Brandon: Debo alejarme, aunque duela

1515 Palabras
Desde hace años estoy enamorado de Ángeles. Ella es mi todo. Sin embargo, ambas familias no aprueban nuestra relación; y todo por culpa del dinero y cosas del pasado. Hace poco, mi familia me forzó a comprometerme con otra mujer. Anna es buena, me quiere y he intentado darle una oportunidad, pero sin duda jamás podré llegar a amarla como a Ángeles. Hace tres meses me casé con ella. Anoche tuve que despedirme de Ángeles, decirle cuanto la amo, pero al mismo tiempo decirle adiós. Ahora, estoy atrapado en un matrimonio que no deseo, pero que debo cumplir. Sin embargo, no le dije nada a Ángeles. No fui capaz de partir aún más su corazón. Y lo más difícil de todo es que ella está comprometida, y no puedo describir lo que eso significa para mí. A pesar de todo esto sé que no seré capaz de alejarme de ella completamente. No quiero hacerlo. Este matrimonio es como una cárcel para mí, pero no tengo opción. Observé hacia el lado derecho de mi cama y ahí estaba Anna, con su hombro desnudo, dormida. Al llegar en la noche luego de ver a Ángeles, Anna me esperaba. Por supuesto le mentí diciéndole que había visto a unos antiguos amigos. Ella no sabe que Ángeles existe. Respiré profundo intentando alejarla de mi mente, pero solo podía pensar en ese beso que tanto quería, en su abrazo, pero sobre todo en esa tristeza que le había provocado. Me sentía realmente devastado. Era casi el amanecer, no lograba dormir más. Me puse de pie y me acerqué al balcón para despejar un poco la mente. Hacía mucho frío. A los pocos minutos escuché la voz de Anna detrás de mí. ―¿Todo bien, cariño? ―dijo al tiempo que colocaba sus brazos alrededor de mi espalda. Me limité a mover mi cabeza de arriba abajo, sin tocarla. En ese preciso instante lo único que estaba en mi mente era Ángeles―. Vamos a la cama un poco más… Inmediatamente comprendí las intenciones de Anna, pero no podía. La primera vez que la toqué como mujer la imaginaba ella, a Ángeles. Y creo que ha sido así siempre. Llevamos juntos algunos meses, incluso perdí la cuenta, pero según mis padres, ella es la mujer perfecta para mí y la familia. ―Ahora no…―dije y aparté sus manos de mi espalda. Me observó sin decir una palabra, cruzó sus brazos y se fue a la cama. Desde que habíamos regresado a “mi casa” no me sentía el mismo. La fuerte presencia de Ángeles me lastimaba como nunca pensé que lo haría. Y ahora me siento terrible por amarla, por mentirle, por abandonarla, por dejar que al final mi padre y mi madre tomaran el control de mi vida. Respiré profundo varias veces, alejando cada pequeño pensamiento de Ángeles, pero era imposible de lograr. Quizás lo mejor era irme de la ciudad nuevamente. Estar aquí significaba Ángeles, nada más. A los pocos minutos salió el sol y no podía seguir encerrado en la habitación. Anna estaba dormida, me cambié y decidí salir a trotar un poco. Al bajar, mi padre estaba de pie en la cocina. Intentó hablar conmigo, pero no tenía ánimos de nada. Me limité a darle los buenos días y salí a correr algunos minutos. Necesitaba irme lejos, donde el dolor que sentía en mi pecho se sintiera un poco menos, pero, aunque corrí varios kilómetros, todo seguía intacto. Volví a la casa y estaban todos desayunando; mis padres y Anne. ―Al fin regresas―dijo mi padre―. Acompáñanos―Levantó su mano y señaló la silla que estaba junto a Anna. ―Voy a ducharme primero…―Y cuando quería retirarme mi padre insistió. ―Brandon… Acompáñanos―Me miró fijamente y no tuve otra opción. Al terminar de comer mi padre me pidió que lo acompañara a su despacho. Anna me observó confundida por la frialdad de mi padre, pero yo sabía exactamente de qué quería hablar. Mi padre se apresuró a llegar a su gran silla marrón al fondo de la oficina y al cerrar la puerta su actitud cambió completamente. ―¿Acaso te has vuelto loco? Intenté ignorar la expresión enojada de su rostro y mantenerme tranquilo, pero sentía que mis dientes iban a partirse y mis dedos a traspasar mis manos. ―No… ―Se que fuiste a ver a esa mujer. ¿No te quedó claro lo que tienes que hacer? Sabes que esa mujer es parte de tu pasado. Su padre es mi enemigo… Y ahora tienes esposa. ¡Respétala! ―No tienes que preocuparte. Sí, es cierto, anoche la vi y por un momento fui el hombre más feliz del planeta tierra, pero se acabó. ―Me alegro. ―Lo sé. ―Esta noche hay un evento en el hotel Glass, vas a ir con Anna. ―No, ya quiero irme de acá. Esta misma tarde. ―No… Tienes que asistir a ese evento. Vendrán personas de mucho dinero. necesitamos un nuevo inversionista. ―Lo único que te importa es el dinero… ―¿Hay algún problema con eso? Lo miré con mucha rabia y me retiré de su vista… Anna estaba a pocos metros de la puerta, la ignoré completamente y subí para tomar una ducha y cambiarme. Escuché como ella caminaba detrás de mi en completo silencio. Busqué la ropa y, sin decirle nada, ante su mirada, entré al baño y cerré la puerta. Me sentía mal por ella, era inocente de todo esto, pero ahora no podía fingir que estaba feliz a su lado. Por momentos parecía ser realidad, pero siempre Ángeles era la protagonista. Siempre. Salí del baño y Anna no estaba. Sentí un poco de alivio. Bajé las escaleras buscando a mi madre, pero no la encontré. En el fondo del jardín estaba mi padre con Anna. Los observé de lejos pero no me acerqué. Recorrí parte de la sala y la cocina, pero mi madre no estaba. Escuché en el fondo el ruido de unas gavetas y papeles. El sonido venía del despacho de mi padre. ―Mamá… ―Hijo―dijo evidentemente nerviosa con mi presencia. ―¿Qué haces? ―Nada cariño…Vamos a tomar un poco de sol con tu padre y tu esposa. ―Mamá… anoche. ―Lo sé…―bajó su mirada. ―Necesito irme de aquí. Espero que lo entiendas. Si desean que toda esta farsa siga no puedo estar tan cerca de… ―Esta noche es el evento, no puedes fallarle a tu padre. ―Los dos son iguales―y cuando intentaba apartarme la escuché llorar. Me detuve y cubría sus ojos con la palma de sus manos. Mi padre y Anna aún estaban al fondo del jardín conversando. ―Perdóname, hijo. Sé que he sido cómplice de todo esto. Sé que Ángeles es especial. ―Es todo mamá, todo… ―Pero entiende… ―Lo sé… sé que nuestros abuelos tuvieron una enemistad muy grande, sé lo de las tierras, de los hoteles, pero aún así es absurdo todo esto. Pero ya no importa. Esta vez ya no importa nada. Ella se va a casar, yo estoy casado. No hay nada que hacer. Solo quiero estar lejos de aquí para que así no duela tanto. Mi madre intentó decirme algo más, pero mi padre y Anna se estaban acercando. Se retiró rápidamente al baño para lavar su rostro; mientras Anna lentamente estiraba sus brazos hacia mí. ―¿Damos un paseo? ―Claro, hijo… lleva a tu esposa a conocer la ciudad, tu ciudad. No tenía ánimos de nada y mucho menos de salir. Todo me recordaba a Ángeles, pero prefería hacerlo, que permanecer en esa casa un segundo más. Mi padre se retiró sonriente. Tomé la mano de Anna y salimos apresurados de la casa. Ella se apartó molesta. ―¿Sé puede saber qué te sucede? ―Nada… ¿No quieres ir a pasear? ―Si quiero… pero con mi esposo. Desde que llegamos no eres el mismo. No le dije nada y caminé en dirección al auto. Ella volvió a la habitación para buscar su bolso y se apresuró en bajar. Ella tenía razón, no era el mismo, pero en realidad nunca lo había sido. Toda mi actitud con ella era falsa. Ella no conocía al verdadero Brandon y quizás nunca lo haría. Volvimos a la casa y era momento de asistir al evento. Era muy elegante, sofisticado. Anna se colocó un vestido n***o con brillantes a la orilla de sus hombros, unos zapatos de tacón plateados y un diminuto bolso en su mano. Se veía muy hermosa. Llegamos al evento, nos ubicaron en una mesa al fondo y simplemente nos quedamos ahí algunos minutos. Debía levantarme, socializar, pero no sentía fuerzas. A los pocos minutos un hombre se acercó a nuestra mesa. ―¿Eres el hijo de Leandro Page, de los hoteles? Me puse de pie y asentí, al tiempo que extendía mi mano para estrecharla. ―Perfecto… soy Jeremy Cass. ¿conversamos?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR