Volvimos a retomar las visitas a las casas, me sentía mejor, más tranquila y lista para seguir avanzando. Cada una era más hermosa que la otra y era muy difícil tomar la decisión. Conservé las carpetas con fotos da cada una y tenía un par de días para tomar una decisión. Jeremy había dejado todo a mi criterio. Sin embargo, no me pareció justo elegir sola.
Llegamos a casa y mi madre nos sirvió una taza de café en el jardín. Jeremy se alejó para conversar con mi padre un par de minutos. Mi madre estaba extraña, distante. Sentía que algo me ocultaba.
Jeremy volvió y nos dejaron solos.
Me sonrió, se sentó a mi lado y juntos observamos las fotos para tomar una decisión. Parecía algo insignificante, pero elegir la casa era una decisión enorme, un paso gigante que iba a dar y que me comprometía aún más con él, con un futuro a su lado.
Intenté que todos los pensamientos de Brandon se apartaran, pero era tan difícil que, en un par de ocasiones lo vi a él sentado a mi lado, eligiendo nuestra casa, haciendo realidad nuestro sueño de estar juntos para siempre, pero no era él.
Luego de más de una hora habíamos tomado una decisión. La segunda casa era perfecta, era la ganadora. Jeremy enseguida llamó a la inmobiliaria para notificar nuestra elección y ahora solo debíamos esperar la documentación, hacer el pago y firmar.
Jeremy se puso de pie y llegó mi padre junto a mi madre, con una botella de vino blanco y unas copas. Era un momento para celebrar.
Debo confesar que por pequeños momentos me sentía feliz, pero no era una felicidad normal de esas que te hace sonreír sin ningún motivo.; era una felicidad que debía elegir sentir cada segundo. Ellos celebraban nuestro nuevo hogar y yo solo pensaba en que ahora sí era un final para la historia que había empezado. Debía renunciar a Brandon para siempre.
Jeremy se retiró y volví a mi habitación. Mi madre caminó a mi lado tomada de mi brazo. Parecía estar feliz por la elección de la casa, pero en el fondo estaba triste.
Entramos a mi cuarto, cerró la puerta con llave y nos sentamos juntas a la orilla de la cama. Colocó la mano dentro de su bolsillo y empezó a llorar.
―¿Mamá? ¿Qué sucede? ¿Por qué lloras? ―dije preocupada.
Abrió su boca para hablar, sus labios comenzaron a temblar, y sacó de su bolsillo un sobre. Lo agarró con fuerza con su mano, arrugándolo.
―Creo que hacer esto es lo correcto. Pero también se lo mucho que podría lastimarte.
―¿De qué hablas?
―Prométeme que tu padre no se va a enterar de esto y que todo va a seguir igual con Jeremy.
―Mamá… ¿Qué pasa?
―¡PROMÉTELO! ―dijo alzando mucho su voz, al tiempo que se ponía de pie.
―Lo… prometo―dije nerviosa y me levanté a su lado.
Mi madre se quedó en silencio y dijo:
―Brandon estuvo aquí.
Escuchar su nombre y las siguientes dos palabras que dijo mi madre hicieron que literalmente mi pulso se acelerara como cientos de caballos sin control. Extendió su mano y me entregó el sobre.
―Mamá, ¿qué estás diciendo?
―No podría vivir con este secreto. Sabíamos que su padre venía a hablar con tu papá, a buscar una solución para una de las tierras, qué vendría con su abogado. Tu padre recibió mucho apoyo de Jeremy económicamente, pero decidió venderle al padre de Brandon uno de los hoteles. Es un paso inteligente para evitar la demanda del padre de Brandon. No sabemos si al final dará resultado o igual tendremos que ir a un juicio.
No podía procesar nada de lo que mi madre estaba diciendo.
―¿Brandon te entregó esta carta?
―Sí. No sabíamos que él vendría. Jamás me lo imaginé. No queríamos que estuvieras acá para ver a su padre.
Sentí que mi cabeza daba muchas vueltas, aún no podía comprender nada.
Mi madre continuó:
―Antes de irse, Brandon se apartó y me entregó el sobre. Lo guardé rápidamente en mi bolsillo y se fueron. Nadie vio. Pensé en destruirlo, en botarlo, en nunca decirte, pero no podía hacerlo.
Abrí el sobre, pero mi madre me detuvo.
―¿Hay algo más que necesito saber? ―dije nerviosa mientras el sobre temblaba entre mis manos.
―No sé qué dice esa carta, solo sé que ahora tienes una nueva vida con Jeremy, hoy eligieron su casa, se acerca la boda. No quiero verte sufrir otra vez.
―¿Acaso alguna vez dejé de hacerlo?
―No digas eso…
―Sabes que he esperado a Brandon desde el segundo en que se fue en ese avión. Y ahora me dices que regresó y que él mismo te entregó esta carta para mí. No me pidas que sea indiferente.
―¿Y si lo que dice te lastima? ¿Si no es lo que quieres o esperas leer?
―No lo sé. ¿Podrías dejarme sola? Por favor.
Mi madre me abrazó con mucha fuerza y se retiró.
Me quedé sola sosteniendo el sobre y aunque por un momento sentí una felicidad que no podía ocultar, sentía miedo de leer la carta. Todo parecía indicar que era un adiós por cómo se habían dado las cosas. Pero esta carta, quizás podía cambiarlo todo.