Kendra Son las tres de la mañana y el insomnio no me deja descansar, aunque no precisamente el normal, sino uno en especial, ese que viste con sotana, es ardiente, sexi, varonil y un sin números de cualidades que posee. Aún siento sus labios acariciando los míos con deleite, su barba a medio crecer raspando como lija mi piel dejando en ella un escozor delicioso, quedándose grabado en mí, su aliento mezclándose con el mío y su lengua asaltar mi boca. Me estremezco por completo al recordar olor invadiendo mis fosas nasales, su respiración agitada confrontando la mía. De tan solo acordarme de ese momento tan íntimo, tan nuestro me hace desearlo, anhelarlo y añorar algo que no es permitido. Jadeo bajito al llevar mis manos a mi pecho, me abrazo a mí misma, dándome el consuelo que debería dar

