Capítulo 5

1091 Palabras
— "Es lindo saber que es una ecologista y que reutilizó toda la porquería del basurero para coserlo”— Christine Kavanaugh. Pensaba en la llamada que me había hecho mi madre antes de subir al auto; era imposible no estar molesta. Ser hijo de padres divorciados tiene sus enormes desventajas. Mi madre es una arqueóloga, de esas que buscan restos fósiles en diversas comarcas, quiero decir que visiblemente viaja demasiado, llegó hasta un punto en el que pasaba meses fuera, así que decidió que estaría mis dos últimos años de instituto en casa de mi padre; cual padre me ignoraba, se llenaba de trabajo para no estar en casa y me obligaba a estar con el hijo de unas personas para que no lo metieran en prisión. Mi padre es co-propietario de una empresa de telecomunicaciones; la herencia que le dejo mi abuelo. El verano pasado contrato a una mujer sin revisar sus papeles, solo la contrato porque quería aprovecharse de ella, y así fue, llevo a cabo lo que le cobraría hasta las entrañas. No mucho después descubrió que era una menor de edad, y era hija de personas importantes, era hija de los nuevos co-propietarios de la empresa y para no presentar una demanda, mi padre les ofreció un trato, yo sería la prometida de su hijo mayor a cambio de su silencio. Mi padre asume que le tendieron una trampa, es decir, ¿Por qué justamente fue la hija de los co-propietarios de la empresa? ¿Por qué justamente ella llego buscando un trabajo y olvido sus papeles? ¿Serían sus padres el cerebro de esto? ¿Cómo consiguieron una grabación de ellos en sus encuentros íntimos?, era como si todo hubiera estado rígida y sigilosamente planificado. ¿Y Qué tengo yo de importante? Pues mi padre había puesto la mitad de la empresa a mi nombre, era la heredera universal, y si nos casaban, y mi padre moría por el cáncer de estómago que se estaba tratando, serían los propietarios de toda la empresa, recalcando su valor en millones. Era algo intransferible, así lo había dejado estipulado mi abuelo antes de morir en su testamento, junto con una cláusula de que si esto se intentara llevar a cabo, la perderíamos y seria dejado al medio hermano de mi padre, ambos se odiaban, así que quedaríamos en la calle, la muerte de mi padre seria súbita por no poder costear las quimios y yo no iría a la universidad, que era mi interés principal en todo el asunto. La única heredera era yo, y si me casaba con Aarón, eso lo haría dueño también. Sus planes eran que fuéramos novios para no levantar sospechas, se estaba manejando mucho dinero, luego nos casarían cuando yo tuviera veintiuno, luego de graduarme en la universidad y un poco antes que mi padre muriera. Ya me había cansado de llorar y que la depresión me consumiera por esta situación, Aarón tampoco quería casarse, pero él también estaba obligado, no lo odiaba, en realidad, quitando lo malo del asunto, no era tan mala persona, nos acordaron una cita en un restaurant y tuvimos una cierta química, intentaron no hacerlo tan difícil para ambos, solo que me retorcía pensar que Aarón era una cadena que me privaba de ser totalmente libre, de hacer lo que quisiera de mi vida. Pensar en ello, me hacía perder la cabeza y todo por un padre que no teme romperme hasta dejar los huesos. Aunque nuestra relación no fuera la idónea, no quería que el fuera a prisión, y tampoco quería perderlo todo, sobre todo, no poder ir a la universidad y que mi padre muriera sin poder hacer nada. El merecía ir a la cárcel, lo hubieran engañado o no, ya no importaba, pero en vez de afrontar su castigo, me lo dejo a mí y el seguirá con su vida como si nada hubiera pasado hasta que le llegara el día de su muerte. El vivirá el resto de su vida feliz con Rosario, viviendo en su bonito departamento, cuidando al bebe que viene en camino, y yo, estaré triste en un departamento frio y lúgubre viviendo con Aarón, una persona a la cual quería, pero que jamás sería suficiente; quizás porque me habían obligado a quererlo, fue como el campo de protección de mi mente, quererlo para que no se me hiciera tan difícil y no derrumbarme. Nos lo quitarían todo, nuestra casa, la casa de mi madre, los automóviles, todo en la cuenta del banco, tendría que salirme del instituto, trabajar y probablemente vivir en un motel, llevaríamos a la Nana a un asilo y mi padre, el estaría tras una celda esperando a ser condenado. En clases de literatura Griega, intentaba calcar los apuntes del pizarrón para un trabajó en dúo, pero el chico sentado frente a mí, me distraía, hablaba muy fuerte con el sujeto sentado a su lado. Me ensanché y rocé su hombro, ya de por sí, su tamaño no me había dejado ver absolutamente nada; estaba aproximadamente entre el 1.79 y yo de 1.57, era obvio que parecía un edificio para mí. — ¿Podrías guardar silencio?— le exigí con una modulación poco amistosa. Él se giró a medias, enseñándome el perfil de su rostro, y era Adam, lo que me dejo con un nudo en la garganta, pero no hizo ni dijo nada, solo volvió a mirar hacia adelante y permaneció en silencio durante el resto de la clase. No quería parecer impulsiva, pero necesitaba esos puntos para tener una buena calificación y aprobar la materia. No lo había visto desde aquella noche, es decir, alrededor de un mes más o menos, y en realidad me sorprendió verlo, sabía que estaba en mi clase, pero fue como —personaje desbloqueado—, nunca me había dado cuenta de que estaba allí hasta que me hablo por primera vez. Bebía refresco de mi frasco con grabado de rosas mientras miraba las flechas del reloj ir de un lado a otro; esperando la hora de salida. Cuando el timbre sonó, me levanté subiendo mis pantalones hasta el ombligo. Tomé mis cosas y salí del salón. Deposité algunos libros en el casillero, tome mi libro de cálculo y la gorra de Adam cayo a mis pies, había olvidado regresársela. Cerré la puerta metálica para seguir caminando hacia la salida por los pasillos. Lo primero en lo que mis ojos se posaron, fue en Adam. Él estaba en el aparcamiento del instituto sobre su viejo Volvo, junto a su novia.
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