Azul se despertó nerviosa, con el corazón latiéndole con fuerza. No podía sacar de su mente los besos de la noche anterior con David ni la insistencia de él en hablar con su padre. Sabía que, si eso ocurría, todo se convertiría en un completo caos. —Buenos días, mami. Espero que hayas disfrutado tu cumpleaños —la saludé, dándole un abrazo cálido. —Fue maravilloso, cariño —respondió ella con una sonrisa. En ese momento, Mateo y Nicolás bajaron por las escaleras, uniéndose al desayuno en el comedor. —Hoy es domingo, no quiero visitas. Solo quiero estar con nosotros cinco —dijo Nicolás, tomando su taza de café mientras observaba el comedor con una leve sonrisa—. Por cierto, ¿quién limpió el desastre que era la casa? —El servicio de limpieza, por supuesto —respondió mi mamá, riendo con co

