MARISOL
Cuando volví del baño, donde luché contra mi ansiedad, regresé a la mesa y vi que todos estaban ya sentados. Los saludé y, por último, a Tom, que no podía apartar los ojos de mí. Tenía un cuerpo atlético y ojos marrones con un toque de verde. Llevaba un traje n***o con una camisa blanca abotonada. Creo que es muy alto, ya que el asiento parecía muy pequeño debajo de él. Tenía un cabello bonito y un rostro limpio con una barba ligera y unos labios bonitos. Su mandíbula era afilada, al igual que sus pómulos.
Me sorprendí a mí misma tratando de evitar su mirada tanto como pudiera, pero sentí que me quemaba. Me miraba fijamente. Su pequeña sobrina se unió a nosotros más tarde y empezó a hacer la situación aún más incómoda de lo que ya era. Sin embargo, no me importó, solo era una niña y, en cierto modo, alivió la tensión entre él y yo.
—Entonces, Marisol, ¿a qué te dedicas actualmente?
—Pronto tendré los exámenes finales del instituto, así que, sinceramente, solo estoy estudiando.
—¿Qué planes tienes para después?—, preguntó mientras daba un sorbo a su bebida.
—Quiero estudiar medicina y ser doctora—, respondí. Abrió mucho los ojos y me preguntó impresionado:
—¿Eres tan buena?—. Yo me reí.
—No soy la mejor, pero soy bastante buena—, le respondí. Él sonrió suavemente antes de que el camarero llegara con los menús que nos habían preparado.
Comimos y charlé un poco con su familia mientras él hablaba con la mía. Parecía muy simpático y tranquilo. Sin embargo, su mirada seguía poniéndome nerviosa. Charlamos un rato antes de que sus padres aparecieran con dos cajas de anillos. ¿Nos vamos a comprometer? Él me miró tan sorprendido como yo a él y ambos nos levantamos cuando su padre nos lo pidió.
—Este anillo simbolizará su alianza hasta la boda—, dijo mientras abría las cajas. —Tom, coge la mano de tu prometida y ponle el anillo en el dedo, y Marisol, tú haz lo mismo con él—, dijo, y nosotros hicimos lo que nos pidió. Él me tomó la mano e instantáneamente sentí un cosquilleo bajo su tacto. Nuestras pieles se fundieron y él me miró a los ojos antes de ponerme el anillo en el dedo. Yo hice lo mismo y todos aplaudieron mientras nos sentábamos de nuevo. Mi cara se sonrojó y mi corazón latía con fuerza mientras sonreía.
Después de cenar, nos quedamos allí sentados charlando. La verdad es que lo estaba pasando muy bien y me gustaba mucho su familia. Todos eran muy simpáticos y tranquilos. Su madre me habló de las universidades con las que está en contacto y me dijo que podía conseguirme una plaza allí. Nunca había sido tan feliz en los últimos seis meses. Todo mi esfuerzo iba a dar sus frutos.
Lo único malo era esta situación del matrimonio. Tom volvió su mirada hacia mí cuando terminó de hablar con mi primo.
—Marisol, ¿qué te parece si mañana vamos a tomar un café? Te recogeré y podremos hablar tranquilamente—, dijo mientras miraba por encima del hombro a su familia, lo que me hizo reír.
—¿Por qué no?
—Genial, te recogeré a las 3 de la tarde—, dijo y me sonrió.
—Genial—, dije y lo vi acomodarse en su asiento.
Su rodilla ahora tocaba mi muslo y mi piel comenzó a arder bajo su contacto. Automáticamente aparté mi rodilla, tratando de calmar mi nerviosismo. Hice todo lo posible por no mostrar el efecto que tenía en mí. Ignoré su mirada y miré a Fernando, que ya nos observaba desde el otro lado de la mesa. Mi corazón volvió a acelerarse cuando pensé en Logan. ¿Es egoísta por mi parte darle esperanzas sobre nosotros cuando sé que no va a funcionar? Tengo que decírselo lo antes posible. O simplemente terminar con esto. No quiero arriesgarme a que se lo cuente a otras personas. Podría meter a mi familia en problemas.
Observé cómo Tom jugaba con su sobrina. Era tan bueno con ella. Su personalidad madura y encantadora era muy agradable. Sus hombros anchos y musculosos le quedaban perfectamente. Pero la diferencia de edad entre nosotros me daba escalofríos. Me pilló mirándolo, así que le sonreí antes de apartar la mirada para que no se volviera incómodo.
No se me escapó la sonrisa burlona de su rostro cuando volví a mirar a Fernando.
—Tom y Marisol, ¿por qué no salen y pasan un rato juntos? Solo ustedes dos—, dijo mi tía mientras miraba a mis primos al final de la frase, que estaban listos para protestar.
—Es una idea excelente, hay bares estupendos por aquí—, coincidió su padre.
Miré a Tom, que ya tenía los ojos puestos en mí. Buscaba una respuesta en mi rostro, así que asentí suavemente.
—Claro, ¿por qué no?—, dijo y se levantó.
Me levanté, me puse el abrigo y salimos del restaurante. Lo seguí hasta su coche y volví a recordar lo rico que era. No me interesan mucho los coches, pero el suyo era impresionante. Me abrió la puerta del coche y le sonreí.
—Gracias—, le dije.
—No hay de qué—, respondió y cerró la puerta. Durante el trayecto no dijimos ni una palabra, lo que dejó un silencio incómodo en el aire. Me miró un par de veces antes de romper el silencio.
—¿Qué haces cuando no estás estudiando, Sol?—, me preguntó.
—Paso tiempo con mis amigos y mi familia. O simplemente no hago nada y veo Netflix. También hago ejercicio bastante a menudo. No tanto como antes, pero aún así, ¿y tú?—, le dije y le miré a la cara sonriente.
—Interesante. Yo también hago mucho ejercicio, salgo con amigos o paso tiempo en la playa—, dijo.
—Qué bien—. Tenía sentido que hiciera mucho ejercicio. Parece que hubiera nacido en el gimnasio.
Después de un rato conduciendo, finalmente llegamos al bar. Me ayudó a salir del coche y le entregó las llaves al empleado. Me puso la mano en la espalda mientras me acompañaba a una bonita mesa en la planta 15 con vistas a la ciudad.
—Vaya... es precioso—, dije mientras me sentaba con la mirada fija en las vistas.
—Lo es—, dijo mientras se sentaba frente a mí. Pedimos unas bebidas y empezamos a conversar. —Supongo que ya sabes por qué nos han presentado...—, dijo esperando mi respuesta. Solo asentí con la cabeza mientras miraba hacia abajo.
—¿Qué opinas al respecto? Cuéntame todo y sé sincera. No hay nada de qué avergonzarse—, dijo.
—Sinceramente, no lo sé. Soy muy joven y siempre he soñado con ir a la universidad. Nunca pensé en casarme antes de eso. Mi prioridad siempre ha sido los estudios y mi futura carrera... Sinceramente, tampoco sé cómo se supone que esto me va a hacer feliz. Pensaba que uno se casaba porque se enamoraba. No por obligación. Pero esto es una obligación, ni siquiera tengo otra opción. No me malinterpretes, no tiene nada que ver contigo. Eres un hombre agradable y encantador, pero toda esta situación es muy difícil—, le dije sin poder mirarle a los ojos.
—Lo entiendo. Estamos en el mismo barco. Yo estoy tan obligado como tú. Nos vamos a casar muy pronto y se me ha ocurrido algo—, dijo mientras yo le miraba con curiosidad.
—¿Qué es?
—Haremos un acuerdo. Un contrato con nuestros deseos en el matrimonio. Entonces estaremos casados durante un tiempo y nos divorciaremos al cabo de un par de meses—, dijo sin apartar los ojos de los míos. La idea no era tan mala.
—¿Estás seguro de que funcionará?—, pregunté incrédula.
—Al 100 %.
—Bien. Suena bien.
—Genial, haremos el contrato mañana, si te parece bien.
—Sí, perfecto—, dije sonriendo.
Nos sentamos allí y no hablamos mucho. Bebimos nuestros cócteles y pronto nos fuimos. Me llevó de vuelta a casa y durante el trayecto ni siquiera me miró.
—Buenas noches. Hasta mañana—, dijo antes de que abriera la puerta del coche para salir.
—Buenas noches—, dije sonriendo y cerré la puerta del coche.
Cabr0n. De repente se ha vuelto frío e indiferente. Cuando entré, todos me estaban esperando en la sala de estar.
—¿Y cómo estuvo?—, preguntó mi tía emocionada.
—Estuvo bien. Parece ser una persona muy agradable.
—¿Ves? Te lo dije—, dijo mi tío y vino a abrazarme. —Sabía que nunca nos decepcionarías—, dijo mientras me abrazaba.
Mis pensamientos se dirigieron directamente a Logan y al contrato. Realmente lo arruiné.
—Estoy muy cansada. Me voy a dormir. Buenas noches a todos—, dije sin mirar siquiera a mis primos, solo a mi tía y mi tío.