La despedida

930 Palabras
Permanecimos en completo silencio abrazados bajó el reflejo de la luna. Podía sentir su respiración, sus latidos y él podía sentir los míos. Parecía un momento perfecto, como si nada hubiera pasado, pero no podía tapar la realidad con lo que mi mente deseaba. Mi realidad era muy distinta. Me separé despacio de su cuerpo, de sus brazos, de sus manos, pero, aunque no quería dejar de sentirlo, era momento de ver el presente, el ahora. Di un paso atrás, tenía muchas preguntas, deseos de llorar, pero no podía, no podía reprocharle su ausencia, en el fondo sabía la razón. Me alejé un poco más deseando que todo fuera un terrible sueño y que todo siguiera igual que antes, que esta fuera una cita como la que solíamos tener y que tan felices nos hacía, pero desear no iba a cambiar las cosas. ―¿Ángeles? ―dijo al ver que me alejaba cada vez más. Estar ahora con él era lo que más quería, pero ahora me dolía―. Perdóname… Sentí que sus pasos eran lentos, pero cada vez se acercaba más a mi espalda. Yo permanecía viendo a la nada de brazos cruzados, mientras las lágrimas bajaban y la brisa las borraba. Me di media vuelta y lo miré fijamente: ―No sabes todo lo que he pasado, todo lo que he llorado… Permaneció inmóvil y aunque intentó acercarse completamente, no se lo permití. Extendí mi brazo tembloroso y le pedí susurrando que no lo hiciera. ―No digas eso. Sabes que no me alejé para hacerte sufrir. Nunca lo haría. ―Pero lo hiciste… Ignoró mi previa petición de no acercarse y me abrazó con fuerza a su cuerpo. No podía verlo a los ojos. ―Mírame, por favor… Volví, pero sé que ha pasado mucho, pero quisiera que todo fuera diferente. De nuevo Jeremy volvió a mis pensamientos. Estaba comprometida, había dado mi palabra. Me alejé nerviosa de Brandon, buscando las palabras adecuadas, pero no sabía qué decirle. Cómo decirle de Jeremy, de la boda, que hoy elegí mi futura casa. Estaba contra la espada y la pared. No podía ignorar que Brandon estaba frente a mí, que había vuelto, que podía sentirlo, escucharlo, pero mi cabeza dada muchas vueltas. ―Ángeles… ―Me observó con sus labios temblorosos―. No quiero perderte... ―hizo una pausa y pude ver que una lágrima se asomó por la orilla de sus ojos, pero la detuvo de inmediato―. Sé que han pasado muchas cosas. Esta tarde en tu casa tu padre me lo dejó muy claro y aunque no le quería creer, la mirada de tu madre fue más que suficiente. Sé que estás…―Apretó sus labios con fuerza y al mismo tiempo su puño―, comprometida con otro hombre. En ese instante sentí que mi cuerpo se desvanecía completamente. Cubrí mi rostro y lloré profundamente. ―Yo no quería―dije al tiempo que saboreaba mis lágrimas. ―Yo soy el culpable de todo esto―Me abrazó con fuerza y también lo abracé. Estuvimos abrazados algunos segundos, me liberó de su piel que tanto anhelaba y dio un paso a atrás―. No quiero alejarme de ti, hacer como que esto que sentimos no es real, dejar que te cases con otra persona, pero no sé cómo hacerlo…. No sé cómo hacer que todo esto cambie y que podamos estar juntos… Es imposible… Perdóname. Al pronunciar esa última palabra se retiró y me dejó sola. Se subió a su auto y sin decir nada más ni mirarme, lo encendió y se marchó. Sentí que mi cuerpo temblaba, que mi pecho se oprimía, que estaba en una pesadilla de la que no podía despertar. Grité de la rabia y pedí un taxi mientras mis manos literalmente temblaban. Esperé algunos minutos y el taxi llegó. No quería volver a casa, no quería sentirme así, no quería escuchar las preguntas de mamá ni su “te lo dije” … Le pedí al taxi que diera algunas vueltas. Necesitaba poder tranquilizarme. A los pocos minutos le indiqué la dirección y volví a casa. Entré despacio para intentar no hacer ruido, pero mi madre estaba acostada en el sillón. Se levantó rápidamente al escucharme llegar. Intenté no llorar, pero al verla fue inevitable. Me lancé a sus brazos como una niña y lloré nuevamente. Mi madre no hizo preguntas, no dijo nada. Solo me abrazó hasta que me calmé. Me aparté de ella, limpié las lágrimas con mi mano y le sonreí. Ella me sonrió de vuelta. ―Ve a descansar, hija. Mañana será otro día. Asentí y me retiré a mi habitación arrastrando mi tristeza. Necesitaba aceptar que todo había terminado. Era evidente que Brandon no iba a luchar por lo que una vez tuvimos. Por un momento pensé que si lo haría. Pero… Sentía mucha rabia y tristeza al mismo tiempo, un coctel explosivo que me dio la fuerza para hacer algo que no me atreví a hacer antes. Observé la cajita con sus cartas y sentí un fuerte dolor en el pecho. Sin piedad ninguna, tomé la cajita con las cartas, las fotos, los recuerdos. Entré al baño, la coloqué en el piso de la bañera y abrí la ducha. El agua empezó a caer en cámara lenta sobre la caja, haciendo que las cartas flotaran y la letra desapareciera. Las fotos se veían casi transparentes y aunque no pude evitar sentir que me arrancaba el corazón en ese mismo momento, era el gran punto y final de esta historia.
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