante la clase. ―Bueno ¿Cómo te sientes? ―vio atentamente su cuello, aunque estaba cubierto―Me gusta mucho tu olor, hueles muy bien. Dongjunie soltó una risita, dándole un pequeño golpe en la punta de la nariz. ―No seas bobo, hablas como uno―se quejó en broma con una sonrisa tonta y mejillas rosas, intentando disimular la pena―Me siento bien, pero papi dijo que tenía que tomar la pastilla hoy y mañana aún y gracias por lo del olor, temía que fuera demasiado. Sehun tomó la mano del contrario por impulso, pero no siendo incómodo para ninguno de los dos. ―No es demasiado, es muy bueno ¿Ya te tomaste la pastilla? ―ambos comenzaron a caminar a la mesa grande, en donde se sentaban juntos. ―No, es después de almorzar. Papá me dijo que se la daría a Minjoonie hyungie para que me la de a esa hora, así que no lo olvidaré―acomodó su mochila al lado, no soltando su agarre de Sehun. El más alto mantenía su mirada en el cuello ajeno, porque sentía unas ganas enormes de acercarse más y apoyarse cerca de ahí, pero sabía que no era correcto hacerlo, mucho menos sin el consentimiento de Dongjunie. ―Miras mucho mi cuello ¿Es feo el pañuelo? ―preguntó inseguro mientras tocaba la tela con su mano libre, viendo al príncipe con ojos brillosos por los nervios. ―No, no, no. Me refiero, no es nada de eso―negó rápidamente, incluso sintiendo algo de dolor en el cuello―Es solo que…Tengo ganas de dormir ahí. Aquello sonó más raro de lo que Sehun pensó en un momento, por lo que se apenó terriblemente. ―Oh, bueno. Entiendo lo que dices, cuando te presentaste sentí algo similar―asintió el castaño, porque él también había sido un chicle pegajoso cuando Sehun se había presentado, así que no lo veía raro, porque él lo había experimentado de primera mano―Mh, no sé si podremos dormir juntos, pero cuando veamos una película puedes quedarte muy cerca, a mi lado. Sehunie asintió, contento con la decisión. El maestro terminó de organizar su material, por lo que la clase comenzó. Ambos se concentraron en los temas, porque tampoco querían distraerse demasiado y después tener que preguntar algo que ya les habían explicado. Terminaron aquella clase y se quedaron en la de literatura, realizando los trabajos pedidos por la maestra y terminando sin mayores problemas, sabiendo que los maestros también tenían que presentarse a la reunión, aunque ellos estaban descartados por el tiempo que pasaban en el castillo y la limitada disponibilidad que tenían en el mismo. ―Jovencitos, debemos dirigirlos a la habitación del príncipe, pronto el chef estará con ustedes y el almuerzo―anunció uno de los alfas, haciendo que ambos se vieran sorprendidos, porque pensaban que Sehun tendría su clase de tiro al blanco. ―Claro, hyung. Dos alfas de la tropa de suma confianza se mantendrían en la puertas de las habitaciones continuas, mientras los demás debían mantenerse en la reunión con los empleados, para ser investigados y cuidar al mismo tiempo. Aunque la duda no estaba en los alfas de la tropa, sino en los demás trabajadores. Entraron a la habitación y las cosas de ambos estaban en ella, hasta mantas extras y algunos dulces también. ―Ante cualquier emergencia, estaremos aquí fuera― afirmó, haciendo que ambos niños asintieran mientras le daban una pequeña reverencia, el mayor cerrando la puerta de la habitación. Ambos niños se quedaron solos y Dongjunie se lanzó sobre la cama sin pensarlo demasiado, chillando ante la sensación del colchón debajo de su espalda, intentando no ensuciar el colchón con sus chanclas de goma. Sehun sonrió y se lanzó junto a él, haciendo que el castaño soltara una carcajada por el susto, viéndolo antes de darle un pequeño golpe en el pecho. ― ¿Tus padres te han hablado sobre lo que pasa? Hace tiempo que no se sentía un ambiente como este por aquí―preguntó el de rizos, interesado en saciar su curiosidad. ―Bueno, no lo sabes, pero el día en el que te dio mucha hambre y te dormiste, fui en busca de mis padres para decirles que estabas mal y que hicieran algo. Estaban en la zona de las celdas, entonces quise esperar un poco para decirles, pero no salían, así que decidí irme. Pero cuando iba a irme, un hombre lleno de sangre chocó conmigo y me tiró, los alfas de la tropa lo separaron rápido. El castaño se vio horrorizado por el relato, colocándose panza abajo sobre el colchón, con los ojos bien abiertos. ―Eso debió ser horrible, qué miedo―le dio un escalofrío, haciendo que Sehun sonriera de lado. ―Lo fue y no pude dejar de pensar eso en un tiempo. Me explicaron que ese hombre que se estaba desangrando es malo y les hace daño a los niños, específicamente―aquello hizo que Dongjunie se pusiera nervioso, apretando los labios―Pero papá dijo que él ya no era el problema, porque está atrapado. El problema es quién lo dejó entrar, porque estuvo días aquí. ―Oh, entiendo. Es bueno que no nos haya hecho daño ¿Cierto? ―el príncipe asintió rápidamente― ¿Te imaginas me hubiera encontrado durante mi presentación? Aquello hizo que la sonrisa de Sehun se borrara completamente y sintiera un enorme nudo en su garganta, sintiéndose pésimo de tan solo pensarlo. ―Ni lo pienses, por favor―se quejó serio, haciendo que Dongjunie sonriera un poco, acercándose a él, quien seguía de espaldas al colchón. Dongjunie se acercó a la mejilla contraria y estiró sus labios, dejando un largo beso ahí. Sehun sintió sus mejillas colorearse totalmente ante el movimiento inesperado, no logrando decir nada por la sorpresa. ―No te enojes, además, te debía un beso. El pequeño alfa no pudo evitar sonreír en grande, solo logrando que Dongjunie se pusiera nervioso también, pero no dijeran nada más sobre el tema. Pronto Minjoon llegó a la habitación con la comida, por lo que dejaron la pena de lado al mantenerlos ocupados con comida.
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