ZOE
Viernes, 11:16 a.m.
Era el último día de trabajo, ya que nos íbamos de vacaciones. El verano estaba comenzando, y la empresa cerraría durante dos meses; era el momento de relajarse y olvidarse del trabajo. Sin embargo, no había visto al señor Grimaldi, parecía que no había venido a trabajar o quizás estaba en una reunión de la que no tenía conocimiento.
Recogí mis pertenencias más importantes de la oficina y me dirigí a la recepción.
Ximena: — Hola, ¿cómo estás?
— Bien, ¿y tú?
Ximena: — Ansiosa por el viaje
— ¿A dónde vas?
Ximena: — A Bali, Marcus lo eligió
— mencionó, y me alegré por ella.
Hacía una semana que eran novios, y finalmente habían expresado sus sentimientos.
Sinceramente, me alegraba por ellos porque se les veía felices y se veían bien juntos.
— ¡Qué genial!
Ximena: — Tú vas a Cancún, ¿tienes otros planes?
— No, solo estaré en Cancún. Por cierto, ¿tienes mi boleto de avión?
Ximena: — Sí, ya lo compré
Ella me entregó el boleto, ya que le había pedido que lo adquiriera por mí, porque en los últimos días no tenía tiempo para hacerlo yo misma.
— Gracias
Ximena: — De nada. Disfruta tu tiempo en Cancún
— Igualmente, disfruta Bali
Ximena: — Gracias
Le sonreí y luego fui al estacionamiento para subir a mi automóvil. Mientras tanto, me preguntaba qué estaría haciendo Dante. Normalmente, era yo quien compraba sus boletos de avión y reservaba sus hoteles para sus viajes. No obstante, esta vez no lo había hecho, lo que me hacía pensar que tal vez no tenía planes de viajar, aunque eso sería inusual. En cualquier caso, ya no era mi responsabilidad. Si él quería algo, tendría que pedírmelo; no iba a adivinar sus deseos.
21:33 p.m.
— ¿Vamos a bailar?
Emma: — Claro. Llamaré a Jacob para que nos acompañe
— Vale, yo también llamaré a alguien
Emma: — ¡Uy! ¿A quién?
— A Richard
Emma: — ¿No que no te gustaba?
— No lo sé, pero quiero salir.
Le daré una oportunidad
Emma: — ¡Así me gusta!
Las dos nos arreglamos y fuimos a una discoteca, donde coincidimos con Jacob y Richard.
Richard: — Hola
— Hola
Los cuatro entramos a la discoteca, y mientras Emma y Jacob se dirigieron a la pista de baile, Richard y yo nos quedamos en la barra tomando una cerveza.
Richard: — Hace tiempo que no te veía
— Sí, ¿cómo has estado?
Richard: — Bien, ¿y tú?
— Igual que tú. Por cierto, ¿ya no trabajas en el restaurante que está frente a mi trabajo?
Richard: — No, lo dejé. Me trasladaron a uno más lejano del centro de la ciudad
— Ah, entiendo
Richard: — ¿Por qué lo preguntas? ¿Extrañabas verme ahí? — preguntó intentando parecer coqueto y en ese instante recordé a Dante.
En realidad, la manera de Richard para parecer interesante no se compraba en absoluto con la de Dante.
Mi jefe era una bestia en ese aspecto y si se trataba de seducción… ¡Uf! Mejor ni hablar.
— Tal vez — respondí y lo miré a los ojos.
Él sonrió de lado y tomó un trago de su cerveza. En ese momento, sentí la necesidad de alejar de mi mente cualquier pensamiento sobre volver con Dante. Además, estaba interesada en conocer mejor a Richard.
Quién sabe, tal vez era el adecuado.
Y bueno, también quería estar con un chico para ver qué se sentía buscarse a alguien más sabiendo que ya tenía a uno.
Lo mismo que Dante me había hecho a mí con la mujer de Los Ángeles.
De alguna manera, sentía despecho y me lo quería sacar con Richard a modo de venganza.
Es cierto que Dante no lo sabría, pero yo sí así que eso era suficiente.
Richard: — ¿Bailamos?
— ¿Qué te parece si buscamos un lugar más privado? — pregunté, y él arqueó una cejas.
Richard: — ¿En serio lo dices?
— Sí, ¿por qué no?
Él sonrió nuevamente, y me acerqué a él. Le di un beso, que él aceptó gustoso. Puso sus manos en mi cintura, y continuamos besándonos.
Richard besaba bien, no estaba nada mal.
— Vamos, a tu departamento o al mío
Richard: — El mío está más cerca
— Entonces vamos
Sin más tiempo que esperar nos fuimos a su departamento y subimos hasta su habitación.
Él y yo estábamos muy calientes, posiblemente yo más que él, y no solo era por el hecho de estarnos besando y estar a punto de coger, sino porque el pensamiento de Dante que se me vino a la mente.
Pero tenía que sacarlo de mi mente. En ese momento no se podía pasar por mis pensamientos.
Entonces, me tiré sobre la cama y esperé a que Richard se pusiera el preservativo.
¡Demonios!
En ese instante otra vez pensé en Dante.
Recordé las veces en que lo habíamos hecho en su oficina... ¡Joder!
Quería que él fuese el tipo con quien estaba a punto de acostarme.
Finalmente, Richard se puso encima de mí, le dejé entrar y empezó todo.
Francamente, esa noche estuvo buena.
Richard sabía moverse y besaba muy rico, pero claro, comparado con Dante, que hacía sus cambios de ritmo, sus estocadas fuertes y profundas…
¡Maldita sea!
¿Por qué volvía a recordarle?
Ya por último, lo hicimos por varios minutos hasta que él acabó y yo no.
Aun estando excitada no alcancé a llegar y eso no significaba que el encuentro fuese malo, sino que más bien fue por los pensamientos que tenía sobre Dante.
Recordarlo solo me había hecho extrañarlo y querer volver a hablarle.
Tenía que aceptarlo, algo en mí ya se había aferrado a él y no solo porque echara de menos el plano s****l, sino también porque él me parecía buena persona.
Ya le llevaba conociendo más de un año y era un hombre trabajador, un poco malcriado, pero en el fondo era bueno y eso me gustaba.
Dante era un hombre que guardaba muchos secretos y que solo mostraba una parte de su ser y justamente eso, me creaba interés.
Sábado, 6:45 a.m.
A esa hora, llegué a mi casa. Había pasado la noche con Richard, y aunque me habría gustado pensar lo contrario, no podía engañarme a mí misma. Hasta que no lograra olvidar por completo a Dante, no podría estar con nadie más.
Emma: — ¿Zoe? Pensaba que estabas en tu habitación
— No, acabo de venir
Emma: — ¿De la casa de Richard, supongo?
— Sí
Emma: — ¿Y qué tal?
— Bien
Emma: — No te veo convencida — dijo y tomó un trago de un vaso que tenía en la mano.
— ¿Qué estás tomando?
Emma: — Café amargo para la resaca.
Estaba dormida, pero quería tomarme algo.
¿Entonces qué pasó con Richard?
— Estuvo bien… Pero no me olvido de Dante
Emma: — Te entiendo, un hombre como él es difícil de olvidar
— Ya…
Emma: — Bueno, al menos con el viaje a Cancún, tal vez te despejes de todo
— Ojalá, ¿ya hiciste la maleta?
Emma: — Sí
— Yo también, pero ahora iré a dormir.
Me duele la cabeza
Emma: — A mí también
Ella se metió en su habitación y yo en la mía.
Me di una ducha rápida y me metí en la cama.
Estaba agotada y quedé dormida muy rápido, ni cuenta me di.