Pensamientos de Adam
Ani había sido mi mejor amiga por años, y ahora, andábamos. No todo era tan bueno como creíamos que seria, tal parece que compactábamos más como amigos. Rodrigo se burlaba de Ani porque descubrió que era trans-género, es decir, ella había nacido como hombre y luego había hecho su transición. No la conocí como Anton, y aunque la hubiera conocido así, igual no la juzgaría.
Rodrigo le había dicho a todo el mundo que ella era un hombre con peluca, Ani intentó suicidarse porque se sentía como una basura, ella no se quería así misma. Por todo la juzgaban, por su orientación s****l, por su religión, por sus creencias. Aunque siempre hay gente que lo entiende igual que yo, ella también tenía un grupo de amigos grande que la amaba.
La primera vez que nos besamos, fue en el verano, en una fiesta jugando a la botella. Era todo menos romántico, pero nos habíamos dado cuenta que sentíamos atracción uno por el otro. El beso fue esa línea que no cruzas jamás en una amistad, ya que puedes empezar a sentir cosas, y eso fue lo que nos pasó.
Pensamos que lo mejor era ser más que amigos; ser exclusivos, pero eso ya no funcionaba. La amaba, pero no de la manera en la que creí que lo hacía. Aun así, no estaba con nadie más, no quería herirla, ella se veía feliz conmigo y yo la quería demasiado para verla desmoronarse.
—No quiero estar con nadie más, ya te lo dije—intercepte golpeando la mesa con la mano sana.
—Es una farsa lo de ustedes dos, ya búscate a alguien que de verdad te guste.
Él tenía toda la razón, y no tenía nada que ver con su pasado, ella me había gustado tal y como era, como una persona. Lo que paso fue que su esencia ya no me atraía, pero no podía hacerlo, seria egoísta luchar tanto por algo para permitir que se rompa de la nada. Ani me había dado todo de sí, y yo no podía herirla. No era problema, ya que no me gustaba nadie, no me había interesado en otra mujer desde que estaba con ella.
—Tengo que irme Rodrigo, nos vemos luego, quédate con toda esta mierda, te la has ganado—refunfuñe.
Al llegar a mi frio y solitario departamento, me di cuenta que había extraviado mi gorra. Me la había regalado mi hermano, Trevor, y era importante para mí, pero no recordaba donde la había dejado, quizás en el departamento de Rodrigo.