Soltó un jadeo mientras se retorcía sobre las mantas, apretando con una mano la almohada que tenía debajo de su rostro, sintiendo la tela arrugarse entre sus dedos.
Se sentía muy mal en esos momentos, un dolor espantoso estaba atacando su vientre y hacía que tuviera que moverse para intentar disminuir el dolor, aunque realmente no era efectivo en absoluto.
El nuevo olor había invadido las mantas, por lo que el olor de Sehun ya no estaba presente y eso hacía que el castaño se sintiera frustrado, intentando encontrar algo con lo cual sostenerse que pudiera brindarle el olor ajeno.
― ¿Cariño? ―escuchó la voz de su padre alfa detrás de la puerta, intentando ver con claridad la puerta de la habitación, pero sus ojos estaban húmedos y obstaculizaba su vista― ¿Estás bien?
―Papá―susurró bajito, no logrando el hablar más fuerte, porque el dolor le había creado alguna clase de nudo en la garganta.
―No te preocupes, mi vida. Papi ya viene y te va a ayudar ¿Bien?
Atinó a asentir, aunque sabía que no podía verlo.
En ese momento pudo notar que estaba en la habitación de Sehun y no en su casa, por lo que comenzó a bajarse de la cama lo mejor que pudo, colocando una mano sobre su vientre para intentar pasar el dolor, pero no siendo de mucha ayuda. Se arrastró hasta el armario de Sehun y tomó las pijamas que estaban a su alcance, apegándolas a su rostro de inmediato para sentir el olor a frutas, jadeando encantado.
Ante la desesperación del momento no le estaba prestando realmente atención a su olor, aunque sabía que aquello era algo que había deseado conocer durante mucho tiempo. Se dejó caer sobre el suelo, con las pijamas de Sehun sobre su cara, logrando sentirse un poco más tranquilo que antes.
―Duele, duele mucho―se quejó, colocándose de costado sobre el suelo en posición fetal, apretando lo más posible sus piernas contra su estómago, para que el dolor fuera menor.
El calor comenzaba a invadirlo poco a poco, por lo que se quitó las pijamas de Sehun del rostro, dejándolas a un lado, para poder respirar correctamente y no ahogarse entre el calor de la tela.
Al ser un omega, la atención que recibiría no sería la misma que había tenido Sehun, en especial porque los síntomas eran diferentes, al igual que las feromonas del lobo. Los alfas solían sentir dolor y ser algo territoriales, pero por la edad de Sehun, esa parte territorial no fue tan fuerte y sobrepasó las cosas de mejor manera, logrando ser tomado sin demasiadas complicaciones.
Sin embargo, Dongjunie estaba en esa edad en donde se podía presentar el calor, por lo que no era correcto el acercarse a él como si nada, mucho menos alfas, quienes podrían asustar al sensible omega en proceso de presentación y lograr que las cosas fueran más complicadas.
Tenía que ser un lobo de confianza quien se acercara a él en ese momento de debilidad y la mejor opción era su padre omega.
Tristemente el padre omega no trabajaba en el castillo, por lo que tenían que esperar a que llegara después de la llamada que le avisaba del estado de su hijo, por lo que no podían hacer mucho más.
―Tengo mucho calor―jadeó asqueado, comenzando a arrastrarse hasta el baño e intentando escalar la tina, sus piernas temblorosas no siendo de ayuda.
En ese momento pudo darse cuenta del líquido que bajaba por sus piernas, manteniéndose en la tela del pantalón y el exceso quedando en el suelo.
Se dejó caer sobre la tina, golpeándose un poco la cabeza por el impacto y dejó caer el agua de golpe al abrir el grifo sin cuidado, siendo agua helada la que comenzaba a llenar la tina, porque tampoco había regulado la temperatura.
― ¡Ay, ay! ―chilló en alto cuando sintió el agua helada llenarle la espalda, intentando evitarla, aunque sabía que el punto era remojarse para que el calor de su cuerpo bajara.
― ¿Cariño? ¿Todo en orden? ―escuchó el grito de su padre a lo lejos.
― ¡Sí! ―habló lo más alto que pudo, sabiendo que podría ser escuchado, a pesar de la distancia― ¡Papá!
― ¡Tranquilo, mi vida! ¡Papi está subiendo ya!
Colocó ambos brazos sobre los bordes de la bañera, sintiendo su mandíbula temblar por lo fría que estaba el agua, cerrando sus ojos para intentar relajarse un poco.
En ese momento de poca relajación, pudo poner atención en su olor, por lo que pegó su nariz a uno de sus brazos, sintiendo el olor que lo hizo sonreír con ligereza, su rostro sudado y adolorido mostrando una sonrisa pequeña.
Peonia y rosa, un olor floral completamente.
Reconocía los olores porque en el jardín del castillo había una amplia variedad de flores, en donde había podido olfatear casi todas y lograba identificar el olor de cada una. No estaba para nada disgustado con su olor, pero le daba gracia porque Sehun había tenido completa razón con lo que había dicho sobre su olor.
―Hasta en eso me conoce muy bien―cerró los ojos, apegando su cabeza a la bañera.
El agua comenzó a cubrirle el estómago y en ese momento su padre entró, corriendo hasta donde se encontraba y cerrando el grifo, soltando un chillido por lo helada que estaba el agua.
―Mi niño, el agua está demasiado fría, te vas a enfermar―se acercó al rostro del castaño, tomándolo con cuidado, notando que la temperatura seguía alta.
―Tengo calor―susurró cansado.
―Lo sé, amor.
Con todo el cuidado que un padre podía brindarle a su hijo, tomaba agua con sus manos y le limpiaba el rostro, intentando que la temperatura bajara un poco, para después poder sacarlo y secarlo.
―Tienes un olor muy bueno, muy floral―sonrió, haciendo que Dongjunie sonriera también mientras asentía un poco.
―Sí…Sehunie dijo que sería así―contestó cansado, sintiendo cómo su padre le quitaba la ropa para poder sacarlo en toalla―Me gusta.
―Vamos, te iré a secar y a preparar para descansar un poco ¿Está bien?
―Sí, papi.
El omega cargó a su hijo y logró que se pusiera de pie un momento en la bañera, para enrollarle una gran y gruesa toalla, tomándolo para poder llevarlo a la habitación. Dejó a Dongjunie en la cama y tomó una de las pijamas de Sehun del armario, incluida la demás ropa que le colocaría, porque no habían llevado ropa parda que se cambiara ese día.
―Me duele aquí―se quejó mientras señalaba su vientre, haciendo que el omega mayor asintiera, acariciándole un poco con cuidado.
―Es normal, dolerá algunos días más, pero pronto pasará―le ayudó a acomodarse, sintiéndose un poco raro, porque hace años que no cambiaba a su hijo.
―Soy omega ¿Verdad? ―el sueño comenzaba a ganarle, en especial porque ya le habían colocado la parte de arriba del pijama, por lo que podía sentir perfectamente el olor de Sehun, haciéndolo dormitar.
―Sí, cariño. Un omega precioso―terminó de colocarle los calcetines y se movió por la habitación, buscando la secadora para el cabello―Te secaré el cabello, puedes dormirte, mi amor.
El menor asintió, acomodándose en la cama para que su cabeza quedara un poco elevada por la almohada, aunque cuando su padre conectó la secadora, se sentó sobre la almohada y él dejó caer su cabeza en el regazo ajeno.
No supo mucho más después de que comenzó a escuchar el ruido de la secadora, sintiendo las manos de su padre en su cuero cabelludo, relajándole totalmente. Cayó dormido con el pensamiento de que el dolor era mayor al que había pensado en un inicio, pero que intentaría llevarlo de la mejor manera.
···
―Cariño, por favor. No puedes estar con él.
Sehun se encontraba totalmente ansioso, moviéndose de un lado a otro en la habitación, sintiendo su cuerpo arder mientras gruesas gotas de sudor bajaban por su rostro hasta su cuello, perdiéndose en la tela de su camiseta.
― ¿Está entrando en calor? ―preguntó Haneul al ver a su hijo de esa forma, sintiendo su olor de forma más presente en la habitación.
―Creo que es su celo, se adelantó―expresó preocupado, manteniéndose en la puerta de la habitación donde normalmente se quedaba Dongjunie en casos especiales, ya que el cuarto de los padres no era una opción.
― ¿Se adelantó por sentir el olor de Dongjunie? ―preguntó el alfa, haciendo que el omega sonriera levemente, asintiendo.
― ¿Qué te sorprende? Era completamente predecible que serían destinados―se encogió de hombros, tomando la mano de su alfa para llevarlo a su lado y que no fuera con Sehun.
―Lo sé, pero igualmente cabía la posibilidad de que no lo fueran sus lobos como tal―se encogió de hombros, haciendo que el omega sonriera, dándole un pequeño apretón en la mejilla― ¿Por qué estás tan tranquilo?
―Porque si agobiamos a nuestro hijo con nuestros olores preocupados, solo haremos que se ponga más ansioso y quiera salir de la habitación. Puede que el celo se haya adelantado, pero debe calmarse un poco antes de que le demos algún medicamento―explicó, posando ambos brazos sobre los hombros ajenos, dándole un beso en la mejilla.
―En eso tienes razón, es mejor que me aleje un poco―suspiró, tomando al contrario por la cintura, ambos viendo al menor darse aire con un cuaderno.
―Le voy a ayudar a darse un baño, mientras tú vas por el supresor para nuestro niño. Se la daremos y lo haremos dormir, porque tampoco podemos llevarlo con Dongjunie, esa sería una mala idea―habló suave, haciendo que el alfa sonriera como un tonto enamorado, asintiendo sin pensarlo demasiado.
―Está bien, cariño. Ya regreso.
Haneul se fue de la habitación y Jiho volvió a cerrar, colocando el seguro por si su niño quisiera correr y escapar para poder ir el castaño.
―Mi niño, te ayudaré a tomar un baño que te calmará un poco―le habló mientras se le acercaba, tomando la ropa que había ido a traer antes de mantenerlo en la habitación.
―Papi, quiero ir con Dongjunie―pidió, su voz siendo más dura de forma involuntaria, porque él no quería hablarles mal a sus padres.
―Lo haremos cuando se sienta mejor, debemos darle espacio hasta que se sienta con fuerzas―Jiho tomó la mano más pequeña y se sentó en la orilla de la cama, dejando a su hijo en medio de sus piernas―Eres un niño muy inteligente y debemos ser considerados con Dongjunie. Le duele el cuerpo y tiene fiebre, necesita de su padre omega y pronto podrá mejorar, pero tenemos que darle su espacio.
En realidad el espacio era principalmente porque Sehun era un alfa y aunque era un niño, los instintos de mordidas podrían presentarse.
―Yo solo quiero ayudar―dijo con voz frágil, haciendo que el padre sintiera un pinchazo en su pecho, acariciando el rostro contrario.
―Y lo estás haciendo, quedándote aquí tranquilo―el menor asintió a su pesar, intentando dejar de lado el pensamiento constante de ir con Dongjunie―Muy bien, ahora vamos, te ayudaré.
Sehun no podía describir las sensaciones que le había causado el aroma de Dongjunie y tenía muchas ganas de sentirlo nuevamente, pero tenía que ser consciente y buen amigo, por lo que atendió a las indicaciones de sus padres.