MARISOL
Cuando me desperté, unos ojos verdes se encontraron con los míos. Logan ya estaba despierto, mirándome mientras dormía.
—Buenos días, bella durmiente—, dijo con una gran sonrisa en la cara. Me reí mientras me cubría la cara con las manos.
—Buenos días—, dije mientras él me acercaba a su cuerpo. —Veo que has dormido muy bien esta noche.
—Sí, después de meses—, dije mientras le ponía la mano en la mejilla.
Le di un suave beso en los labios, que él me devolvió con pasión. Sonreí mientras me apartaba.
—No—, se quejó cuando me giré para coger mi teléfono.
—J0der. Deberías irte, mi tío va a llegar a casa en cualquier momento.
—¿Qué? ¿Tan temprano?
—Sí, tenemos una cena especial esta noche y va a llegar antes—. Suspiró mientras se levantaba de la cama y se ponía los zapatos. Lo acompañé a la puerta.
—¿Cuándo podré volver a verte?—, dijo antes de salir.
—El lunes, supongo.
—¿Te refieres a en el colegio?
—Sí, lo siento. Este fin de semana estoy muy ocupada.
—No pasa nada. Nos vemos el lunes—, dijo mientras me acariciaba la mejilla.
—Hasta entonces—, le dije, y él me dio un beso en los labios antes de marcharse.
Poco después, mi tío llegó a casa y fue entonces cuando me entró la ansiedad. Fui a mi habitación y me senté a hacer los deberes. Estudié durante cuatro horas antes de salir a dar un paseo para calmar mi nerviosismo. Todo iba a salir bien. Pero tenía un grave problema con Logan a mi lado. Tenía que decírselo pronto, pero no sabía cómo. Tenía que hacerlo antes de que todo esto empezara.
Eché un vistazo rápido al reloj y vi que solo quedaban dos horas para la cena. Me levanté y me di una ducha. Mientras me duchaba, no pude contener las lágrimas. Empecé a llorar mientras el agua caía sobre mí. Toda esta situación me estresaba y lo que estaba pasando con Logan tampoco ayudaba. Me lavé, salí y me preparé para la cena, intentando no llorar cada dos segundos. Me maquillé y me peiné.
Me puse unos anillos y unos pendientes de aro antes de ponerme un poco de perfume. Elegí unos zapatos de tacón y me miré en el espejo. Estaba realmente guapa. Si esto no iba a impresionar a esa gente de la alta costura, entonces no sabía qué otra cosa lo haría. No había hablado con nadie en todo el día. Solo quería estar tranquila.
Un golpe en la puerta me sacó de mis pensamientos. La puerta se abrió y era Fernando, que estaba allí de pie, sonriéndome con esperanza antes de mirarme de arriba abajo.
—¿Estás loca? ¿Estás intentando que ese chico se enamore de ti?—, dijo enfadado.
Puse los ojos en blanco y, cuando iba a responder, entró mi tía.
—¡Vaya, chica, estás increíble!—, dijo mientras me acariciaba el pelo. Le di las gracias y sonreí, pero mi sonrisa se desvaneció rápidamente cuando vi la cara de Fernando. —Nos vamos en cinco minutos. Te esperamos abajo—, dijo y se marchó corriendo. Fernando cerró la puerta y fue entonces cuando me di cuenta de que llevaba un traje.
—Ten cuidado, Sol. No hay forma de salir de esto, pero no te metas demasiado en esta mi3rda—, dijo mientras me daba un suave beso en la frente.
—Lo haré lo mejor posible—, dije mientras le sonreía débilmente. Se marchó y yo cogí mi abrigo y lo seguí abajo.
*
TOM
Me desperté a las 9 de la mañana y seguí mi rutina habitual antes de empezar a trabajar desde casa. Tenía la cabeza hecha un lío. Mientras trabajaba, no dejaba de pensar en la cena de esa noche. Tenía que asistir y mostrarme encantador. Sentía mucha curiosidad por esa chica. ¿Quién era y qué pensaba de todo esto? Quizá pudiéramos llegar a un acuerdo.
¿Cuáles son sus planes para el futuro? Ayudaré a ambos a salir de esta mi3rda. Trabajé sin permitir que ningún pensamiento me distrajera. Después de siete horas de trabajo, decidí dar un paseo por la playa con Sassi antes de prepararme para esta noche. Me quedaban tres horas. Iban a pasar muy rápido.
Tenía cinco minutos para salir de casa cuando terminé de prepararme. Toda mi familia ya me estaba esperando abajo cuando estuve listo para salir.
—¡Tom!—, gritó mi pequeña sobrina mientras corría a mis brazos.
—¿Cómo está mi pequeña?—. Le pregunté y me arrodillé a su lado mientras levantaba la cabeza hacia mis hermanos, que ya estaban casados y estaban allí de pie. —No sabía que ustedes también iban a venir—, dije mientras cogía a mi sobrina en brazos.
—No nos lo íbamos a perder—, dijo mi hermana mientras me abrazaba.
—Esto es una mi3rda —, dije mientras la saludaba a ella y a mi hermano.
—Sácale el máximo partido. Oriana y yo también tuvimos un matrimonio concertado. Ella era incluso nueve años más joven que yo, pero ahora míranos. Soy más feliz de lo que jamás hubiera imaginado—, dijo tratando de animarme. Iba a responder, pero mi padre me interrumpió.
—Vamos todos. Llegar tarde no nos conviene—, dijo mientras salía por la puerta. Lo seguimos y nos subimos a nuestros coches.
Cuando llegamos al restaurante que mi padre había reservado para nosotros, la familia ya estaba sentada a la mesa, claramente demasiado pronto. Mis ojos buscaban a la chica, pero no la veía por ninguna parte.
—Hola a todos—, dijo mi padre alegremente y saludó a todos. Me presenté y les estreché la mano. Me senté justo al lado de un asiento vacío donde colgaba un abrigo n***o. Supongo que la chica se sentará a mi lado.
—Marisol ha ido al baño, vendrá en un momento—, dijo la mujer. Supongo que era su tía. Asentí con la cabeza y observé cómo todos entablaban conversación.
Mientras mis ojos recorrían la sala, se fijaron en una mujer con un vestido n***o. Era alta y delgada. Su pequeña cintura y su trasero redondeado quedaban perfectamente realzados por su ajustado vestido n***o. Su largo cabello oscuro era ondulado y rebotaba con cada paso que daba. Su rostro era increíblemente hermoso. Sus labios carnosos y su pequeña nariz llamaron mi atención. Sus pómulos sobresalían y parecían más afilados que un cuchillo. Si no estuviera aquí por los motivos que me traen, me la llevaría conmigo. Observé cómo la chica se acercaba lentamente a nuestra mesa sin siquiera mirarme. Sonrió al ponerse delante de la mesa.
—Hola—, dijo.
—Oh, chicos, esta es nuestra sobrina Marisol—, dijo Alexander, y se me cortó la respiración. ¿Era esta la chica de la que hablaban? Estrechó la mano a todos y, por último, sus hermosos ojos color miel se encontraron con los míos.
—Marisol—, dijo mientras me daba la mano.
—Tom—, dije sonriéndole.
—Encantada de conocerte, Tom.
—Encantada de conocerte también—, dije mientras ella se sentaba a mi lado. Estoy impactado. Respiré hondo hasta que mi sobrina me llamó. Mi hermana me la entregó y la senté en mi regazo.
—Hola. Soy Carla—, le dijo a Marisol.
Ella sonrió a Carla y le dio la mano.
—Encantada de conocerte, Carla. Soy Marisol, pero también puedes llamarme Sol—, dijo mientras le estrechaba la manita.
—¿Te vas a casar con mi tío?—, preguntó Carla. Le tapé la boca mientras miraba al otro lado de la mesa, contenta de ver a todos inmersos en profundas conversaciones. Miré a Sol, que me observaba con los ojos muy abiertos.
—Carla, cariño, no puedes preguntar cosas así—, le dije mientras le quitaba la mano de la boca. —Lo siento—, le dije a Sol.
—No pasa nada. Solo es una niña—, dijo, y le sonrió a Carla.
—Está guapísima, ¿verdad?—, dijo Carla mientras me miraba al final de la frase. Me reí nerviosamente. ¿Por qué me ponía nervioso?
Nunca había tenido problemas para halagar a las mujeres.
—Ah, sí, está estupenda—, dije mientras sonreía a Sol.
—Gracias. Ustedes también están estupendos—, respondió mientras le hacía una mueca a Carla.
Entonces me di cuenta de que ni siquiera me estaba prestando atención. Llevaba todo el rato mirando a Carla. Normalmente, las mujeres se enamoran de mí. Ella ni siquiera me mira. Esto iba a ser divertido.