Acompañar a Jeremy a una cena de negocios no era algo que me gustaba hacer, pero en el fondo debía de alguna manera sacar a Brandon de mi corazón de una vez por todas. Jeremy es bueno, me quiere y no voy a arruinarlo por culpa del hombre que acabó con mi ilusión.
Me arreglé intentando tapar cada tristeza que quería borrar, pero el maquillaje solo hacía que más triste me sintiera aún más. Era inevitable recordar ese encuentro una y otra vez; me quiere, pero, sin duda eso no es suficiente, además estoy comprometida y Jeremy no se merece un mal trato de mi parte.
Terminé de acomodarme y mi madre me observaba triste desde el marco de la puerta. Podía verla a través del reflejo del espejo mientras peinaba mi cabello. La observé y dibujé una leve sonrisa en mi rostro.
Ella se acercó.
―Estás hermosa, hija―De nuevo sonreí, aunque las ganas de abrazarla y llorar eran casi imposibles de controlar. Sin embargo, mi padre logró interrumpir ese momento que no quería volver a sentir. No quería llorar más por Brandon.
―Jeremy está abajo ―dijo sonriendo orgulloso.
Asentí, terminé rápido de acomodar mi cabello y bajé.
Ver a Jeremy no despertaba nada dentro de mí, era como ver a un buen amigo, pero quería esforzarme a verlo diferente, por más difícil que eso fuera.
Nos fuimos a su auto y me comentó que nos veríamos con el hijo del dueño de unos hoteles de la ciudad. Sentí un extraño escalofrió recorrer mi cuerpo. Y más al escuchar cuál era su nombre. No podía ser cierto.
Llegamos al restaurante y solo quería salir corriendo, no quería ver a Brandon y mucho menos estando junto a Jeremy. No sabía si podía soportarlo. Jeremy notó mi nerviosismo y despacio acarició mi cuello. Me sentí un poco incomoda, pero todo mi cuerpo empezó a temblar al escuchar a Jeremy decir que me pusiera de pie para “conocer” a Brandon y a su acompañante.
Sé que al verme se sorprendió, pero no tanto como yo al escuchar que no solo estaba acompañado de una mujer, sino que era su esposa. Me senté intentando no pensar en eso, en que su ausencia todos estos meses tenía el nombre de Anna.
Era muy difícil seguir aparentando, aunque en realidad no dije casi nada; solo me limité a estar sentada junto a Jeremy conteniendo las lágrimas y el ardor en mi pecho.
Me levanté para ir al baño, despejarme un poco y no pude evitar encerrarme en el baño y llorar como pensé que no volvería a hacerlo. Me dolía en el alma ver que el hombre que había amado tanto y esperado, simplemente se había burlado de mí.
Me lavé la cara y me maquillé de nuevo para borrar el rastro de las lágrimas saladas sobre mi rostro. Caminé para volver a la mesa, pero un joven mesero me entregó una nota.
Me sentí nerviosa y regresé al baño apresurada para ver de qué se trataba:
“No quería que te enteraras así. Lo lamento tanto. Desearía poder escribir lo que siento en este momento, lo difícil que es el simple hecho de estar en la misma ciudad que tú y ahora tan cerca… pero tan lejos. Quiero verte mañana en la noche en el lugar de siempre. Sin embargo, entenderé perfectamente que no quieras verme”.
Tomé la nota con fuerza y rabia entre mis manos, la rompí en pequeños pedazos y la boté.
Volví a la mesa apresurada y le dije a Jeremy que quería volver a casa. No tenía una explicación lógica a mi decisión tan apresurada, pero no podía seguir ahí. Jeremy besó mi mejilla enfrente de Brandon y no fui capaz de verlo. Se puso de pie, estrechó la mano de Brandon, nos despedimos sin ningún motivo y nos retiramos.
Sentí que mis pies iban apresurados deseosos por entrar al auto y volver a casa.
―¿Estás bien? ―dijo Jeremy mientras estábamos de pie junto al auto.
―Sí, es que tengo mucho dolor de cabeza―mentí.
―Tengo un remedio muy efectivo para eso―dijo sonriendo y acercándose mucho a mí. Estaba todo un poco oscuro y el auto estaba apartado del restaurante. Se acercó y lentamente besó mi cuello, mis mejillas.
―¿Qué haces?
―Besar a mi prometida― Y sentí como sus labios tocaban los míos despacio con cuidado, pero no lograba corresponderle.
Sin embargo, a lo lejos vi que Brandon se acercaba y, cuando estuvo a pocos metros de nosotros, abracé a Jeremy como nunca antes lo había hecho y le correspondí ese beso delante de la mirada del verdadero amor de mi vida.
Me aparté de Jeremy y vi como Brandon me observaba, al tiempo que sostenía la mano de su esposa y le abría la puerta del auto. Sabía que lo había herido profundamente con ese beso, pero él me había herido mil veces más a mí.
Volvimos a casa, me despedí de Jeremy con un beso en los labios sutil.
―¿Pensé que pasarías la noche conmigo? ―dijo triste frente a la puerta de mi casa.
―Te lo compensaré―dije deseando abrir la puerta y correr a mi habitación a llorar.
―¿Me lo prometes? Vamos mañana a ver la casa y a comprar algunas cosas. ¿Te parece?―dijo acercándose y colocando su mano sobre mi pierna. Asentí y de nuevo sentí sus labios en los míos.
Me aparté rápidamente y me bajé del auto. Ya las lágrimas estaban saliendo y él no podía darse cuenta de nada.
Entré a casa y sentí que mi corazón latía con fuerza sin lograr controlarlo. Vi a mi madre de lejos y con mi mirada entendió que no quería hablar, pero cuando me iba a mi habitación, estaban dos de mis amigas en la sala. Verlas después de varios días, y luego de lo que había pasado, hizo que me sintiera aún más vulnerable. Las observé con una sonrisa mientras mis lágrimas caían sobre mis labios.
Se pusieron de pie preocupadas y me abrazaron.
―¿Qué sucede? ―dijo Alice sosteniendo mi rostro y llorando también por verme así. Pero no podía hablar, no tenia palabras. Me aparté de ellas y subí apresurada a mi habitación ante los ojos de mis padres. Mis amigas se fueron detrás de mí.
―Quiero estar sola―dije acostada en mi cama abrazando a mi almohada con mucha fuerza.
―No vamos a dejarte sola―dijo, Amy y sentí como ambas se sentaron a mi lado sin decir ni hacer nada.
Me levanté y me coloqué frente a la ventana. Ellas sabían la razón de mis lágrimas, siempre había sido él, pero ahora todo era muy diferente. Me senté junto a ellas, les conté todo y aunque esperaba un “te lo dije” solo me abrazaron con mucho cariño, dejando que todo mi dolor saliera a sus hombros.
Me aparté despacio y les conté de la nota del restaurante.
La decisión estaba tomada.