Capítulo 11: Borrachera

2291 Palabras
ZOE Sábado. Ese día me levanté bastante tarde, alrededor de las once de la mañana, ya que era fin de semana y no tenía que trabajar. Sin embargo, no podía pasar todo el día en la cama, porque tenía que preparar la sorpresa de cumpleaños para mi amiga Emma. Aunque su cumpleaños era hoy, aún no le había hecho ni dicho nada; mi plan era sorprenderla haciéndole creer que lo había olvidado y luego revelarle la fiesta que había preparado. — Hola, ¿Jacob? Jacob: — Sí, ¿quién es? — Soy Zoe, la amiga de Emma Jacob: — ¡Ah! ¿Qué tal? — Bien, gracias. Oye, ¿tú tenías algo planeado para el cumpleaños de Emma? Jacob: — Pues la iba a invitar a cenar — Es que yo quería hacerle una fiesta Jacob: — Vale — Tenía pensado reservar una sala y organizar la fiesta allí Jacob: — Está bien, ¿hoy por la noche? — Sí, alrededor de las nueve Jacob: — Okay, ¿y ella no sabe nada, verdad? — No, será toda una sorpresa. Tú puedes llevarla al lugar y decirle que van a cenar a un restaurante, no menciones la fiesta Jacob: — Perfecto, ¿me puedes hacer un favor? — Claro Jacob: — Pensaba en adoptar un perro. A Emma le gustan mucho, y tengo un primo que me ayudará a encontrar uno. ¿Puedes quedar con él e ir a ver al perro? — Está bien Jacob: — Te enviaré la dirección del lugar, él trabaja allí también — Muy bien Jacob: — Gracias — Nos vemos luego Jacob: — Adiós Después de la llamada, organicé todo para la fiesta. Hablé con un amigo DJ y confirmé su asistencia. Ahora, solo me faltaba alquilar una sala. 17:00 p.m. — Hola, amiga Emma: — Hola — ¿Qué tal? Emma: — Mmm, bien… ¿No me dirás nada? — preguntó emocionada. — Em… No — respondí y ella se quedó en silencio. Emma: — Bueno… ¿Nos vemos hoy? — No, estaré ocupada. Por cierto, ¿tu color favorito es el marrón, verdad? Emma: — Sí, ¿por qué lo preguntas? — No, nada Emma: — Ajá… — Bueno, cuelgo y nos vemos otro día Emma: — Vale Colgué y tomé un bolso de color marrón. Era uno que a Emma le encantaba, pero en su momento era demasiado caro, así que no lo compró. A pesar de eso, ahora tenía un gran descuento y yo pude comprarlo. Ese sería mi regalo de cumpleaños para ella. Luego, me dirigí al lugar donde Jacob me indicó que podría adoptar un perro. Un chico llamado Dany, el primo de Jacob, me recibió. Era alto, de ojos cafés y tenía una personalidad encantadora. — Me dijo Jacob que trabajas aquí Dany: — Sí, en esta protectora de animales. Mira, este es el cachorro Dany sacó a un cachorro de bichón maltés de la jaula y me lo dio. Era blanco y peludo, realmente adorable. — ¡Ay! Es tierno Dany: — Es una perrita muy linda. Cuando llegó aquí era pequeña y ahora ha crecido. Tuvo una vida difícil, pero finalmente superó su miedo a los humanos — Supongo que muchos de los animales aquí pasaron por experiencias similares Dany: — Algunos, otros, simplemente fueron abandonados en la calle — Qué tristeza… Dany: — Sí, la gente puede ser cruel — Bastante. Al menos ustedes hacen un buen trabajo cuidándolos Dany: — Es lo que estos animales merecen, ninguno debería sufrir — Tienes razón — respondí y él sonrió. Por cierto, ¿vendrás a la fiesta? Dany: — ¿Qué fiesta? — ¿Jacob no te lo dijo? Dany: — ¿La de Emma? — Sí Dany: — No, porque no estoy invitado — Sí, estás invitado Dany: — ¿Por qué lo dices? — Porque yo la organicé, así que estás invitado Dany: — Vale, ¿y a qué hora es? — A las nueve. ¿Vendrás? Dany: — Pues salgo del trabajo a las siete, después iré a casa a ducharme y podré llegar a tiempo — Está bien Dany: — ¿Dónde será? — Te enviaré la dirección más tarde Dany: — Vale, gracias. Vamos, te llevo a la salida Dany puso al cachorro en una jaula, y así pude llevarlo a casa. La perrita era hermosa, y estaba segura de que a Emma le encantaría. 21:14 p.m. — ¡Feliz cumpleaños! — exclamé con entusiasmo cuando vi a Emma entrar al local, lo que la hizo saltar de sorpresa. Emma: — ¡¿Qué!? — dijo, sobresaltada. Voces: — ¡Felicidades! Emma: — ¡Ayyyyyy! Se cubrió la boca con las manos y saltó de emoción. Emma era fanática de las sorpresas y las fiestas, por lo que la nuestra no fue excepción. Emma: — ¡Gracias! Jacob: — Fue idea de Zoe Emma: — ¿¡En serio!? — Sí Emma: — Gracias, amiga, te quiero — Yo también te quiero Emma se acercó para abrazarme, y luego todos los quince invitados presentes en la fiesta se unieron para felicitarla. Emma: — Muchísimas gracias, no me lo esperaba — No hay de qué. Feliz cumpleaños Emma: — Te agradezco un montón — Lo sé, ¡ah! Ten, este es mi regalo Emma: — ¡Oh! Es… ¡Ay! Es el bolso que me gusta — Sí Emma: — ¡Gracias! — Y eso no es todo, Jacob también tiene un regalo Emma: — Cariño, ¿qué me hiciste? Jacob: — Ten — dijo y sacó a la perrita de la jaula. La expresión de Emma se iluminó al ver a la perrita. En ese momento, sentí una gran alegría, verla tan contenta me llenaba de felicidad. Emma: — Es muy linda, gracias, chicos Jacob: — No hay de qué Dany: — Me la llevaré a mi casa, y ahí se quedará hasta que acabe la fiesta. Mi madre estará con ella Emma: — ¡Ay! Cosita bella. Te veo después Dany se llevó a la perrita, ya que no podíamos tenerla en medio de la fiesta ruidosa. Afortunadamente, él vivía cerca del local que habíamos alquilado para la fiesta, por lo que la perrita estaría en un lugar seguro. 23:36 p.m. La fiesta continuaba en pleno apogeo. La música mezclada por mi amigo DJ llenaba el ambiente, y todos los invitados, amigos y conocidos nuestros, contribuían a mantener la energía en alto. Mientras tanto, yo bailaba junto a Dany, pero cuando me empecé a sentir cansada decidí irme. — Dany, ya me voy Dany: — ¿Qué? — Que ya me voy. Ya es muy tarde Dany: — ¿Quieres que te lleve a casa? — No, me iré sola Dany: — ¿Estás segura? — Sí, no estoy tan borracha Dany: — Insisto, te llevo — Está bien Dany se ofreció a llevarme a casa, que estaba a unos veinte minutos en coche desde donde estábamos. Él no había bebido y estaba en condiciones de conducir, a diferencia de mí, que estaba bastante ebria. Entonces, tenía la intención de despedirme de Emma, pero la vi que estaba disfrutando de la fiesta con Jacob, así que decidí no interrumpirlos para despedirme y me marché sin decir nada. Unos minutos después, llegamos a mi casa. — Déjame aquí Dany: — De acuerdo — Gracias por traerme Dany: — No hay de qué — Ha sido un placer conocerte Dany: — Igualmente, chao — Adiós Me bajé de su auto, y él se fue. Le había pedido que me dejara a dos cuadras de mi casa, ya que quería hacer una parada en el supermercado, que era el único abierto a esas horas debido a su horario 24/7. El alcohol de la fiesta me había abierto el apetito, así que caminé hacia el supermercado y compré un trozo de pizza, que era preparada allí mismo. Me lo comí rápidamente y luego me dirigí a casa. A pesar de la hora que era, todavía había algunas personas en las calles, por lo que traté de caminar en línea recta, a pesar de que la borrachera me afectaba. Quería aparentar estar sobria para evitar problemas, como que alguien intentara robarme en mi estado. En eso que cruzaba un paso de cebra, un auto se detuvo de repente, y ese instante me dieron ganas de mandar a la mierda a quien fuese que condujera el auto, porque no se dio cuenta de mi presencia. ¡El imbécil casi me atropellaba! Total que seguí mi camino e ignoré a ese hombre porque no tenía ganas de discutir, lo único que quería era llegar a mi casa. De modo que, me faltaba poco para llegar y vi que el mismo auto que me quería atropellar, empezó a ir lento, como siguiéndome, hasta que se estacionó justo detrás de mí. Dante: — ¿Zoe? — ¿Eh? Me giré y me di cuenta de que el conductor del auto era Dante. ¿Dante me quería atropellar? Dante: — ¿Qué haces? Ven, sube Abrí los ojos como platos para verle bien y me di cuenta de que efectivamente era él. Pensaba que el alcohol me había hecho imaginar su presencia, pero no, era real. — Ya me voy para mi casa Dante: — ¿Está cerca? — Sí, ahí en la esquina Dante estacionó el auto, después se bajó y noté que andaba vestido de traje. Dante: — ¿Qué haces a esta hora por aquí? — Vengo de una fiesta Dante: — ¿Estás borracha? — No — respondí y casi me caía porque no me pude mantener tanto tiempo en el mismo lugar. El alcohol cada vez más hacía efecto. Dante: — Vamos a tu casa Dante me cargó en sus brazos, y yo no me resistí. ¿Todo esto era cierto o no? ¿Dante me llevaba en sus brazos? Parecía un sueño porque en la vida real eso nunca hubiera pasado. Él era mi jefe y no haría eso ¿o sí? Nah! Seguramente era otro de mis sueños. Lo más probable era que estaba dormida y que estuviera soñando todo eso, así que me dejé llevar para ver lo que pasaba después. Al fin y al cabo no era la primera vez que soñaba con Dante y tener otro sueño en que se apareciera ya era común para mí. Llegamos a mi departamento, subimos las escaleras y entramos en mi casa. Dante: — Deberías ser más cuidadosa estando en este estado — ¿En qué estado? — pregunté y él me dejó en el sofá. Dante: — Estando ebria — ¿Borracha? No, no estoy borracha Dante: — Sí, lo estás — No, de lo contrario, no podría hacer esto. Mira Me puse de pie e intenté sostenerme con un pie, como si fuera un flamenco, pero no funcionó porque en seguida me fui hacia abajo. Dante: — Ves, estás ebria — Bueno, tal vez un poco — admití y me volví a sentar en el sofá. Luego lo miré, él estaba de pie frente a mí, con las manos en los bolsillos. — ¿Qué haces por aquí? Dante: — Hace un rato salí de una cena con algunos empresarios cerca de aquí — No sabía que querías atropellarme — bromeé. Dante: — Lo siento, no te vi — dijo y en ese momento, mirando su perfecto rostro, me dieron ganas de besarle. Él se veía divino, perfecto, todo una belleza de hombre. — ¡Ay! — exclamé con un suspiro, riéndome sin ninguna razón. — ¿Sabes qué? Dante: — ¿Qué? — Ven, siéntate Dante: — ¿Qué sucede? — Primero, toma asiento Dante: — Dime — Si no te sientas, no te lo diré Dante: — Dímelo — Si no te sientas no te lo diré — insistí y lo convencí para que se sentara en el sofá junto a mí. Dante: — Dime — Que… Estás muy guapo — respondí y él solo me miró fijamente. Dante: — El alcohol te está haciendo efecto — No, en serio. Eres… guapísimo — mencioné, ya que estaba en un sueño y podía decir cualquier cosa sin consecuencias, porque en la vida real, no le iba a decir eso a Dante. No me atrevería, ¡ni loca! Dante: — Te dejaré descansar, yo ya me voy — No, no te vayas, ¿por qué no te quedas? Dante: — No — ¿Y tú qué piensas de mí? ¿Soy guapa? — pregunté y él arqueó una ceja y sonrió. — Verdad que sí... ¿Qué piensas? Dante: — Aunque quisiera, no puedo dar mi opinión sobre eso, señorita Carrasco — Qué mala suerte, pero ¿sabes qué? Dante: — Dime — Que… Empecé a decir y me acerqué a él, poniéndome a su lado izquierdo. — ¿Sabes qué me gusta? Dante: — No sé — Cuando me dices “señorita”, me da algo, no sé qué Dante solo me miraba, no como siempre, inexpresivo, sino de otra manera, como atento y curioso. Dante: — ¿Ah sí? — Sí, muchísimo — respondí riendo y me mordí el labio inferior, acto que llamó su atención. Dante: — Tengo que irme — Vale… Dante: — El lunes la veo en la oficina señorita Carrasco — ¡Uf! Me sigues diciendo así y no te imaginas cómo acabaría… Dante: — Me gustaría descubrirlo otro día — dijo sonando muy convencido, cosa que me dejó atónita e hizo que mi intimidad se contrajera. ¡Vaya! Ese sueño sí que parecía demasiado real. Finalmente, Dante salió de mi departamento y yo me quedé con ganas de hacer algo más. Había tenido mala suerte porque mi sueño no había acabado con un final feliz.
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