Brandon: No puedo más

1370 Palabras
Jeremy Cass se acercó a mi mesa, parecía ser un hombre que conocía a mi padre y aunque no tenía ánimos de hacer negocios esa noche, los negocios llegaron a mí. Al final era mi trabajo. Le presenté a Anne, estrecharon sus manos y lo invité a sentarse en nuestra mesa. ―Su padre, Leandro Page, es un hombre muy conocido. ―Lo es ―Asentí mientras un mesero interrumpía para servirnos un poco de vino. ―Me interesa conocer si hay algún proyecto nuevo para participar. Que sea acá. ―Sí, precisamente queremos iniciar un nuevo hotel a las afueras de la ciudad, es un proyecto bastante ambicioso. ―En eso creo que somos iguales ―dijo extendiendo la copa al tiempo que su mirada se iba a Anne. ―A mi padre sí…―dije intentando no entrar en un tema diferente y sonreí. ―¿Podemos reunirnos mañana para conocer más detalles? ―Por supuesto―Le extendí mi tarjeta y me dio la suya. ―Mañana en la noche en el restaurante “Miele”. Es mi favorito. Puede llevar a su esposa, yo llevaré a mi prometida. ―Excelente―dije intentando mantener una agradable sonrisa con él. A los pocos minutos se retiró y era evidente que ya había cumplido mi propósito. Él parecía ser el inversionista perfecto que mi papá necesitaba. Ahora quería irme, pero debía permanecer una noche más en la ciudad que me susurraba el nombre de Ángeles en cada rincón. Volvimos a casa y era muy tarde, mis padres estaban dormidos. Subimos a la habitación, me quité los zapatos y sentí las manos de Anna acariciar mi espalda. Me di la vuelta y acaricié su rostro, no podía negar que era una mujer preciosa, de buen corazón y quizás una buena compañera, pero nada podía llenar el espacio de mi corazón que ya tenia otro nombre. Le sonreí tímidamente y ella se acercó a besar mi cuello. Cerré mis ojos para no pensar y el recuerdo de Ángeles volvió. Podía sentir sus labios, sus manos, era ella. Su hermoso cabello sobre su rostro la hacia lucir hermosa e inocente. Pero no era ella. Me aparté con un poco de brusquedad de su lado y me alejé a la terraza de la habitación. Anna se enojó. ―Espero que podamos volver a casa… y regreses. No entiendo qué te sucede…―dijo intentando encontrar una respuesta coherente de mi parte. Sin embargo, no sabía que decirle. Me limité a quedarme en silencio y contemplar la noche. En ese momento solo quería salir de ahí y verla a ella. A los pocos minutos Anna se quedó dormida, quería intentarlo también, pero solo daba vueltas y vueltas en la cama. Me levanté y bajé a la cocina. Quizás una taza de té me ayudaría a relajarme un poco. Estuve solo en la cocina algunos minutos y sin darme cuenta de nuevo ella estaba en mi cabeza, fue como ver una película de tantos recuerdos que guardábamos juntos. Golpeé la mesa con fuerza y la taza se cayó a mi lado partiéndose en cientos de pedazos. Me puse de pie enojado para recoger mi desastre y mi padre estaba de pie observándome. ―Por lo menos intenta disimular… Anna no se merece... ―Te agradezco que no te metas, papá―dije mientras barría cada fragmento de la taza frente a mis pies. ―Hijo… yo… ―No quiero escuchar de nuevo el discurso, por favor. Ya estar aquí es lo suficientemente difícil como para que sigas diciéndome que es lo correcto, que debo seguir adelante. Me miró sin decir una palabra y antes de retirarme de su vista le dije lo del potencial inversor y nuestro futuro encuentro la noche siguiente. Al final era solo eso lo que le importaba a mi padre. Subí a mi habitación y Anna aún dormía, yo no lograba conciliar el sueño, era imposible. Sin darme cuenta ya había amanecido, debía enfrentarme de nuevo a un día vacío, triste. Llegó la noche y era el momento de volver a ver a Jeremy Cass, mi padre me entregó una carpeta con los detalles del proyecto y me indicó prácticamente qué debía decir. En otras palabras, debía cerrar ese trato y conseguir al inversionista a como diera lugar. De nuevo Anna se vistió elegante, ella disfrutaba este tipo de vida con vestidos, brillantes y maquillaje. Llegamos al restaurante y en el fondo estaba Jeremy Cass con una mujer. No lograba verla bien. Estaba de espaldas a nosotros, sin embargo, sentí un extraño escalofrió cada vez que me acercaba a ellos; al tiempo que Anna caminaba a mi lado con su brazo alrededor del mío. Nos acercamos a la mesa y él y su acompañante se pusieron de pie. Estreché la mano de Jeremy y al girar, sentí que mi mundo se paralizó y al mismo tiempo se derrumbó. Era Ángeles. En ese momento no supe cómo reaccionar. Jeremy me observó con seriedad ante mi asombro. ―¿Se conocen? ―dijo él mientras sostenía la cintura de Ángeles contra su cuerpo. ―No―dijo ella dejando que esa dos pequeñas letras salieran de su boca con gran dificultad. Jeremy sonrió y dijo: ―Ella es Anna, su esposa… ―Mucho gusto―dijo Anna alzando su mano hacia Ángeles y ella por cortesía la alzó también, pero podía ver en su mirada la tristeza que de nuevo le había provocado al saber de la existencia de Anna. Nos sentamos los cuatro en la mesa y me sentía realmente incomodo, solo quería hablar con Ángeles, explicarle, pero al mismo tiempo no había una razón para ello. Ella estaba con Jeremy y yo con Anna, eso no podía cambiarse. Intenté estar presente en la reunión, pero era difícil alejar al Brandon que deseaba con locura estar de nuevo con el amor de su vida, y ser el Brandon esposo de Anna intentando encontrar un nuevo inversor para los negocios de mi padre. Pero hacer negocios con Jeremy significaría estar cerca de Ángeles. No podría soportarlo. Jeremy observó los documentos y los planos del futuro proyecto y pareció interesarse mucho. En el fondo deseaba que se negara, que dijera que buscaba algo mejor, pero era todo lo contrario. Por un momento me sentí muy agobiado y me levanté para ir al baño. Solo necesitaba alejarme de esa mesa por unos minutos. Llegué al baño y la pared pagó la frustración enorme que sentía en ese momento. La golpeé tan fuerte que fue inevitable no ver como una pequeña gota de sangre descendía por mis nudillos. Me lavé rápidamente y salí. Estaba decidido a ignorar a Ángeles, a seguir con mi vida, a dejar de lastimarme y lastimarla, pero así me estaba engañando a mi mismo. Busqué a un mesero y me pedí un trozo de papel y un lapicero. Necesitaba intentar comunicarme con Ángeles de alguna manera. Le escribí una breve nota y le indiqué al mesero que, si ella se levantaba al baño, por favor le entregara la nota con mucha discreción. El joven asintió y le di una buena propina por el favor. Volví a la mesa y todos parecían estar conversando muy cómodamente; por lo menos Jeremy y Anna, Ángeles solo estaba ahí sentada a su lado. Le sonreí con miedo mientras me acercaba más y vi como rápidamente detenía una lágrima que se asomaba por uno de sus ojos. Sentí que mi mundo de nuevo se quebraba. Tenía un nudo enorme en mi garganta, estaba deseoso por desaparecer, pero al mismo tiempo deseoso por seguir siendo parte de su vida, aunque sabía que eso no era posible. A los pocos minutos ella se levantó y pensé en la nota. No logré darme cuenta si la había recibido o no, pero no podía ser tan evidente observándola. Me concentré en la reunión y Ángeles regresó. Sin duda podía ver en su rostro que había llorado. Me sentía el peor hombre del planeta tierra. Terminó la reunión, Jeremy confirmó la inversión y el siguiente paso era la reunión con mi padre para recibir el dinero y dar inicio a una nueva sociedad de la que no quería ser parte.
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