Ani la dejo sentarse entre nosotros para que pudiéramos tener contacto físico. Christine no podía subirse. Se veía tan frágil y pequeña, que me impulse a ayudarla a subir. A veces me distraía ver sus preciosas manos sujetándose de mi torso; solo pensaba en tomarlas, pero estaba conforme con solo verlas. Llegamos al instituto y Ani trotó hacia adentro como si corriera un maratón, era visible el hecho de que quería dejarnos a solas. Christine tenía problemas para bajar, así que decidí ayudarla como todo un caballero. —No necesito tu ayuda, gracias— masculló entre dientes como toda una orgullosa. No me importaba lo que dijera, yo quería ayudarla y ya no temía ser rechazado, de tantas veces que lo había hecho, ya estaba acostumbrado a su orgullo y alejamiento hacia mí. Me coloque cerca

